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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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30 Septiembre 2019 04:01:00
Violentos ‘fifís’
Ya lo dijo el Presidente. En la manifestación de Ayotzinapa del 26 de septiembre, los encapuchados que hicieron pintas en monumentos históricos, destrozaron vidrieras de hoteles, restaurantes y comercios, prendieron fuego a la Librería Gandhi y arremetieron contra la puerta Mariana y los muros de Palacio Nacional, donde pintaron “Estado asesino”, “43” y la “A” encerrada en un círculo del anarquismo, no eran anarquistas.

“Ayer hubieron excesos –explicó AMLO al día siguiente–. Dicen algunos, y respeto desde luego, es un punto de vista, que son anarquistas. No, el anarquismo es un movimiento muy profundo en ideales, productivo, propositivo. No es anarquismo lo de ayer. Ahora sí que lo diga mi dedito. Esa es una variante del conservadurismo, de tantas variantes que tiene el conservadurismo. ‘magínense, ‘magínense, ¿cómo van a ser anarquistas los que destruyen una librería, o sea, eso no tiene que ver con el movimiento de izquierda, con el movimiento progresista. Eso se acerca más a otras cosas, al conservadurismo, que tiene varias manifestaciones, expresiones”.

Los conservadores prendieron fuego a la librería Gandhi coreando “Leer es de burgueses”. ¿Cómo podrían ser anarquistas?, si los anarquistas son gente buena como Ricardo Flores Magón, “un hombre con ideales, con principios, casi se quedó ciego de tanto leer y de mantener sus principios con dignidad. ¡Qué van a ser anarquistas esos que quieren quemar una biblioteca, perdón, una librería!” En redes sociales estos perversos conservadores afirmaban, incluso, que no hay nada de sagrado en una librería como Gandhi, porque es una empresa capitalista y explotadora.

Los conservadores volvieron al ataque el 28 de septiembre. Un grupo de ellos, o más bien de ellas, encapuchadas, participó en la manifestación para exigir la legalización del aborto. Estas conservadoras hicieron nuevamente pintas en monumentos y quemaron la puerta de la Cámara Nacional de Comercio de la CDMX. Pintarrajearon la Catedral y arro-jaron papel encendido al interior, el cual fue sofocado. Las encapuchadas coreaban lemas típicos conservadores como: “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios” o “Si no hay aborto legal, el desmadre que se va a armar”.

El progresista Gobierno de la CDMX resistió la tentación de usar la fuerza pública contra los conservadores. En la manifestación del 26 de septiembre los policías se mantuvieron a una prudente distancia y cuando los conservadores atacaban comercios y vandalizaban monumentos históricos les decían “¡Fuchi!” y “¡Guácala!” y les pedían que pensaran en sus mamacitas. Pero los conservadores, violentos y agresivos como son, no hacían caso. Unos comerciantes de las calles de Motolinía y 5 de Mayo sí tomaron palos y cerraron el paso a los conservadores, quienes se replegaron y se fueron a atacar otros objetivos.

Este 2 de octubre los conservadores “fifís” saldrán nuevamente a las calles para protestar por la matanza de Tlatelolco. El Gobierno recomienda a los comerciantes y a los monumentos que les griten “¡Fuchi!” y “¡Guácala!”, pero ahora con más fuerza, y que les recuerden que sus mamacitas los pueden dejar sin merendar si siguen haciendo desmanes.
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