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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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16 Septiembre 2018 04:00:00
¡Viva México, vivan mis padres!
Queridos amigos: Estoy más que feliz, llena de amor y agradecimiento, y muy bendecida, porque hoy, hace 57 años, se unieron por amor mis amados padres, y sí, viva México y todos los mexicanos que día con día hacemos algo a favor de nuestro país, sí, viva México, y viva todo aquel que se levanta a cada mañana, aunque se sienta mal, aunque haya fallecido su hijo, su madre, su padre, un hermano, o hermana; viva quien a pesar de los dolores físicos y anímicos sale a darle a cara a la vida a como venga, viva sí, a todos aquellos enfermos que positivamente con entereza enfrentan su condición, y ponen la mejor cara y van con la mejor actitud y positivismo que pueden. No se rajan, como dicen en mi pueblo, no nos rajamos, al contrario, “el más chimuelo masca rieles”, somos personas echadas pa’delante, no nos dejamos intimidar por las adversidades, somos entrones, difícilmente nos tumban, así estemos muriéndonos de dolor y se nos desgarre el alma, seguimos adelante, no importan las circunstancias.

Hemos salido de tragedias nacionales, como atentados, terremotos, pérdidas de patrimonios nacionales y familiares, y lo más preciado: vidas, todas valiosísimas. Pero siempre nos hemos levantado, ¿qué no? Y así en los matrimonios, al menos en los de antes, como el de mis padres, me enorgullece ser su hija, siempre he dicho que mis hermanos y yo somos privilegiados sin duda alguna, pues ellos sí han sido el uno para el otro, con principios y valores morales intachables, con un ejemplo vivo de ello a donde vayan; personas coherentes, respetables; admirados y respetados en todos los ámbitos, personas sencillas, altruistas, cultos, educados, amorosos, serviciales, administrados, con un excelente trato, empáticos, solidarios, honestados, honorables, serios, unidos, trabajadores, cuidadosos, abuelos consentidores, increíbles e incondicionales, dispuestos siempre, y juntos, bendito sea Dios, me han de disculpar por la poca modestia al describir tal cual han sido mis padres, y no hay una sola persona en el mundo que pudiera decir algo distinto. Han hecho un excelente trabajo sin duda en esta vida con su amada familia, que nos enorgullecemos de ser parte de esa gran riqueza de seres humanos que son. Dios no pudo darnos a mejores padres a mis hermanos y a una servidora, sin omitir los maravillosos abuelos que son. Ya me imagino la cara de mi papá cuando lea tanto halago, se sentirá incómodo seguramente, pero no me importa, ja, ja, ja, ya me conoce que, tratándose de mis padres, jamás terminaré de decirle a ellos y al mundo entero los ángeles divinos que son para todos. El día que Dios se acuerde de ellos, que espero falte mucho tiempo todavía, yo estaré tranquila y feliz porque todo el amor se los he dado en vida, porque el agradecimiento, besos, abrazos, flores, regalos, chocolates, viajes, alegrías, y lo mejor de mi vida, mis hijas, se los he dado; en vida hermano en vida, dicen por ahí. Pero también he sido la causante de gran dolor, por varios motivos, algunos de ustedes ya los conocen, y que más hubiera querido que jamás haberlos hecho llorar, preocuparse, enfermarse por circunstancias ajenas a ellos. Y sin embargo, siempre al pie del cañón. Quiero que lo sepan una vez más, en vida, cuánto los amo, cuánto agradezco infinito su amor, dedicación, ejemplo, ayuda en todos los momentos de nuestras vidas a mis hermanos, a mí y a nuestros hijos, sus nietos. Más a mí, sin duda, por las historias de vida. Vivan sí, mis padres y todos los que como ellos han vivido para sus familias, que han hecho todo por ellas, gracias a todos los padres y madres por tanto amor y esfuerzo. Cuántas cosas habrán pasado que no nos dimos cuenta. Gracias por ese trato amable y respetuoso. Gracias por enseñarme y cuidarme, por ayudarme cuando lo más lo he necesitado, es una bendición tenerlos. Son un gran ejemplo. Les pido perdón por lo que hubiera que hacerlo, me dejan un gran legado, han trascendido en nosotros y sus nietos, y seguro en tantas y tantas personas en su caminar, sus vecinos que tantos los aprecian, sus compañeros de trabajo, familia, en fin.

Muchas gracias por estos 57 años de darnos un hogar, un refugio para mis hijas y para mí, donde todo aquel que va solo ha recibido bondades. Dios los bendiga y que vivan más mexicanos como ustedes, sí, que viva México, por personas como ustedes. Y todo aquel que se desvive por nuestro México querido. Y ya les contaré si me regañaron por no ser tan humilde en mi expresión hacia ellos. Seguiré esforzándome para ser un poquito como ustedes, apenas les llego a los talones. Nos dejaron una gran tarea.

En nombre de Mirna, Elba, Jorge, Sergio, Thelma, Raúl, Arnoldo y todos los nietos, y bisnieto y medio, ja, ja, ja, todo nuestro amor.

Amigos queridos: Reciban un afectuoso abrazo, hasta la próxima, Diosito por delante.

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