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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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10 Octubre 2019 04:05:00
Viviendo con el agresor
El pasado 27 de septiembre del presente año las autoridades de la capital de Coahuila, recibieron una denuncia por un probable abuso sexual a un menor de edad de 3 años de edad en el Jardín de Niños Guadalupe Borja en Saltillo.

Las primeras informaciones se apuntaba el supuesto abuso con una “rama” dejándole heridas en el esfínter del menor y corroborado con un médico el abuso. Las autoridades de esta entidad y estatal tomaron cartas en el asunto inmediatamente y sin afirmar si se traba de dos compañeros de la misma escuela cometieron el abuso o no, encontraron durante la indagatoria un segundo caso de abuso sexual en la misma institución educativa abriendo nuevas líneas de investigación.

A sus 14 días desde la fecha de la denuncia de acuerdo a un periódico local se publica que las líneas de investigación arrojan como involucrados en uno de los casos de los abusos cometido por un maestro y el intendente del colegio, aunque todavía continua las investigaciones sin ser concluidas todavía con alguna sentencia.

Aunque todavía no se sabe las conclusiones de las investigaciones por parte de las autoridades de Coahuila de Zaragoza, existe todavía la hipótesis por parte de las familias afectadas que se trata de otros niños que están cometiendo dichas atrocidades siendo esta la motivación más grande por el cual ha causado ser una noticia que se ha manejado con objetividad en medios locales, así como nacionales.

Y es que de confirmarse esta primera versión o no, existe la impotencia por parte de la familia de los afectados por el supuesto abuso sexual del menor de edad, la impotencia de hacer justicia y como lo dijo una de las mamás afectadas “no puedo hacer justicia con mis propias manos...” puesto que se trata de un menor de edad, y aunque fuera bajo el marco de la Ley siempre será insuficiente cuando se trata de este tipo de actos. Pero tampoco será suficiente justicia en caso de tratarse de que los agresores sean adultos que laboran en la misma instalación.

Es más que evidente la falta de competencia por parte de los docentes y/o dirección general de esa institución educativa, la omisión cuando el menor de edad reportó cualquier tipo de agresión y ante este hecho personal que labora en ese jardín de niños le restó importancia ignorando y asumiendo por completo otra cosa en lugar de indagar más para llegar a la verdad.

Ahora solo queda en la conciencia de quienes estuvieron involucrados en poder haber atendido este caso en su momento en donde Dios no quiera que este mismo abuso le puede suceder a sus propios hijos de los docentes e incluso a familiares cercanos, pero eso será algo que tendrán que cargar dentro de su conciencia el resto de sus vidas, si es que realmente alguna vez lo han tenido, es decir, conciencia.

Pero no hay que dejar a un lado la hipótesis de que sean los mismos menores de edad haciendo ese tipo de abusos sexuales a otros compañeros porque estoy convencido de que no existe niño o niña alguno que nazca con pensamientos y acciones de maldad.

Aquí en este caso también se debería de resguardar a los supuestos niños agresores ya que como lo dije no nacen siendo malos sino todo tiene que ver en su entorno familiar y esto también pone en peligro a esos menores de haberlo visto en alguna parte o lo que es peor que también lo hayan sufrido en casas ya sea con algunos de sus padres, o familiares en donde esos menores de edad pudieran ser el resultado de ser víctimas alguna vez y ahora se convirtieron en agresores.

Dichos de gente de generaciones anteriores siempre decían los adultos o al menos las mamás de antes, “el diablo nunca duerme”, porque antes se tenía más cuidados o bien eran más precavidos que, aunque fueran sus propios padres o familiares cercanos porque nunca está demás ya que no se sabe si el agresor duerme bajo el mismo techo o lo que es peor en la misma cama. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018) http://www.intersip.org
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