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Guillermo Herrera Márquez
Guillermo Herrera Márquez
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17 Agosto 2013 03:00:06
Viviendo en pretérito
Una de las cosas que más nos cuesta a los seres humanos es aceptar los cambios que no da la vida, nos aferramos al pasado y a los malos hábitos a pesar de que dichas costumbres nos hayan provocado malos resultados.

La llamada “zona de confort” no es una zona de comodidad de manera implacable, ya que en muchas ocasiones dicha “zona” nos genera molestia, resentimientos y dolor, yo lo llamaría recorrer el camino y sentimientos conocidos, ya que preferimos pagar el costo de mantener una certidumbre que buscar nuevos horizontes desconocidos.

Para que una puerta se abra es necesario cerrar con seguro y poner candado a la anterior, ya que será imposible abrir una nueva si la anterior no se ha terminado de sellar.

Sin darnos cuenta muchos vivimos un mal llamado presente viviendo del pasado, mantenemos costumbres, ideologías y hasta objetos antiquísimos porque sentimos que nos dan identidad, cuando ocurre todo lo contrario, nos quitan una identidad actual y solamente reflejan lo que un día vivimos, lo que un día sentimos.

Si bien es cierto las fotografías nos ayudan a captar momentos irrepetibles de felicidad también se convierten en ladrones de felicidad ya que provocan melancolía y nostalgia por glorias pasadas, cuando éramos jóvenes, cuando nuestros hijos eran niños y lejos de causarnos una alegría provocan evocar episodios pasados que para algunos fueron mejores.

Miles de seres humanos deambulan por este mundo sin darse cuenta que dejaron de vivir hace 30 o 40 años, mantienen incluso la ropa de hace mucho tiempo, con los mismos colores y combinándolo con lo mismo que se hacía en aquella época; otros incluso mantienen o tratan de hacer el mismo peinado, a pesar de que sean anticuados se empeñan en sentir que sigue de moda, amparados por la moda “retro”.

Otros más se empeñan en mantener incluso objetos materiales y les asignan un valor inmaculado por ejemplo los automóviles, a los cuales les crean una personalidad que les hace recordar su época de juventud o bien cuando sus hijos eran pequeños y la familia completa utilizaba dicho vehículo.

Existen casas que son dignas de envidia para cualquier museo histórico, con muebles, fotografías, detalles y atmósferas que huelen a pasado, con cortinas que no dejan entrar la luz del presente, de la nueva circunstancia y no dejan renovar el aire que se respira.

La música nos guste o no también refleja lo que somos, quienes hemos sido y quienes seremos, existen radiodifusoras, programadores y personas del público en general que siempre escuchan éxitos del pasado, no se atreven a conocer nuevos cantantes, nuevos grupos y prefieren lo ya conocido, escuchando canciones que fueron o son bonitas pero siempre nos hacen recordar situaciones o personas que ya no son parte de nuestra vida.

En Saltillo se vive un fenómeno con reuniones de ex’s, personas que se reúnen a platicar glorias pasadas, invitan a la prensa para que fotografía esos momentos plagados de nostalgia donde por minutos se sienten de nueva cuenta alumnos e incluso invitan a docentes que les hacen recordar esos bellos tiempos del pasado.

No importa la edad que tengamos siempre seremos jóvenes si tenemos planes para el futuro, es bonito recordar los ayeres pero dejándolos sepultados en el pasado, es preciso disfrutar nuestro día con- día, con las personas que amamos y queremos y quienes forman parte de lo más bello que podemos disfrutar que es nuestro presente, con virtudes, defectos y problemas, pero que le dan sabor a la vida.
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