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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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16 Junio 2019 04:05:00
Vivir en el pasado
De regreso a Buenos Aires después de estar en México, un periodista preguntó a Jorge Luis Borges cómo había encontrado a nuestro país. El autor del Aleph respondió con una frase: “Los mexicanos siguen como siempre, volcados en su pasado”. Quizá la anécdota sea apócrifa, pero desafortunadamente nos retrata de cuerpo entero, como lo afirma Octavio Paz en Posdata: “La historia nos obliga a vivirla; es la sustancia de nuestra vida y el lugar de nuestra muerte. Entre vivir la historia e interpretarla pasan nuestras vidas”.

La supuesta anécdota de Borges y la frase de Paz adquieren actualidad en el México de la sorprendente Cuarta Transformación. Nunca antes, por lo menos en tiempos recientes, el poder acudió a la historia para afirmarse en el presente y hacer promesas de futuro. Era usual que los presidentes de la República invocaran el amparo de su Gobierno a un héroe nacional, con el que se identificaban o decían identificarse, pero hasta allí.

Hoy, en el logotipo utilizado por el actual Gobierno aparecen cinco personajes: José María Morelos, Miguel Hidalgo, Benito Juárez con la bandera nacional, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas. Son los santones históricos de la cuarta transformación que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien gusta de hacer constantes referencias a hechos y personajes históricos.

Fue él quien revivió, siglo y medio después, el calificativo de “conservador”, aplicable a los que no están de acuerdo con las miras y los procedimientos de su Gobierno. En estas referencias al pasado suele dar resbalones, como cuando atribuyó a la nación 10 mil años de antigüedad y la dotó de universidades, mientras en la isla de Manhattan pastaban unos pintorescos bisontes.

Por desgracia, unos meses después de esto, un sujeto que vive en ese retrasadísimo sitio donde hace 10 mil años pastaban manadas de bisontes mientras los mexicanos acudían a clases en las universidades, amaneció una mañana con la malsana idea de colocarnos al borde de una crisis con la amenaza de aplicar aranceles a los productos mexicanos que importa su país.

Tampoco resultó muy airoso ese volver la vista al pasado para solicitar al Gobierno español una disculpa por las atrocidades cometidas por los conquistadores hace 500 años. La respuesta no tardó en llegar. Tampoco los comentarios, que fueron desde la franca censura hasta la burla irreverente.

Resulta peligroso trasladar a la política la sentencia de Paz acerca de que la historia nos obliga a vivirla, porque, recurriendo a citas bíblicas a las que es tan afecto el presidente López Obrador, voltear hacia atrás puede convertirnos en estatuas de sal, como la mujer de Lot.

Lo aconsejable es vivir el presente y hacer frente a los retos que surgen día con día. Recurrir a la historia como inspiración puede ser un ejercicio positivo, pero no lo es revivir agravios o intentar un remake –perdón por el anglicismo– de las luchas de liberales y conservadores que tanta sangre costaron hace ya siglo y medio.

¿Y todo para qué? Luego de arremeter contra los neoconservadores, el Presidente acude a firmar alianzas con ellos, invitándolos a colaborar en la tarea de sacar al país en el bache económico en que cayó.


Letras sueltas

¿Quién iba a decirlo? Frente a macilentos partidos de oposición y algunos opinadores, ha sido en las filas de la misma Morena donde se dejó escuchar, en voz de Porfirio Muñoz Ledo, la crítica directa, sin ambages, a los compromisos migratorios contraídos con Estados Unidos.
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