×
Cholyn Garza
Cholyn Garza
ver +
Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

" Comentar Imprimir
02 Noviembre 2019 04:00:00
Vivir nuestras tradiciones
Podría decir que crecí en un ambiente festivo, pleno de respeto y alegría, donde cada celebración era un aprendizaje al disfrutar las bellas tradiciones de nuestro querido México.

Nuestro país es rico en festejos, donde la alegría se vive y se comparte con propios y extraños.

Una de esas celebraciones es sin duda la de las ofrendas a los difuntos, la que se ha ido generalizando, para fortuna de las nuevas generaciones que son las que habrán de preservar las tradiciones, tal y como lo han hecho nuestros padres, abuelos. El amor a la tierra que nos vio nacer hace que nos sintamos orgullosos de nuestra identidad y del legado cultural que tenemos.

México es rico en cultura y tradiciones, algo que debemos cuidar todos. Considero que lo estamos haciendo ya que los altares dedicados a nuestros seres queridos, quienes se han adelantado en el viaje, el último, que no tiene retorno.

Tradición que data tres mil años antes de la llegada de los europeos al continente americano.

Desde entonces, los nativos de esta tierra ya rendían culto a la muerte, considerada una deidad por lo que era venerada con gran respeto. El Mictlán o “lugar de los muertos” era el nivel inferior donde descansarían los difuntos. Se creía que el trayecto para llegar a su destino final duraría cuatro años, tiempo en el que era purificado para poder descansar en paz.

Fray Bernardino de Sahagún en su “Historia general de las cosas de la Nueva España” ofrece datos muy interesantes de nuestra cultura ancestral.

Por mucho tiempo, nuestras tradiciones no se celebraban en algunos lugares de México. Era como su hubiera dos México. Uno, centro y sur reviviendo y guardando las fiestas heredadas y en el norte, en especial en la franja fronteriza donde por su cercanía con Estados Unidos, se copiaban ciertas celebraciones como por ejemplo el Halloween, que nada tiene que ver con nuestra herencia cultural.

Recuerdo en un sexenio, si no falla mi memoria fue en el período del presidente Miguel de Lamadrid, su esposa, doña Paloma Cordero, como presidenta del DIF se dio a la tarea de promover los altares de muertos, con el propósito de mantener viva las tradiciones. Por lo que a querer o no, en ciudades donde no se habían visto esas celebraciones se colocaron altares.

Hay que mencionar también que en los colegios, trataron de promover en los alumnos la festividad del Día de muertos, con excelente resultado, ya que los niños se apresuraban a reunir todo lo que se requería para su altar, en una sana competencia.

Altares dedicados a personajes de la localidad o a alguien famoso al que se deseaba exponer para rendirle tributo a su memoria.

La película Coco, parecería que movió las fibras de aquellos que las mantenían dormidas, para entender el gran legado que los mexicanos tenemos en nuestras tradiciones.

Tuvo que ser Disney quien ofreciera al mundo esa bellísima historia de Coco, en caricaturas, con perfecto mensaje para ser entendido por niños, jóvenes y adultos. Una historia que nos hizo reprimir o soltar una lágrima.

Todas nuestras festividades son hermosas y tienen un gran significado. Sin embargo, el Día de muertos considero que es algo muy grande y representativo.

Se trata de recordar a nuestros seres queridos, a quienes tanto nos amaron y nosotros amamos. De decir de manera respetuosa que ellos están presentes no solo en nuestro pensamiento, sino en nuestro corazón.

Quién no recuerda a los adorables abuelos, convertidos en nuestros defensores cuando aparecía la chancla justiciera, símbolo de reprimenda o corrección en niños traviesos.

Cómo no recordar tantas anécdotas compartidas con cada uno de nuestros seres queridos, nuestros padres, tíos, hermanos que por diferente causa se adelantaron en el camino de la vida.

Un día lloramos su partida, porque como humanos que somos, nos cuesta trabajo decir adiós a lo que amamos, a lo que Dios en su infinita bondad nos prestó y permitió que gozáramos por un tiempo.

Así como lamentamos su partida, el consuelo un día llega, porque la fe nos reconforta y el recuerdo de quienes tanto nos amaron, sigue vivo.

Vivamos nuestras tradiciones y jamás olvidemos a nuestros seres queridos. Recordémoslos siempre con gratitud y con amor.
.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)6
Imprimir
COMENTARIOS


7

9
  • 1 2
  • 8
4 5
6 7 8 9 0 70 71 72 73 74 75