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Germán Martínez Cázares
Germán Martínez Cázares
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02 Junio 2009 03:51:13
Voto nulo
“Mal tiempo para votar”, así comienza la novela Ensayo sobre la lucidez del escritor, premio Nobel de Literatura 1998, José Saramago.

La espectacular prosa de Saramago retrata, en un pequeño municipio sin nombre, a ciudadanos, también anónimos, que deciden votar “en blanco” y repudiar o castigar su propio sistema democrático.

Más allá de la política, que en este “ensayo” le gana la pluma a la literatura, el escritor portugués enjuicia y sentencia al sistema de partidos, a la rutina democrática y al ejercicio del sufragio.

La escuela en la que se hace apología del abstencionismo es peligrosa porque no construye responsabilidad social de los ciudadanos frente a la comunidad, como afirma Saramago, ni es fruto de la “virtud cívica” (para usar el término de Maquiavelo) y tampoco es desobediencia civil.

El movimiento del voto nulo puede ser entendido como un genuino rechazo a la democracia representativa (que busca formas más directas de gobierno), a la labor de los diputados (que requiere una mayor rendición de cuentas) e incluso a todas las opciones partidarias (por que quisieran una que hoy no existe); todo eso es válido, pero el peligro radica en el momento en que algunos actores políticos o económicos buscan con ese abstencionismo activo debilitar aún más al Congreso de la Unión.

La pregunta es: ¿a quién beneficia una representación política débil? ¿A quién beneficia una cámara deslegitimada? ¿A favor de qué y de quién juega el discurso del voto en blanco?

Los más furibundos defensores de la abstención dirán que todos los partidos les causan hartazgo, que no hay diferencias entre ninguno y que todos los candidatos ofrecen lo mismo. Yo, sin embargo, tengo una sospecha.

El voto nulo está movido por los mismos que antes de la alternancia con Vicente Fox gritaban a los cuatro vientos que en México habría un “choque de trenes” que haría volar en pedazos a la nación. También me temo que son los que, luego de la victoria del presidente Calderón, clamaban un presidente interino. No sé por qué motivos o razones, pero pienso que después de la crisis sanitaria de la llamada influenza y cuando se les acabó el cuento del “Estado fallido”, son ellos mismos los que ahora traen el voto nulo.

Pues ni “choque de trenes” ni “interino” ni “Estado fallido”, y no advierto participación electoral baja en ningún estado de la República donde se renovarán las alcaldías o las gubernaturas. Siempre habrá en la elección llamada intermedia un menor número de ciudadanos en las urnas que cuando se trata de una elección presidencial.

El abstencionismo le hace un enorme favor a la falta de rendición de cuentas, genera apatía, no de los ciudadanos frente a sus gobernantes, sino algo peor: apatía de los gobiernos frente a sus electores.

Quienes abrieron la caja de Pandora con ese discurso del voto en blanco, al estilo de Saramago, mañana pueden organizar no pagar impuestos, después engrosar las filas de los que en Nuevo León piden la salida del Ejército mexicano y más tarde el “que se vayan todos los partidos”.

Muy bien, ¿y después? Una vez que todos los partidos nos vayamos, ¿qué sigue? ¿Ya pensaron a qué dictador autoritario quieren los abstencionistas? ¿Acaso son ellos mismos los que aventaban incienso a López Obrador y ahora, sin cara ni ánimo para votar por el PT, piden mejor anular el voto? No sé por qué, pero me da la impresión de que son ellos.

Sólo leyeron “política” en Saramago, no leyeron “literatura”. Se saltaron Ensayo sobre la ceguera. Basta leer esa hermosísima novela para aprender que cuando uno cierra los ojos no aparece la nada.

Presidente nacional del PAN

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