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Joel Almaguer
Joel Almaguer
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Inició sus estudios en la Universidad Autónoma de Coahuila, donde tuvo como maestros a Gerardo Monjarás y en sus últimos años al reconocido pianista regiomontano Gerardo González. Ha desarrollado su actividad musical como pianista en danza y como acompañante de cantantes principalmente. Ha participado en musicales como pianista. Imparte diplomados en historia de la música para la UAdeC. El año pasado vivió en Francia donde tuvo oportunidad de compartir su talento musical. Música Sobre Ruedas es un proyecto que ha desarrollado para compartir música en espacios públicos. Actualmente también es miembro de la Orquesta Filarmónica del Desierto donde participa activamente en el Coro Filarmónico. [email protected]

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19 Mayo 2019 03:00:00
Wagner incommensurable
Pasos que se acercan cada vez más, pasos más ansias por estar sobre la alfombra roja de un lobby largamente esperado donde la música suena y se mete por todos los poros de la piel, de la mente, del intelecto, de la emoción. Pasos que cuento uno, dos, tres, cuatro, cinco hasta olvidar y volver a comenzar y las calles se conviertan en movimientos que cuento con los dedos de la mano uno dos, tres, cuatro, cinco, una calle menos, un semáforo más.

La lluvia nos envuelve en un silencio expectante, esperamos, avanzamos boleto en mano hacia el teatro Metropolitan Opera House, donde la música transformadora de Wagner aguarda como un coloso dormido que a punto está de conquistarnos y arrebatarnos entre sus manos.

La primera de cuatro noches está por comenzar y vislumbramos apenas alzando la mirada los arcos del teatro mudos testigos de música inmortal. Gente caminando en trajes pulcros y zapatos llamativos, vestidos brillantes que portan las mujeres y hombres del lugar.

Un candelabro otras veces admirado desde la mujer desnuda y fría como el metal que nos espera desde el segundo piso muda, callada ,silenciosa, dejando que las estrellas que penden de la lámpara la bañen de luz.

Los minutos pasan y observo observamos, callado, callados, espero esperamos en silencio entre risas nerviosas porque lo largamente esperado comience a ser.

Sin notarlo apenas, los ojos se van acostumbrando a la penumbra que lentamente se posa sobre el auditorio rojo, dorado, pulcro, elegante y levanto la mirada para observar cómo los astros se alzan despacio para dejar lugar a la oscuridad.

Me siento en mi butaca y con el dedo índice pulso tres veces el botón rojo frente a mí hasta llegar a los subtítulos en español. Una lluvia de aplausos comienza desde una brisa imperceptible hasta llegar al estruendo de la tormenta.

Sabemos que vivimos un momento memorable inconmensurable mitológico ancestral arcano iniciático testigos del destino trágico de Wotan, Fricka, Freia, Loge, Erda, Alberich, Sigfrido, Fasolt, Fafner y de todo el panteón que compone El Anillo del Nibelungo. Veinticinco años le tomó a Richard Wagner terminar toda su visión, su drama musical, su Gesamtkunstwerk obra de arte total.

Poco más de 15 horas nos tomará a nosotros recibir la revelación, la iniciación a algo que por toda la vida voy a recordar. Entra Philippe Jordan y mis manos aplauden y dejan de aplaudir para sentir el terciopelo entre mis dedos casi trémulos, mientras las notas casi imperceptibles comienzan a sonar, a llenar, a cautivar.

Sin palabras sigo para describir lo que por una semana viví al escuchar a Wagner en el Metropolitan Opera House, en Nueva York. Me temo que el tiempo pasará y seguiré incapacitado para transcribir en palabras lo que esa experiencia significó para mí.
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