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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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05 Septiembre 2020 04:09:00
… Y a mis enemigos,  ¿justicia?
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Primero hay que partir de que la transparencia siempre será mejor, en todos los terrenos; y en el político pues resulta una apuesta honesta y democrática sobre la simulación o los arreglos por debajo de la mesa tan socorridos por nuestra clase gobernante.

Bueno, pues vaya que el Presidente es claro cuando sentencia que si el aún dueño de Altos Hornos, Alonso Ancira, sale libre y no paga los 200 millones de dólares que el propio Presidente estima es el monto de lo defraudado a la nación por la compraventa de la planta de Agronitrogenados, pues se procederá a investigar al juez que lo libere.

Entonces, independientemente de los elementos probatorios o la sagacidad de los abogados defensores, ya se inclinó la balanza: nadie en su sano juicio querrá echarse encima a la maquinaria de la 4T.

Y si bien la teoría de la división de poderes consigna la independencia del Poder Judicial, pues no hay ni un solo juez en México que se arriesgue a ser exhibido, cuestionado y denostado, por nombre y apellido, con razón o sin ella, en alguna mañanera. Eso lo destruiría, y lo saben bien todos.

El mensaje es claro y se puede leer entre líneas un contundente ¿qué parte de que pagas porque pagas no has entendido?

Y habrá que precisar que para la 4T es prioridad recuperar la mayor cantidad posible de los recursos desviados o que forman parte de esos robustos expedientes en los que están involucrados políticos corruptos. Es prioridad incluso sobre la eventualidad de que paguen con cárcel sus fechorías.

El dinero es lo más importante y urge en un contexto de crisis, para poder seguir financiando las docenas de programas asistencialistas de la 4T.

Si el aún presidente del Consejo de Administración de ese motor económico de la Región Centro de Coahuila quiere librar el atolladero en el que se encuentra, primero debe pagar 200 millones de dólares, aunque en ello acepte tácitamente su culpabilidad en lo que se le acusa: que la compraventa de la planta chatarra fue un vil acto de corrupción.

Ni hablar, así son las cosas ahora. Por las señales, habrá que darle cristiana sepultura a esa vieja máxima de los que nos gobernaban: “a mis amigos justicia y gracia, y a mis enemigos, justicia a secas”.


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