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María del Carmen Maqueo Garza
María del Carmen Maqueo Garza
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Coahuilense, médico pediatra, apasionada de la palabra escrita. Desde 1975 ha sido columnista en diversos periódicos regionales. Bloguera a partir del 2010. Participa activamente en el Taller literario “Palabras al viento”. Tiene varios libros publicados. Inquieta por la problemática social, en particular la relativa a nuestros niños y jóvenes. Sus colaboraciones invitan a asumir que la resolución de esos problemas es tarea común para todos. Su blog: https://contraluzcoah.blogspot.com/

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25 Noviembre 2018 04:00:00
¿Y como qué compramos?
Me encuentro parada en un momento histórico muy singular en tiempo y espacio. Habito en una zona aledaña a la nación norteamericana, a la cual en estos días se aproximan diversos grupos de centroamericanos propuestos a cruzar la frontera de cualquier manera.

La norteamericana es una nación multicultural que acaba de celebrar con una cena el Día de Acción de Gracias, en conmemoración de la primera cena que llevaron a cabo en el nuevo continente, colonos venidos de Inglaterra. A la mañana siguiente a la celebración se lleva a cabo en aquel país lo que se conoce como “viernes negro”, en el cual grandes volúmenes de mercancía se ofrecen a precio de remate, algo similar a los “soldés” franceses, que permiten a los comercios deshacerse de mercancías de temporada, ofreciéndola a precio de costo. En nuestro país, para no desentonar, desde hace algunos años se lleva a cabo la campaña denominada “El buen fin”, que intenta imitar a su contraparte norteamericana. Simultáneamente a todo esta ebullición comercial, inicia la FIL Guadalajara, una de las Ferias del Libro más importantes del mundo.

llegaN a mi mente infinidad de ideas. La primera que logro atrapar y revisar, es la que tiene que ver con nuestra actitud como consumidores, para preguntar cuántos de esos objetos que ahora se compran con particular fruición, en un par de meses habrán pasado a formar parte de la legión de objetos abandonados en algún rincón de la casa. Y para dentro de un año, habremos olvidado que alguna vez existieron, o saldrán dentro de una caja rumbo a un bazar de beneficencia.

Mis hijos no han tenido la mamá más organizada en lo económico, aun así, no soy proclive a caer bajo la seducción de las baratas. Hay asuntos que debí haber manejado con más inteligencia o más arrojo y no lo hice, pese a ello hemos sobrevivido y aquí estamos, sin que nos haya faltado nada de lo esencial para salir adelante. Ahora bien, caer bajo los influjos de una etiqueta que dice “medio precio”, y comprar algo que simplemente no se necesita, es dañar la economía familiar de manera irracional.

El caso más paradigmático de los viernes negros lo conocí de labios de una valiente persona que se lanzó a una tienda de autoservicio norteamericana en una ocasión como esta. Halló a una señora vaciando todo el anaquel de muñecas Barbie en su carrito de compras. Cuando la persona que acompañaba a dicha dama le preguntó qué pensaba hacer con tanta muñeca, su respuesta fue “pues quién sabe, pero es que están muy baratas”.

Con relación a la FIL Guadalajara viene una reflexión muy personal. Andar entre aquellos pasillos que a ratos se antojan interminables, y ver la cantidad de visitantes de todas edades y condiciones sociales que atienden la invitación a leer, es más que estimulante. La lectura se cuela entre muchas otras formas de entretenimiento para decir “aquí estoy”, lo que renueva la esperanza que muchos albergamos, de conformar una ciudadanía capaz de informarse antes de tomar las decisiones más importantes para México.

Vayamos, pues, tras aquellos libros que representen un reto de crecimiento. Las lecturas que nos dan todo resuelto difícilmente permiten a la imaginación volar y a la creatividad expandirse. Necesitamos aproximarnos a los autores iluminadores, o sea, no los que nos dicen por dónde irnos, sino aquellos que nos muestran la multiplicidad de caminos sí, pero sobre todo los que nos enseñan los alcances de nuestro andar.

Vayamos tras el libro que nos sorprende. Tras el que nos saca de nuestra zona de confort para lanzarnos al vacío, de modo que tengamos que abrir las alas para no estrellarnos. Así aprenderemos a volar. Echemos mano de esas lecturas que nos obligan a revisar dónde estamos y hacia dónde vamos, en el escenario que el autor ha montado para nuestros ojos.

Un buen libro es como una seda tersa que acaricia, sobre la cual pasamos nuestros dedos suavemente, sin problemas. Un libro escrito de manera descuidada en su sintaxis y en su ortografía es, en cambio, como un tejido burdo cuyos accidentes no nos permiten atrapar el sentido último de lo que el autor quiso decir.

Hagamos de nuestras compras una herramienta de crecimiento inteligente. Que el dinero destinado constituya una inversión en nuestra vida. Que aquello que vamos a adquirir responda afirmativamente a la pregunta: ¿Lo necesito? Y así respecto a los libros, se vale actuar por corazonada, sí, pero atender la orientación de algún experto puede facilitarnos conseguir la mejor lectura.

Es un reto hacer buenas compras. Ojalá que cada peso gastado sea un peso invertido, y que a través de la lectura se invierta de la mejor manera.


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