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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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21 Noviembre 2019 04:08:00
Y dale con Cortés
“Un investigador que no esté resuelto a cambiar sus posiciones 20 veces o cuantas crea necesario, puede ser todo lo que se quiera, menos un crítico”. Carlos Pereyra.

Hace más de medio siglo, Octavio Paz predijo en el Laberinto de la Soledad el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador cuando decide hablar de la Conquista. Paz apunta: “La extraña permanencia de Cortés y de la Malinche en la imaginación y en la sensibilidad de los mexicanos actuales revela que son algo más que figuras históricas: son los símbolos de un conflicto secreto que aún no hemos resuelto”. Todo parece indicar que el tabasqueño sigue entrampado en ese conflicto. De allí su obsesiva insistencia en denostar a Hernán Cortés.

Luego de solicitar a la Corona Española el ofrecimiento de una disculpa por los desmanes cometidos durante la Conquista, solicitud que fue rechazada, el martes anterior, en la reunión mañanera con la prensa, arremetió de nuevo contra Cortés acusándolo de cometer un fraude electoral. El Presidente se refería a la constitución del primer ayuntamiento en Veracruz, a la llegada del conquistador y sus hombres. AMLO afirmó que Cortés carecía de facultades para formar un ayuntamiento y organizar una votación en la cual hizo nombrar a un regidor adicto. Fue, desde su particular punto de vista, iniciador y modelo de los fraudes electorales cometidos en forma reiterada por los gobiernos neoliberales, conservadores y fifís que antecedieron a la 4T.

La controvertida figura del conquistador ha dado lugar a numerosos ensayos, biografías y pinturas, cuyos autores se colocan en automático en uno u otro bando: o lo satanizan o lo revisten de las cualidades de héroe.

Un saltillense, el historiador Carlos Pereyra, nacido en 1871 y muerto en Madrid en 1942, fue de los que se sintió atraído por Cortés, al que dedicó no uno sino dos libros: Hernán Cortés, con prólogo de Martín Quirarte (Editorial Porrúa, Colección Sepan Cuantos, México, 1971) y Hernán Cortés y la Epopeya del Anáhuac (Editorial - América, sin fecha de edición).

Admirador de la obra de España en América, de estar vivo nuestro paisano, sin negar las barbaridades cometidas en la Conquista relatadas en sus libros, de seguro se hubiera enfrascado en una polémica con el presidente López Obrador a propósito del presunto fraude electoral.

Frente al personaje, Pereyra asume una posición en ese momento novedosa. La cita es larga pero esclarecedora: “En el sentido del elogio, Cortés era el hombre que había ganado territorio para su rey; en el sentido del vituperio era malhechor histórico que había acabado con una civilización”.

Y agrega contundente:
“Ni uno ni los otros veían que Cortés era el fundador de una nueva nacionalidad… Todavía en el siglo 20 (y aún en el 21, podemos añadir) no faltan quienes lamentan los hechos que destruyeron una civilización original americana, susceptible del más vigoroso desarrollo, y la sustituyeron con las sombras de un virreinato español y una república mestiza”. Acierta Pereyra: eso somos, nos guste o no: una república mestiza.

¿Cuánto tiempo más seguirá el Peje atrapado en el conflicto paciano planteado por la dupla Cortés y la Malinche? ¿No será hora de que deje de pelearse por hechos consumados hace 500 años y vuelva el rostro hacia al presente: a Culiacán, al asesinato de los LeBarón, a Laredo, a Michoacán, al cotidiano baño de sangre que sufre este país y a la amenaza de una recesión económica, por ejemplo?
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