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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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05 Enero 2019 04:00:00
¿Y el barril de pepinos?
“Con la Mira Mark 15 (MM15) una bomba puede pegarle a un barril de pepinos desde 6 mil metros de altura”.

Así explica Michael Gladwell esa invención del físico sueco Carl Norden que iba a revolucionar la precisión de cualquier bombardeo. Hoy parece cosa de niños, pero en 1931 era todo un logro.

El autor de Outliers explica que en esos tiempos era típico que una bomba fallara por una milla o más. Fue tanto el entusiasmo por este complicado aparatejo que el Ejército norteamericano invirtió mil 500 millones de dólares, ¡50% de lo que costó el proyecto Manhattan!

Instaló 90 mil MM15 en bombarderos en la Segunda Guerra Mundial y entrenó a 50 mil pilotos. ¿Y luego? Luego la mira fue un tremendo fiasco.

Resulta que su precisión dependía de tener condiciones ideales de altura, velocidad y clima, y en una guerra eso no existe. Por ejemplo, usando el MM15 se lanzaron 85 mil bombas en la planta química de Leuna que tenía una extensión cercana a las 200 hectáreas.

¿Sabe cuántas dieron en este enorme blanco? 10%. ¡Ufff! ¿Y el barril de pepinos? Sin daño alguno, gracias por preguntar.

Gladwell deriva 3 lecciones de esta simpática y profunda anécdota:

1. Vivimos en la era de las Miras Norden. Hay demasiados genios que aseguran haber inventado algo (aparatos, apps, modelos de negocio, etc.) que revolucionará al mundo.

2. Tenemos un amor ciego a nuestras invenciones. Estamos seguros que resolverán nuestros problemas y luego no dan en el blanco.

3. El asunto no es la precisión de las bombas que se tienen. Es más bien cómo se usan. O mejor aún, si es necesario tenerlas.

Totalmente de acuerdo. Le propongo 3 síntomas de nuestra era que acentúan la creación de miras para mal lanzar todo tipo de bombas:

a) Agresividad-Polarización. Los algoritmos de las redes sociales maximizan sus utilidades al acercarnos sólo informwwación que concuerda con nuestras creencias. Esto fomenta polarización y agresividad. Relea “¡No sea usted fake news!”.

b) Cerrazón a puntos de vista alternativos. Como mucha gente sólo se informa con redes sociales, este proceso de recibir sólo cierta información termina por rigidizar posturas ideológicas.

c) La paradoja de la era de la información. Vivimos inundados de datos, pero estamos poco informados. Superficialidad e inmediatez le ganan a la reflexión y

profundidad.

Ciertamente, un coctel explosivo que favorece a errores que pueden ser muy costosos. ¿Qué hacer? 5 vacunas que le van a sonar muuuy familiares:

1. Diversidad. Rodearse de gente distinta para escuchar todo tipo de ideas. En la era de la disrupción, la homogeneidad es un enemigo peligroso que entra sin que nos demos cuenta.

2. Debate conducente. Sobre ideas y no sobre personas. Evitando la grilla, los gritos y los sombrerazos. Relea “Debatir sin pelear”.

3. Aprender a fracasar bien. Con tres reglas: temprano en el proceso, sin arriesgar a la organización entera y derivando lecciones para el futuro. Experimentar siempre.

4. Benchmark constante. Estar muy al pendiente de las señales del entorno tecnológico, competitivo y de los clientes. Ahí habrá grandes oportunidades o grandes amenazas si no se actúa.

5. Tener el centro bien definido. Claridad de objetivos y de quién es el jefe. En una empresa es el cliente a fin de cuentas. ¿Cuál es su barril de pepinos? ¿cómo dará en el blanco?

Ojalá le sirvan estos conceptos para ajustar bien su mira. Regreso al curioso caso de Norden. Gladwell reseña que el sueco era un cristiano devoto y parte del objetivo de su mira era minimizar el número de víctimas inocentes, y en esto su historia tuvo un final muy triste.

“En agosto 6 de 1945, el bombardero Enola Gay lanzó una bomba termonuclear en Hiroshima. Y usó una MM15 para lanzarla. Nadie le dijo a Norden. Le hubiera roto el corazón”, concluye.

Así pasa a veces con las bombas que se mal lanzan en la política, los negocios o la vida. Por lo pronto, le deseo que el año que inicia esté más bien lleno de tranquilidad y éxito. Que las bombas mejor se queden guardadas.

En pocas palabras.

“Cuando acaba la ambición inicia la felicidad” Tomás Merton, escritor estadunidense
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