0 1 2 3
×
4
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
28 Noviembre 2019 04:05:00
¿Y la cultura, apá?
Escuchar Nota
La colonización de las instituciones autónomas por parte del Ejecutivo federal –Comisión de Derechos Humanos, Instituto Nacional Electoral y las que se acumulen– se amplió ya a tres islas de la televisión: la de la UNAM, la del Instituto Politécnico Nacional y el Canal 22. Estos espacios proporcionaban un respiro cultural en medio de la sofocante mediocridad y vulgaridad de gran parte de la programación de las televisoras comerciales.

Hoy, estos tres canales se han convertido en voceros del presidente Andrés Manuel López Obrador, dando cabida a programas dedicados a alabar sin recato y defender al Ejecutivo federal y a su partido.

La invasión de amlovers históricos y neoamlovers desvirtuó la misión de difundir la cultura que caracterizaba a los tres canales. Politizados en el peor sentido del término, la colonización alcanzó incluso a barras noticiosas a cargo de periodistas antes merecedores de respeto por su profesionalismo, como Javier Solórzano.

Solórzano, a cargo del noticiero estrella del canal Once del Poli, ha hecho de ese programa un eco de las “mañaneras” del Presidente, y, cosa inaudita, superándolas en su capacidad de aburrimiento. Cámaras y micrófonos de este espacio supuestamente informativo están al servicio de López Obrador y sus colaboradores. La noche del martes, zapeando de canal en canal con la ingenua esperanza de encontrar un programa que al menos flotara sobre la insulsez imperante en la pantalla chica, como antes se le decía, me topé con el inicio del noticiero de Solórzano.

El informativo arrancó con tres largas y tediosas entrevistas a igual número de funcionarios del Gobierno federal, quienes establecieron una competencia de quién demostraba mejor que el próximo año, gracias a los programas instrumentados por el presidente López Obrador, nuestro país saldrá de la recesión donde está empantanado. Las tres somníferas entrevistas estuvieron salpicadas con intervenciones de prohombres de la Iniciativa Privada dispuestos, eso dijeron, a invertir.

El segmento fue una nada disimulada respuesta a la última medición del Instituto Nacional de Geografía y Estadística, según la cual la economía del país entró en recesión durante el año que está por terminar. Pero el mensaje era tan obvio que difícilmente causaría el efecto deseado.

La colonización de los canales incluye la invasión de John D. Ackerman, esposo de una funcionaria del Gobierno, que desperdicia dos programas, uno llamado Diálogos por la Democracia y otro donde comparte catatónicas entrevistas a invitados a modo con la dramaturga Sabina Berman. Al infumable Ackerman súmele usted el programa con el nombre de Me Canso Ganso –¡Oh!, cuánta creatividad– y otro, De Buena Fe, cuyo conductor es un joven pedante de nombre Gibrán Ramírez, también amlover de pura cepa. La lista es larga; los resultados nefastos.

Al abordar el tema, Óscar Constantino Gutiérrez señaló: “Parecieran términos equivalentes, pero televisión de Gobierno y televisión pública son cosas distintas. Mientras una es un aparato de difusión del poder, la otra es un mecanismo garante del derecho a la información veraz y oportuna. Canales como el 11 del IPN no fueron instituidos como medios de Gobierno, sino como vías para comunicar asuntos de interés público”.

Ante esta invasión de encargados de envolver en incienso al tabasqueño, se antoja parafrasear la pregunta de un popular anuncio de una armadora de vehículos: ¿Y la cultura, apá?



Imprimir
COMENTARIOS


2

  • 3
4
6 7
8 9 0 1 2 3 4 5 20 21 22