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Luis Carlos Plata
Luis Carlos Plata
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Luis Carlos Plata (Saltillo, 1984) es abogado (UAdeC), maestro (UPF, Barcelona) y candidato a doctor (URV, Tarragona), pero practica el periodismo desde hace 17 años, y su trabajo de investigación le ha merecido premios estatales e internacionales. Ha sido articulista de catorcenarios, revistas y periódicos del norte del país desde 2002, además de fungir como director editorial de medios de comunicación en Veracruz.

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01 Abril 2020 04:09:00
¿Y si dejamos de pagar la deuda el tiempo que dure la emergencia sanitaria?
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El 19 de marzo escribí en este mismo espacio que Coahuila reunió el primer trimestre de 2020, como pocas veces en su historia contemporánea, las condiciones necesarias para la tormenta perfecta; algunas anteriores a la pandemia de Covid-19 y otras posteriores: sin producción de acero ni extracción de carbón, con la industria automotriz y manufacturera detenida, la imposibilidad del fracking a corto plazo debido al petróleo barato, el dólar más caro que nunca, la frontera con Estados Unidos semicerrada, el turismo paralizado, sin Fondo Minero ni participaciones federales extraordinarias, y el comercio y la prestación de servicios bajo mínimos y en riesgo de quiebra.

Al panorama reseñado habría que agregar ahora un nuevo elemento: la suspensión por tiempo indefinido de las elecciones programadas para el 7 de junio que, si no sucede nada extraordinario, será acordada hoy por el Consejo General del INE.

¿Por qué afecta lo anterior? Porque el flujo de dinero –especialmente en efectivo– aumenta durante los procesos electorales en el país. Sin este, habrá menos circulante. Un factor más a considerar.

Ahora bien, debido a la epidemia los bancos han ofrecido tolerancia en aspectos básicos de su relación a sus pequeños clientes, como postergar durante cuatro meses el pago de créditos. Pero, y a los peces gordos como Coahuila, ¿qué pasará con ellos?

De abril a junio, para dimensionar, el Estado desembolsará alrededor de mil millones de pesos entre Multiva, Banorte, Banobras y HSBC que serían muy útiles para ejecutar en otras áreas prioritarias esenciales.

No es lo ideal (porque lo ideal, lo he mencionado ya en otras ocasiones, sería repudiar una parte de la deuda ilegítima, por lo menos la obtenida mediante seis documentos falsificados entre 2009 y 2010, y que asciende a 5 mil 300 millones de pesos). Sin embargo, en las circunstancias actuales, poner pausa por lo menos un trimestre a la obligación crediticia desahogaría la presión financiera del Estado, y le permitiría un margen de maniobra en momentos que se avecinan complicados.

Se trata, irónicamente, de que no cobren intereses (ni penalizaciones) al no pagarles en tiempo y forma los intereses. Un asunto a todas luces menor.

Por lo demás Coahuila ha sido un cliente disciplinado a lo largo de una década. Religiosamente y sin chistar se ha desprendido de 40 mil millones de pesos que no han ayudado a amortizar la deuda en ese periodo.

No es tan difícil de entender: para que la economía vuelva a ser lo primero, lo primero ahora tiene que ser la salud. Y así se ha decidido, al decretarse la emergencia sanitaria para los próximos 30 días de abril. En el debate entre salud y economía que se había gestado al inicio de la contingencia, el Consejo de Salubridad General ya definió su prioridad.

Así, en consonancia con lo anterior, es el momento para que las entidades financieras muestren un ápice de responsabilidad social (nadie dice que se conviertan en instituciones de beneficencia, pues aquello iría contra su naturaleza) y actúen en consecuencia.

En estos momentos no sirve que un servidor público, así sea el Presidente de la República, done o rebaje un porcentaje de su salario. No vale lo simbólico, sino lo real. Nunca ha sido válida la superchería en la función pública, no obstante lo que antes era tolerable y hasta cierto punto folclórico, no lo es ahora. La crisis del Covid-19 no se paliará con estampitas para todos, sino con ventiladores de respiración asistida y camas de hospital disponibles. También se requieren soluciones fiscales a nivel macro. Más ciencia y menos empirismo. Y lo más importante: dinero en la bolsa.



Cortita y al pie

Vivimos tiempos históricos para la humanidad. De medidas inauditas y extremas. Casi una distopía en tiempo real. Ahora bien, por qué nos parece normal que se transite hacia un estado de excepción, de confinamiento forzado y prohibiciones elementales en la esfera individual, como si se tratase de la Tercera Guerra Mundial, y en cambio nos parece impensable que un banco deba detener por un tiempo –ya no digamos quitar– su bota de nuestro cuello. ¿No le resulta por lo menos escandalosa dicha escala de valores?

Por qué no aplicar entonces esas mismas medidas “radicales” en el ámbito bancario. A grandes males, grandes remedios.



La última y nos vamos

Al momento de redactar estas líneas hay 36 casos de coronavirus confirmados en Monclova, 12 en Saltillo y 8 en Torreón. No sé qué piense usted, pero es momento de cortar una flor del jardín de aquellos que, en su día y con otros contratos, fungieron como cómplices por omisión del endeudamiento irresponsable.

Sería lo mínimo que pueden hacer.
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