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Coahuila

Oración póstuma

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 2 meses

Enero 23, 1966 — enero 23, 2026

Las ideas se agolpan en mi cerebro, sólo el título de este artículo me ilumina un poco y “ni cómo empezar”, diría un famoso periodista. ¿Hay algún método?

En el momento más crítico de mi vida, llegó a mí una mujer que me salvó de un proceso que me arrastraba hacia el abismo, me sacó de las tinieblas donde me hundía y me llevó de la mano hacia una realidad donde las mujeres, con ese alto sentido que tienen, se orientan aún en la oscuridad.

Viví un periodo desde los 15 hasta los 23 años donde pude haber sido todo lo más negativo que usted se pueda imaginar, sin rienda, sin una orientación de un adulto que me aconsejara.

Lo que me pasó con Lupita Saucedo ha sido la culminación de un proceso para convertirme en lo que soy ahora y tengo mucho que agradecerle y reconocerle los esfuerzos, los sacrificios y pedirle perdón, como lo hice en vida, por los malos sabores que el hice pasar por mi estupidez.

Ella dejó en mi un sentimiento, que casi es una superstición, de que nada malo me pudo pasar, mientras ella estaba al pendiente de mí y yo de ella. A estas alturas de mi casi nonagenaria edad, sigo recibiendo sus bendiciones y sus consejos que se me quedaron grabados por siempre en mí.

Lamentablemente no sé orar, pero este es un recuerdo de mi Lupita, que estoy seguro esta muy feliz al lado de Dios, que ese debe ser su lugar.

Tuve una única esposa que me dejó momentos felices, también hubo altibajos, pues quién no los tiene en su matrimonio, y máxime de un tipo salido de la nada que no contaba un centavo y que   reconstruyó su vida al lado una mujer amada. Juntos, con ese gran amor que nos profesamos creamos una familia, más allá de las dificultades que tuvo la pareja, que fueron muchas, pero la mayoría resueltas.

Este viernes 23 de enero de 2026 se cumplen 60 años de nuestro casamiento, ella tenía 18 y yo 23 años, pero no logramos la meta de lograr envejecer juntos.

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