Espectáculos
Publicado el sábado, 25 de julio del 2015 a las 19:00
Saltillo, Coah.- La palabra otaku tiene su origen en Japón, describe a las personas obsesionadas con ciertas aficiones relacionadas con las historietas, las caricaturas y los disfraces. Pero los fanáticos usan otras palabras para describir sus objetos de placer: anime, manga, cosplay. Y si bien el término es utilizado en forma peyorativa en el oriente, en México ha tomado un carácter más lúdico, emparentado con los adjetivos “friki” y “nerd” que se usan en la cultura norteamericana.
En Saltillo esta comunidad dejó de ser marginal hace mucho tiempo. Con dos convenciones al año, tiendas especializadas, páginas de Facebook y grupos que se reúnen con frecuencia para compartir aficiones e intercambiar experiencias, ser otaku es motivo de afinidad… Y orgullo.
No hay que mirar dos veces en el patio de la Secretaría de Cultura para identificar a Grissel Aguillón Olavarria, y no porque esté vacío. Una veintena de jóvenes se encuentra ahí, algunos ensayan una coreografía, un par toca la guitarra, otros se toman selfies, y sentada en una banca se encuentra esta joven menuda, que luce un cabello color morado y cuatro brillantes tatuajes en sus brazos. Al acercarme reconozco un par de las figuras que aparecen en su piel: el caballero de bronce Shun de Andrómeda y Trunks, el hijo de Bulma y Vegeta.
Preguntarle su nombre es una mera convención. Antes de escuchar su voz, que ya conozco gracias a las conversaciones telefónicas que hemos tenido para pactar la entrevista, sé que ella es una de las administradores de la página de Facebook Grupo Otaku Saltillense, una comunidad que cuenta con más de 4 mil miembros.
Grissel recuerda que su primer contacto con el mundo otaku fue gracias a la televisión abierta. Cuando era niña se encontró un domingo en la mañana con “Saint Seiya”, o los “Caballeros del Zodiaco” como se conocen en español, y de ahí surgió una afición que ya no abandonaría.
“Eran caricaturas muy diferentes a las otras caricaturas que pasaban en esa época. El anime es más maduro, trata de otros temas, te enseña nuevos valores, me atrapó ese nuevo mundo que se abría ahí. Después empecé a ver ‘Sailor Moon’, ‘Las Guerreras Mágicas’, ‘Dragon Ball’, gracias a la televisión fui conociendo más”.
Más tarde llegó la revista “Domo” a México y Grissel fue conociendo términos como anime y manga. Después vendrían las largas horas en internet, que no sólo le dieron a la joven más información, sino la posibilidad de conocer a otras personas que disfrutaban estos personajes tanto como ella.
“En esa época no era fácil tener amigos otakus, ni siquiera sabías qué era ser otaku”, comenta con su voz suave y amable, que contrasta con su llamativa apariencia.
Y esa búsqueda de espacios es la que dio origen al grupo de Facebook que administra la joven junto con un grupo de entusiastas entre quienes está su hermana Gabriela, su cómplice en aventuras frikis.
“El anime y el manga son una referencia en nuestra vida diaria, tenemos un lenguaje común entre nosotras. Nuestro cuarto, nuestra casa es un templo del anime”, comparte Gabriela entre risas.
“Hay un estigma de que los otakus somos ñoños, inadaptados sociales, y en el grupo tienes la libertad de ser tú mismo, de hablar de lo que tú quieras y contactar a más gente. Es un punto de encuentro en el que intercambiamos links para ver animes o imágenes de nuestros personajes favoritos. Ahí tienes la facilidad de hablar de tus gustos con más personas, no te da miedo ser tú, ser friki”, comparte Grissel sobre esta comunidad que va en aumento.
Y aunque muestran su afinidad con orgullo, las hermanas aclaran que ser otakus es sólo es una parte de su vida.
“Hay personas que le dan una connotación negativa, de rechazado, de fracasado, piensan en un friki gordo adentro de su casa. A mí, personalmente, sólo define una parte quien soy,e s un gusto más, no rige toda mi vida, aunque sea una parte importante”, dice Gabriela.
“Me gustaría que la gente no discriminara tanto a los otakus, los gamers, los frikis, los cosplayers, que lo vean como algo normal, aceptable, como parte de la vida de una persona. Estaría padre que existiera una mayor apertura hacia este mundo, hacia este entretenimiento”, concluye Grissel con ese tono amable que caracteriza su conversación.
CALABOZOS Y DUELISTAS
Después de enfrentar durante varios minutos el sol de las dos de la tarde, el Calabozo del Androide se erige como un oasis en medio de la pronunciada pendiente de la calle Pípila. Mis ojos tardan en acostumbrarse a la penumbra del local, lo primero que veo es un exhibidor en el que predomina, entre las figuras de acción, los cómics y los juegos de mesa, un tipo de producto: tarjetas, cientos de cartas de Yu-Gi-Oh!.
Hay otra habitación al fondo cuyas paredes lucen grandes pósters de diferentes animes y mangas. Unos 16 chicos, cuyas edades oscilan entre los 14 y los veintipocos años, están sentados en torno a varias mesas sobre las que hay varias tarjetas dispuestas en un desorden armónico. Estos duelistas acuden a esta tienda-club con el fin de probar a los retadores, pero sobre todo a sí mismos, que su deck ―la forma en que se organizan las cartas con base en una estrategia– es capaz de ganar batallas.
José Sánchez es uno de los socios del Calabozo del Androide. Para él este lugar es más que una tienda, es un club para jugar cartas.
“Antes nos juntábamos a jugar en la Alameda, pero después de la etapa de la escuela pasamos a la época del trabajo y no queda mucho tiempo libre. Eran pocos los sábados que nos podíamos juntar a jugar cartas, que es nuestro principal pasatiempo.A veces hacía mucho sol, otros días llovía y el fin de semana se iba a la basura porque no teníamos un lugar donde jugar. Un día tuvimos la suerte de que mi madre nos presta estos cuartos y así es como nace el club”, relata el joven con entusiasmo.
Como la mayoría de los otakus, esta comunidad fue creciendo gracias a los comentarios, a la recomendación de boca en boca. Pero el espaldarazo llegó con el Facebook, que se convirtió en el espacio ideal para anunciar los torneos que organizan con regularidad.
“Este mundo de cartas muchas veces se cierra en cuestión de personas. Tú empiezas a comprar las cartas en diferentes tiendas y vas preguntando. Si te gusta este mundo tú vas a tratar de hallarlo”, considera Roberto Alfredo, otro de los socios del local.
“Nos dimos cuenta de que no éramos los únicos, que así como nosotros retábamos a otros duelistas, existían otros que también tenían los mismos problemas de nosotros, que no tenían a dónde ir. Así que decidimos abrir este lugar al público”, añade José.
No existen requisitos para acudir al Calabozo a jugar cartas. Si bien la mayoría es fan de Yu-Gi-Oh!, hay quienes juegan Cardfight Vanguard G e incluso viejos clásicos como Calabozos y Dragones.
“Aquí van a encontrar desde muchachos de secundaria que van saliendo de la escuela hasta licenciados que vienen cuando salen de la oficina, uno de nuestros clientes es un doctor y en su hora de comida viene a jugar. Hay personas de todas las clases sociales, de todas las carreras, con gustos de todo tipo, pero todos tenemos en común que nos gusta jugar cartas y va creciendo la comunidad”, apunta José, el orgulloso dueño de más de mil cartas de Yu-Gi-Oh!
Roberto y José señalan que para entrar a este calabozo –que está abierto de lunes a sábado, de 14:00 a 20:00 horas, y los domingos de 15:00 a 19:00 horas– sólo se necesita tener ganas de divertirse y tener una actitud de respeto. ¿No sabes jugar? No importa, aquí sobran maestros que no tienen ningún empacho en compartir los misterios de estas épicas batallas.
SACAR AL PERSONAJE
Ichigo camina por el centro del patio y varios pares de ojos la miran con curiosidad. Acostumbrada a llamar la atención, la joven, que luce un largo cabello rubio y un vestido corto de marinero a juego con un par de botas rojas, se detiene y se concentra en las características de su personaje. Frente a la cámara sonríe con la picardía y Sailor Moon comienza a cobrar vida.
Jacqueline García es cosplayer desde hace cuatro años. El término cosplay vienen de dos palabras inglesas: costume (disfraz) y play (juego). Así que en este oficio no es suficiente disfrazarse, hay que recrear un personaje.
“Me gusta el esfuerzo, la pasión, todo lo que haces para llevar algo de una serie a la realidad . Conforme vas aprendiendo te vuelves más conocedor, le agarras el gusto porque te consume mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Si tu quieres que tu cosplay se bueno, tienes que echarle muchas ganas”, explica la estudiante de Diseño de Modas, quien justo en julio celebró su cuarto aniversario en una convención en Monterrey, donde dio vida a la reciente versión que hizo Disney de la Cenicienta.
Diana López escucha con atenció nlas palabras de Jacqueline. Ella apenas inicia en el mundo del cosplay y ahora luce un suerter rojo, una falda azul marino y unas largas medias negras para dar vida a Taiga Aisaka, una de las protagistas del anime “Toradora!”.
“Me decidí a convertirme en cosplayer cuando vi a unas chicas que les estaban tomando fotografías, se veían muy bonitas. Me gusta dar a conocer en carne y hueso a un personaje, en vez de dejarlo a la televisión, así que decidí intentarlo y empezó mi vicio”, dice entre risas.
Armar el atuendo de Taiga le tomó un mes a Diana, en lo que encontraba las telas adecuadas, conseguía los accesorios y en particular la larga peluca que caracteriza al personaje, que pidió por internet. Ahora tiene el disfraz de Chi, de la serie “Chobits” en proceso. El siguiente reto es el vestido azul de Elsa, la protagonista de la película “Frozen”.
Con más experiencia y 25 cosplays elaborados, a Jacqueline le toma entre una semana y 15 días armar su disfraz. Pero si necesita pedir pupilentes, pelucas o algún accesorio imposible de conseguir en México, sabe que un paquete procedente de Japón, China o Corea tarda un mes en llegar a Saltillo.
“Este es un pasatiempo muy sano, es como una autosafistacción lograr un personaje y sacar el que sigue. Además es muy bonito ver las caritas de emoción de las niñas cuando te ven”.
Las dos jóvenes tienen el mismo consejo para quienes desean convertirse cosplayers: “no te desanimes”.
“A lo mejor el primer cosplay no sale como pensabas, pero con el tiempo vas mejorando. Que no te importa lo que la gente diga, porque lo haces para darte un gusto a ti y demostrar lo que puedes hacer con tus propias manos”, afirma Diana.
OTAKUFEST EN MARCHA
En el Bosque Urbano un par de adolescentes invita a los visitantes a conocer el Otakufest. Los niños sonríen con entusiasmo cuando ven las máscaras y las orejas de gato que lucen algunos de los jóvenes que deambulan por el lugar, los padres se muestran algo reacios pero al final ceden y llevan a los pequeños a mirar las mercancías de los puestos. Es la segunda edición del evento, Andrea y Edgar están felices cuando se enteran de que en total acudieron 200 visitantes.
Han pasado siete años y ahora el Otakufest congrega a 9 mil personas. Edgar Ledezma ya dejó atrás la preparatoria y la universidad, pero no su papel como organizador de uno de los eventos más esperados por la comunidad friki de Saltillo. Venta de productos, concursos, torneos, conferencias y conciertos forman parte del programa de dos días que se realiza en febrero y octubre en la Sociedad Manuel Acuña.
“Esto creció porque la gente lo pidió, tenemos cientos de correos donde nos pedían dos convenciones al año y fue así que nos animamos a intentarlo y gracias a la respuesta ha seguido adelante este evento. En Saltillo tenemos un ambiente familiar y la gente coopera. Dicen que los saltillenses son serios, pero son muy buena onda, todos se apoyan, se ayudan. Les gusta el mitote”, dice con una sonrisa franca.
Bibi, quien se sumó a la organización hace cuatro años, señala que pertenecer a la comunidad otaku te aleja de muchas cosas malas.
“En lugar de salirse a tomar, a fumar, a drogarse, esta gente se junta a pasar un buen rato con sus amigos, a participar en concursos y torneos. Vemos que se entretienen en esto no sólo en el día del evento, desde antes se están preparando es una inversión de tiempo positiva”, afirma la también cosplayer.
El siguiente Otakufest se realizará el 5 y 6 de septiembre en la Sociedad Manuel Acuña. En esta edición el invitado estelar es el actor de doblaje Humberto Vélez, quien presta su voz a personajes como Homero Simpson y Winnie Pooh.
Aunque Andrea Arreola, una de las fundadoras, ya no vive en Saltillo, sigue en la organización del evento, que todavía tiene un largo futuro por delante.
“El Otakufest tiene vida propia, seguirá creciendo y próximamente lo hará a nivel nacional, no se va a estancar en Saltillo. Vienen generaciones nuevas, animes y cómics nuevos, esto nunca se queda obsoleto”, apunta Edgar.
“Disfrutamos mucho lo que hacemos, estar ahí, conocer gente, cosas nuevas. El Otakufest es un encuentro cultural donde siempre aprendes algo y que todavía tienen mucho que ofrecer”, añade Bibi.
PUNTO DE ENCUENTRO
“Nos vemos en la Frikiplacita”, me dice Margie cuando le pido encontrarnos para platicar sobre el Frikibazar, un sitio en el que se venden, compran e intercambian productos relacionados con animes, películas, mangas, cómics y videojuegos.
En plena calle Victoria, en unos locales comerciales que antes fueron consultorios médicos, se encuentra la Frikiplacita. Unos chicos de secundaria juegan en las arcadias que están en el fondo, son vacaciones, así que no es extraño verlos ya enganchados a las once de la mañana.
Margie Sánchez Torres abrió la tienda el pasado octubre, como una respuesta a las decenas de clientes a los que no les bastaba que ella sólo pudiera acudir a las plazas comerciales los fines de semana.
“Hace tres, cuatro años, iniciamos la venta de figuras de papel armables de distintos personajes en los centros comerciales los fines de semana. Empezamos en la Calle cobra vida, luego en la Ruta Recreativa y en el Museo del Desierto. Luego los clientes nos empezaron a preguntar por productos de anime, se dio la oportunidad de ir a Estados Unidos y traerlos sobre pedido”, comparte la joven sobre la ampliación del negocio.
Amante de los juegos de mesa y fan de “Los Simpson”, Margie se dio cuenta de que los otakus y frikis de la ciudad necesitan más que una tienda, les hacía falta un espacio para intercambiar objetos coleccionables.
“De repente como coleccionista tienes demasiadas cosas que en algún momento compraste y ya no te gustan tanto, es muy caro comprarlas o no las encuentras en Saltillo. Con la tienda nos dimos cuenta de que había gente que deseaba vender sus cosas, pero no podíamos comprar todo lo que nos ofrecían, así que creamos el Frikibazar, que ya va para su séptima edición”.
En el Salón Caballeros de Colón, que también se encuentra en pleno Centro Histórico, en la calle Hidalgo, se reúne una pujante comunidad friki. El siguiente bazar ya tiene fecha: domingo 2 de agosto
“Queríamos hacer un espacio, pero no con el título de convención, porque las convenciones se caracterizan porque partipan comerciantes establecidos y aunque los invitamos y son bienvenidos, queríamos que tú como coleccionista, como friki que necesitas vender cosas, tuvieras ese espacio. Además nos abrimos a los artesanos porque en la comunidad friki hay gente muy talentosa, dibujantes, ilustradores, chefs, gente que hace figuras con plastilina hepóxica e incluso playeras”, detalla Margie con un entusiasmo que ha contagiado a cientos de personas.
Como el resto de la gente inmersa en el mundo friki, la joven desea que los saltillenses conozcan más sobre estas propuestas.
“Vemos cómo se mezclan culturas, familias, gente de todas las edades. No nos dirigimos solamente a los que ya sabemos que les gusta esta experiencia, sino a la gente común, queremos que conozca todo esto”, dice mientras señala la mercancía a sus espaldas.
En el exhibidor están las figuras de acción de Batman, Superman y distintos superhéroes del universo Marvel. A su lado se encuentran las cartas de Yu-Gi-Oh!, un juego de mesa de Naruto, la máscara de una tortuga ninja, un par de cojines con los rostros de Finn y Jake. Así de diversos son los gustos de una comunidad que ahí, entre las visibles diferencias, encuentra un punto de encuentro que consolida colecciones, eventos… Y amistades. “En Japón otaku significa un inadaptado social y aquí hay personas que se lo creen, pero en México cambia mucho la connotación, porque aquí sólo tomamos lo bueno”.
Gabriela Aguillón Olavarria
Administradora del Grupo Otaku Saltillense
“Lo otaku pasó de ser lo más raro a lo más normal. Creo que es porque en el Otakufest tenemos un enfoque muy familiar, no nos cerramos a un público específico”.
Edgar Ledezma
Organizador del Otakufest
“En este ámbito las personas tienden mucho a agruparse”.
Margie Sánchez
Organizadora del Frikibarzar
—FRASES
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