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País sin maíz

Por Sergio Sarmiento

Hace 2 meses

“Un campo pobre, avejentado y conservador, que se repite a sí mismo en vano intento para ser lo que no fue, no es la tierra prometida”.
Arturo Warman

 

Una vez más grupos de productores de maíz bloquearon ayer 34 carreteras en Jalisco, Michoacán y Guanajuato. Los bloqueos son ilegales, están tipificados como ataques a las vías de comunicación; pero vivimos en tiempos en que las autoridades no se atreven a salir “con el cuento de que la ley es la ley”.

Los grupos que los realizan pueden tener demandas legítimas, pero al bloquear vías de comunicación dañan a terceros para exigir dinero del Gobierno. Es una forma de extorsión.

En el caso de los productores de maíz, la exigencia es aumentar el precio de garantía que actualmente está en 5,840 pesos por tonelada. El secretario de agricultura Julio Berdegué respondió a la extorsión el 27 de octubre con la propuesta de elevar el precio para el maíz blanco de Guanajuato, Jalisco y Michoacán a 6,050 pesos por tonelada. Además, ofreció “un crédito con una tasa máxima de 8.5% de interés anual con un seguro agropecuario incluido. Los gobiernos de Jalisco, Guanajuato y Michoacán también publicarán su mecánica operativa de apoyo complementario, para completar el precio indicado”. La oferta fue considerada insuficiente por estos productores, por lo que han continuado los bloqueos.

Negociar cualquier precio con extorsiones debería ser inaceptable. Hay un sistema mucho más eficaz, el de mercado, en el cual los precios se definen por la oferta y la demanda.

México fue autosuficiente en la producción de maíz en un pasado no muy lejano. En 1965, por ejemplo, exportamos 1,347,189 toneladas.

El problema es que las intervenciones del Gobierno en el mercado y su uso de mecanismos medievales, como los precios de garantía, han debilitado al campo.

La producción mexicana de maíz ha caído en los últimos años. Esto es en parte consecuencia de la sequía de 2023 y 2024, pero también de las malas políticas públicas. La disminución ha sido de 3.7% desde 2015-2016, mientras que las importaciones han aumentado 78% (Grupo Consultor de Mercados Agrícolas).

En Estados Unidos, que sufrió la misma sequía que México, la producción pasó de 13.5 millones de fanegas (bushels) en 2022 a 16.6 millones en 2025. Una de las razones es que en la Unión Americana se cultiva maíz transgénico, resistente a la sequía, cuya producción está prohibida en México. La consecuencia es que importamos el maíz transgénico que no podemos producir.

Mucho nos dicen los políticos que sin maíz no hay país. La afirmación es falsa: en México cada vez importamos más maíz, por las malas políticas públicas, pero el país no se ha acabado.

Si realmente quisiéramos aumentar la producción podríamos hacerlo al grado de volvernos autosuficientes, pero tendríamos que eliminar las restricciones a la propiedad y permitir fusiones de predios para aumentar el tamaño de las unidades productivas. También deberíamos usar las biotecnologías. Si no, seguiremos importando cada vez más.

Los precios de garantía son un mecanismo perverso. Se aplican nada más a las primeras 35 toneladas de los pequeños productores, con terrenos de hasta 5.5 hectáreas. Los medianos, con 5.6 a 50 hectáreas, ya no obtienen el precio de garantía, sino un “incentivo”, que se limita a solo 600 toneladas.

Los grandes no reciben ningún apoyo. Es un sistema hecho para premiar a los menos productivos y castigar a los eficientes. Parece que el propósito es mantener niveles reducidos de productividad y empobrecer el campo. Los únicos que se benefician son los productores estadunidenses, que tienen la suerte de ser vecinos del mayor importador de maíz del mundo.

 

 

Piperos

Otros bloqueos de este 27 de octubre fueron de “piperos” que extraen agua de pozos ilegales y la venden en pipas. Haber hecho del agua un “derecho humano” solo ha servido para dejar sin agua a millones y para permitir este ventajoso negocio privado.

 

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