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Ruta Libre
Publicado el martes, 22 de julio del 2014 a las 01:50
Por Leticia Espinoza / Fotografía: Alejadro Rodríguez. Saltillo.- Una llamada, un cuerpo suspendido en el aire, una carta que atrapa los últimos pensamientos de la vida que se ha escapado, los últimos gritos desesperados que emite un suicida para ser rescatado de sus impulsos.
Escribir un mensaje póstumo se convierte en uno de los últimos actos de libertad de un hombre o una mujer, letras con las cuales pretenden pedir perdón a quienes los amaron o que se convierten en ecos que buscan castigar a aquellos que creyeron eran sus verdugos.
Líneas que la mayoría de las veces ni siquiera llegan a las manos de sus destinatarios, que al final se convierten en el remate de la vida que se estaciona en un buzón que nadie reclama. ¿Para qué seguir prolongando el dolor?
VIDA QUE HUYE, LETRAS QUE LA ATRAPAN
Una llamada alerta sobre la presencia de una persona sin vida. El agente del Ministerio Público se traslada en compañía de la Policía y del grupo de Servicios Periciales. Encuentran un cuerpo suspendido en el aire, la mayoría de las veces colgado o rodeado de sus familiares que tratan de bajarlo con la esperanza de que aún tenga signos vitales.
Ahí, entre el dolor de los familiares y la vida que acaba de huir, el agente del Ministerio Público realiza la criminalística del lugar, hacen una investigación con todos los indicios de lo que aparenta ser un suicidio, buscan si existe un mensaje póstumo.
Para llegar a una determinación, procesan estos indicios junto con los resultados que arroja la necropsia y los testimonios de las personas cercanas a la víctima.
“Si fue un suicidio con un arma de fuego, se observa la trayectoria que siguió el disparo, si sale positivo a la prueba de rodizonato de sodio. Obviamente sigue la investigación con los cercanos, que a veces comentan que ya lo había intentado, y se van cerrando círculos”, explica Guadalupe Toca Zavala, subprocuradora ministerial en Coahuila.
“Hay familias que dicen ‘no estoy de acuerdo’. Si hay un recado póstumo se hace una prueba de grafoscopía para que el Ministerio Público tenga la certeza de que efectivamente se trata de un suicidio. Son pocos los casos, uno o dos, en los que la investigación se ha alargado, y al final las pruebas conducen a lo mismo”, añade.
“Ironías de la vida. Se les llama recados póstumos, pero se escribieron justo antes de la muerte”, opina el perito Juan Jesús Arriaga Guevara, quien señala que les corresponde analizar las diferentes características de las formas en que las personas decidieron quitarse la vida: con arma de fuego, con arma blanca, con pastillas o ahorcándose.
Arriaga Guevara ahonda en el escenario más común: el ahorcamiento. Desde 2010 es el medio más utilizado por los suicidas en Coahuila. En este periodo, de los 169 suicidios que se registraron, 145 personas tomaron la decisión de quitarse la vida mediante esta forma, y en 2011 la cifra se repitió.
“Cuando descubrimos una persona ahorcada se busca primero el agente constrictor, el objeto que utilizó para privarse de su vida, un cable, un mecate, una sábana, una toalla, un cordón de zapatos”, dice Arriaga, mientras toca su cuello para explicar cómo es la marca que deja el agente constrictor en la víctima, una huella que no es circular, sino oblicua.
“Ubicamos la posición del surco del nudo, si es lateral por el pabellón auricular derecho o lateral izquierdo, son diferentes tipos, queda un espacio a diferencia del estrangulamiento, en el que el nudo es parejo, y cuando hablamos de un ahorcado buscamos este tipo de características. El nudo queda en la frente o en parte posterior del cuello, que afecta las carótidas o hueso hioides”, dice el experto.
Los peritos buscan en el escenario el escalamiento: una silla, un bote, el objeto en el que el suicida se subió para poder colgarse; en seguida ubican el punto de apoyo, el lugar donde la persona amarró el agente constrictor: el tubo de una regadera, la perilla de una puerta, algo saliente que debe estar en la parte superior de la cabeza de la víctima.
Cuando el agente del Ministerio Público y los peritos encuentran el cuerpo de una persona que se ha suicidado, a menudo los ven suspendidos en el aire. En otras ocasiones la suspensión es incompleta, es decir, que sus pies alcanzan el piso. A veces encuentran que la víctima no tuvo control de esfínter, pues pueden estar orinados o haber eyaculado. Todas estas son señales de un suicidio, una cadena de elementos que se confirma cuando en ocasiones encuentran los llamados “recados póstumos”.
“En los mensajes manifiestan su deseo de morir, dicen que pasan por una depresión, por problemas amorosos, económicos, tienen ya tendencias suicidas por las condiciones en que viven, la mayoría después de andar tomados se empieza a deprimir y si se ven solos optan por tomar la ‘puerta falsa’”, explica el perito.
La existencia de un mensaje póstumo es de mucha importancia porque éste puede ser definitivo para esclarecer si la muerte de una persona fue por suicidio o en realidad se trató de un homicidio.
“En una ocasión había una señora que la encontraron muerta en su casa y a un lado de ella había un mensaje que decía ‘No se culpe a naiden de mi muerte’, con faltas de ortografía. Al momento que se hace la necropsia ella traía una fractura en el cráneo, y como ya había fallecido por el golpe que traía en el cráneo al momento de abrir el cuello no había hematomas, tampoco se encontró ninguna lesión por dentro, en ella trataron de aparentar que se había suicidado”, recuerda.
En aquel momento se habló con la persona que encontró el cuerpo, el esposo de la víctima, y se le indicó que escribiera las palabras que había encontrado: MÁS ALLÁ DE LO VISIBLE
La mayoría de las veces los mensajes póstumos saltan a la vista de los familiares que encuentran los cadáveres de las víctimas, pero cuando no hay recados cerca los peritos buscan a fondo, hurgan entre las libretas de los niños y los cuadernos de los adolescentes, buscan indicios en los blogs y redes sociales que manejaban en vida los suicidas.
“A veces, en el caso de los suicidas se trata de localizar los mensajes porque son manifestaciones que ellos dejan. Cuando son adolescentes o en niños de primaria hemos encontrado en sus libretas dibujos de ataúdes y cruces, monitos colgados en arbolitos. No es común que los niños dibujen esto, ellos están anunciando que se quieren morir”, señala Arriaga.
“Por eso los maestros que están en contacto con los cuadernos de los niños no pueden dejar pasar esto, están diciendo ‘ayuda, ayuda’ y hay que hacerles caso; no es posible que un niño tenga ganas de morirse”, enfatiza.
“Muchos adultos los dejan a un lado de las pastillas que usan para envenenarse, otros, a un lado de sus cuerpos, en la cocina dejan la hojita arrancada junto con la pluma que usaron para escribir, ahora con el internet o en el celular dejan los mensajes”.
Son muchos los mensajes póstumos que han pasado por las manos de Arriaga, hojas de cuaderno que dicen “quiero que mis órganos sean donados, ya no puedo más con este vicio”, mensajes llenos de tristeza con los que los suicidas se despiden de sus madres, con los que explican que dejarán de existir por la depresión que les causó la pérdida de un ser querido, frases escritas lentamente, a veces, con lo primero que encuentran a su alcance.
“Casi siempre usan plumas, lo hacen con calma, lo hacen pensando, me imagino que están esperando a que alguien llegue para evitarlo, están gritando ‘ayúdenme, ya me voy a matar’”, opina el perito.
Sus ojos han leído mensajes largos y cortos, han visto incluso dibujos que se hicieron con antelación, que de ser descubiertos pudieron haber evitado un suicidio. PALABRAS DE PERDÓN O CASTIGO
“No se culpe a nadie de mi muerte”, “madre: discúlpeme el no tener el valor de continuar, pero es que ya no tiene sentido para mí el seguir viviendo, ya no puedo con los demonios que tengo en mi cabeza, demonios de los cuales no soy responsable”, “Saulito: Te amo hijo y sé que sabrás entender, cuida a tus hermanas y sé bueno”, “Nora: Te di lo mejor de mí, fueron mis mejores años y mi mejor esfuerzo, pero no fue suficiente, tú querías algo diferente, tal vez nunca pudiste amarme, te dejo libre para que seas feliz y metas a tu vida a quien metiste en (…) tus pensamientos, encuéntralo y si ya lo tienes disfrútalo, al menos yo te disfruté a ti, lástima… Me mataste en vida y ahora yo lo hago en cuerpo… Adiós”.
Las notas periodísticas publicadas el 8 de julio señalaban que las líneas de arriba fueron las últimas palabras que dejó escritas Saúl Efrén Valdez Pérez, un joven padre de familia de 28 años que decidió poner fin a su existencia por propia mano, hecho que se convirtió en el segundo suicidio de los cuatro que se suscitaron del 6 al 9 de julio, elevando a 41 el registro de estos casos en la Región Sureste de Coahuila.
De acuerdo con los expertos, los mensajes póstumos están considerados en 25 o 40% de los casos de suicidio registrados, tienen el objeto de despedirse, pedir perdón, de deslindar o echar responsabilidades, y aunque la tendencia actual es dejar estos mensajes en las redes sociales, la mayoría todavía los escribe con su puño y letra.
“Generalmente tienen la intención de castigar a alguien: no me trataste bien, me despreciaste y por eso me voy, es una especie de chantaje, en la mayoría, no en todas, en otras dicen simplemente ‘ya me voy, no vale la pena estar aquí’; las dejan no sólo a una pareja, sino a los hijos, a los padres, a los amigos, incluso en algunas ocasiones cuentan alguna etapa o situación en que se sintieron muy mal con cierta persona y por eso dicen ‘ya me voy’”, indica la psicóloga Mayra Chávez.
Chávez participó en un estudio de cartas póstumas en 2012. Analizó los mensajes que dejaron en un lapso de 10 años personas que se suicidaron en Nuevo León. Esto la hace pensar que los mensajes póstumos son una despedida, el último paso para llegar al suicidio, pues los signos de alarma son previos como el hecho de que la persona empiece a regalar sus cosas, duerma mucho o no duerma, que esté aislada, tenga periodos de irritabilidad, hable recurrentemente de la muerte y cuente cómo le gustaría morirse. La carta, dice, lleva muchas veces al momento inevitable.
“Yo creería que las cartas que la gente deja es el último mecanismo de despedida que las personas usan para finiquitar su relación con la familia, y obviamente quien escribe tiene la intención de deslindar o echar responsabilidades, decir ‘estén en paz, es un acto que yo realizo como un hombre libre’”, opina el psiquiatra Mario Alberto José de los Santos.
El experto y director del Centro Estatal de Salud Mental (Cesame) considera que la carta suicida sí representa la última oportunidad para saber que la gente necesita ayuda.
Explica que el pensamiento de muerte llega a diferentes niveles, “todos podemos pensar que nos vamos a morir algún día, pero cuando hay bienestar el pensamiento de muerte desaparece; cuando el pensamiento de muerte es muy ajeno a la razón, puede ser un pensamiento obsesivo, ajeno a la voluntad de uno, y ven la última salida hasta idear cómo matarse. Aquí aparece el momento de arreglar cuentas y se hacen escritos que ahora se hacen en mensajes en medios electrónicos, por ejemplo”.
Es el caso de Édgar Francisco Martínez Soto, un padre de familia de 35 años que dejó su mensaje de despedida en su cuenta de Facebook, inmerso en una depresión que, como él dijo, “no le permitió ver más allá”.
“Mi última publicación. Hoy quiero agradecer a todos y cada uno de ustedes, mi familia, mis amigos, mis compañeros y hermanos de la vida, por haberme permitido estar a su lado y compartir tantos y tan bellos momentos, hoy quiero pedirle perdón a Dios y a mis padres por dejarlos de esta manera”, dice el extenso mensaje visible aún en su cuenta.
Guadalupe Toca Zavala indica que si bien este caso es muy particular, en la generalidad, quien deja un recado póstumo lo hace con su puño y letra en un papel.
BUZÓN QUE BUSCA EL OLVIDO
Sobre el escritorio del perito yacen decenas de papeles y fotografías de distintos crímenes. Ahí, entre las decenas de hojas, están las fotografías de un hombre cuyo cuerpo se encontró en estado de putrefacción hace varios años. Habían pasado días hasta que alguien empujó la puerta y lo descubrió colgado de la perilla. Entre las imágenes de su archivo está la del mensaje que el hombre dejó.
“Mamita tu eres mi todo, para mí, para luchar, en la vida te necesito a ti, sería el hombre más feliz del mundo, resuélvete a todo lo nuestro. En la vida mamasita, tu par mi eres lo más lindo… (sic)”, lee Arraiga en voz bajita, luego toma las hojas y las vuelve a ordenar.
En las fotografías resalta el texto escrito en mayúsculas donde sobresale la “i” en minúscula, el último mensaje que aquel hombre dejó en una libreta junto con la pluma que utilizó para despedirse de su amada.
“Esas cartas no se quedan con la familia, sería darles más dolor, se les toma fotografías, se les enseña a la familia, ellos también a veces las ven antes, a veces nos dicen ‘queremos verla, no creemos que él o ella haya hecho esto’. Lo que tratamos es que si él o ella culpa a una persona, simplemente decirles que fue una decisión que él tomó, que quizá no lo escuchamos a tiempo”, dice.
Las cartas suicidas se hunden en los cajones de la Procuraduría General de Justicia del Estado junto con las fotografías que se les tomaron tanto a la carta como a la escena del suicidio, se guardan junto con las pruebas de grafoscopia, si es que existió (el examen que se realiza para comprobar si realmente era o no la letra de la víctima, comparando el último escrito con otros que también escribió).
“Desde el punto de vista criminológico las cartas sí tienen sentido porque forman parte de una necropsia psicológica para saber qué pensaron las personas que tienen ese tipo de tendencias, las situaciones que estaban pasando y que las orillaron a tomar esa decisión. Para saber cuántos por un problema económico, cuántos por amor, para evitar otras situaciones similares en las familias”, menciona Arriaga.
-¿Qué impacto causan las cartas en las familias?
“Son varias circunstancias, ¿por qué lo hiciste?, ¿por qué lo hiciste? Y si no dejó nada, ¿por qué lo hizo? Queda la duda porque no hay nada. Pero cuando la familia está un poco más consciente, reacciona sobre las causas. Ha pasado que vienen después de días porque en aquellos momentos su mente estaba nublada, se quedan tranquilos cuando hay un recado, a veces piden tomarle una foto, se les presta, pero casi nunca sucede eso”, expresa.
Detrás de su escritorio, Arriaga, que ha desmenuzado las escenas donde se ha hecho presente la muerte, reflexiona: “Quizá en este lugar es donde menos se quisiera trabajar, porque es llanto, es amargura, hay dolor, y todas las muertes son dolorosas, pero siempre, no importan las circunstancias, por más que luchas, hay que levantar la bandera de la vida, de sacar adelante el proyecto vida”. -¿Al final qué pasa con ellas? Triste decisión
* Desde 2010, el ahorcamiento es el medio más utilizado por los suicidas en Coahuila para acabar con su vida. “Yo creería que las cartas que la gente deja es el último mecanismo de despedida que las personas usan para finiquitar su relación con la familia y, obviamente, quien escribe tiene la intención de deslindar o echar responsabilidades, decir ‘estén en paz, es un acto que yo realizo como un hombre libre’”. “Casi siempre usan plumas, lo hacen con calma, lo hacen pensando, me imagino, que están esperando a que alguien llegue para evitarlo, están gritando ‘ayúdenme, ya me voy a matar’”.
“(Las cartas póstumas) se archivan dentro del expediente. No hay delito que perseguir. Ya nadie las reclama”. “Hay familias que dicen ‘no estoy de acuerdo’; si hay un recado póstumo, se hace una prueba de grafoscopía para que el Ministerio Público tenga la certeza de que efectivamente se trata de un suicidio; son pocos los casos, uno o dos, en los que la investigación se ha alargado, pero al final las pruebas conducen a lo mismo”.
“Vimos que tenía la misma letra, las mismas faltas de ortografía, el mismo espacio, se le dijo ‘esta señora en realidad no murió ahorcada, traía un golpe en la cabeza y ahorita en el recado coincide que su letra es idéntica a la del mensaje que dejó, qué nos dice al respecto’, y confesó. Nos dijo ‘la mera verdad, yo la privé de la vida’, discutieron y ella se golpeó en la orilla de la sala y ya no reaccionó. Por eso es importante también la necropsia, igual cuando el doctor ve que el círculo es parejo y hay golpes alrededor, lo que significa que el estrangulado se defendió”, argumenta.
“Recuerdo uno de un niño que dibujó a un arbolito y un colgadito, lo pudieron haber evitado si hubieran revisado su cuaderno. Los niños deben salir adelante, pero no son atendidos. Los hombres son los que más dejan mensajes antes de suicidarse, las mujeres son más sensatas y afrontan más las cosas”, sentencia.
-¿Cuantas cartas hay aquí?
“Muchas”.
“Se archivan dentro del expediente. No hay delito que perseguir, ya nadie las reclama”.
* En este periodo, de los 169 suicidios que se registraron en la Región Sureste, 145 personas tomaron la decisión de quitarse la vida mediante el ahorcamiento. En 2011, la cifra se repitió.
* Es en este tipo de escenarios donde los peritos encuentran las llamadas “cartas póstumas”.
* De acuerdo con los expertos, los mensajes póstumos están considerados en 25 o 40% de los casos de suicidios registrados.
* Dichas cartas tienen el objeto de despedirse, pedir perdón, de deslindar o echar culpas, y aunque la tendencia actual es dejar estos mensajes en las redes sociales, la mayoría todavía las escribe en papel con su puño y letra.
Mario Alberto José de los Santos
Psiquiatra
Juan Jesús Arriaga Guevara
Perito del Ministerio Público
Guadalupe Toca Zavala
Subprocuradora Ministerial en Coahuila
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