Internacional

Publicado el jueves, 1 de febrero del 2024 a las 08:54
Ciudad del Vaticano.- El papa Francisco lamentó que la humanidad que puede “garantizar la dignidad de todos” camine, sin embargo, “en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos” en un pasaje de su mensaje dedicado a la Cuaresma, el periodo de 40 días que precede la celebración de la Semana Santa.
En el mensaje para la Cuaresma, en el que se dan las indicaciones a los católicos para este periodo, Francisco dice que “el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos llega al cielo” y pregunta: “¿Nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve?
Asegura que, como en el pasado, seguimos bajo “el dominio del faraón” que “es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro. La tierra, el aire y el agua están contaminados por él, pero también las almas”.
“ ¿Quiero un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a salir de compromisos con el viejo?”, son algunas preguntas que plantea el papa que denuncia “un déficit de esperanza”.
“ El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de trabajadores por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza”, sostiene Francisco.
“ De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos”, lamenta el pontífice.
Por ello, el papa afirma que la Cuaresma “es tiempo de conversión, tiempo de libertad” y que “en Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido”.
Francisco destaca que “existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven, los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo”.
E indica que en este tiempo “la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan.
Respecto a la Iglesia, también indica que “la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados”.
“ Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo”, agrega.
Y concluye pidiendo que este tiempo de Cuaresma “sea de conversión. Entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza”.
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