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Notimex
Publicado el viernes, 2 de abril del 2010 a las 06:29
México.- Los participantes en la 167 edición de la Pasión de Cristo en el Cerro de la Estrella en Iztapalapa, más que buscar actores, su meta es llegar a representar alguno de los 12 apóstoles, a Jesús de Nazareth o a la Virgen María, sobre todo, porque es más fuerte su fe y devoción espiritual, que el placer de actuar.
Así lo señalaron los jóvenes Sergio Alán Romero Leyte y Javier Molina Hernández, quienes han participado por más de 10 años en la representación del vía crucis de los días santos en esa demarcación.
En el caso de Romero Leyte, un soldado romano a pie, tuvo que esperar nueve años para lograr ser un “romano”, que resguarda el orden, cuando Jesús de Nazareth, lleva a cuestas su cruz hasta el Cerro de las Cruces.
“Además de esperar tanto tiempo, tuve que invertir alrededor de cinco mil pesos en atuendo y casco, porque aquí cada quien se hace de lo suyo; tienes ganas de participar te tiene que costar”, indicó.
El joven que desde temprana hora llegó a las inmediaciones del Cerro de la Estrella, para ensayar y participar en el acto de “La última cena” y “La aprehensión y traición al profeta de los pobres”, destacó que primero participó nueve años como “nazareno”, gente del pueblo que sigue y presencia la crucifixión de Jesús.
“Ahora llevo tres años como romano y mi meta es mantenerme en esta caracterización, porque pensar en representar al señor, es cuestión de suerte, porque aquí te vas ganando un lugar, y en el papel principal, puede que hayas estado sólo un año y puedes ser elegido”, comentó.
Abundó que lo más satisfactorio es el respeto que la gente le profesa al dar vida a uno de los pasajes más importantes de la vida y pasión de Cristo: “Ver que la gente te respeta y te valora, por la valentía de estar en una procesión es algo que no se puede explicar”.
Por su parte, Javier Molina Hernández, uno de los romanos a caballo, de los más de 150 que participan, destacó que ganarse un lugar como tal fue trabajar cada año de manera ardua con los organizadores de los ocho barrios, para después juntar por más de 10 años dinero suficiente para comprarse un imponente caballo de color blanco, con el que ahora participa.
“Si eres romano a caballo el costo del atuendo sube, porque es una vestimenta más elaborada y tan sólo el casco con relieves en latón cuesta alrededor de tres mil 500 pesos a cuatro mil, sin contar la ropa, que en su mayoría está hecha de piel, con un costo de hasta siete mil pesos; es caro salir en esto, pero la satisfacción que logras no tiene precio”, resaltó Molina Hernández.
Los ensayos iniciados desde temprana hora, no dieron la oportunidad de saber cuál era el sentir de los personajes principales, sin embargo, los actores secundarios como Romero Leyte y Molina Hernández, dan una pequeña muestra de la pasión que genera el ser parte de una tradición milenaria.
Ambos personajes ya se encontraban listos para ser parte de “La última cena”, “La aprehensión de Jesús” y “La traición de Judas Iscariote” en la 167 Representación de la Pasión de Cristo, mismos que contrastaban con los policías montados a caballo y reforzados con equipo antimotines.
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