Sociedad
Por Gibrán Valdez
Publicado el miércoles, 12 de agosto del 2020 a las 11:45
Con su sonrisa característica será recordado por siempre el ingeniero Carlos Eugenio de la Peña Ramos (1944-2020), un destacado saltillense que siempre tuvo como carta de presentación su amabilidad y buen trato hacia todas las personas.
El pasado 6 de agosto, día de la Transfiguración del Señor y fiesta del Santo Cristo de la Capilla en Saltillo, Dios llamó a don Carlos a sus 76 años a la morada eterna, tras enfrentarse a un cáncer en las vías biliares que le fue diagnosticado en una etapa avanzada.
Le sobreviven su esposa Silvia Estela de las Fuentes de De la Peña, sus tres hijos Silvia Estela, Liliana y Carlos, además de 10 nietos y una bisnieta, que en conjunto son el gran tesoro que dejó este destacado saltillense.
Con una profunda vocación de servicio, el ingeniero ocupó diferentes puestos públicos, entre los que destaca la dirección de obras públicas en el estado (1981-1984), la presidencia muncipal de Saltillo (1985-1987) y la delegación estatal del Instituto Mexicano del Seguro Social (2000-2004).

Además, fue un reconocido empresario de la construcción, apasionado de la charrería y cristiano ejemplar que nunca dudó en poner sus dones al servicio de la Iglesia.
En su andar por todos estos caminos de la vida, don Carlos de la Peña sembró la semilla de la amistad en muchas personas que hoy reconocen que su partida es una pérdida irreparable para la ciudad.
A través de la voz de su esposa Silvia, de sus hijas Silvia Estela y Liliana, y de sus amigos, hoy queremos recordar la trayectoria de este saltillense que pasó por este mundo haciendo el bien, conciliando en todo momento y ejerciendo su liderazgo, ganándose así su lugar en el cielo, como asegura el padre Humberto González.
Constante preparación
Don Carlos de la Peña nació el 1 de enero de 1944 en Saltillo, hijo del doctor Carlos de la Peña Sánchez y de la señora Estela Ramos Mellado.
Su educación primaria la cursó en el Colegio México y las etapas de secundaria y preparatoria en el Ateneo Fuente, donde fue consejero de la sociedad de alumnos y años más tarde profesor de física.
Desde corta edad se vislumbraba el camino que tomaría don Carlos gracias a su capacidad de liderazgo y su sensibilidad para entablar grandes relaciones de amistad.
Entre 1961 y 1967, este saltillense eligió la carrera de Ingeniería Civil como la profesión a la que se dedicaría toda su vida, para lo cual se preparó en el Tecnológico de Monterrey, donde fungió como presidente de la asociación de estudiantes de Saltillo (1964-1965).
El amor por el estudio fue una de las pasiones que jamás abandonó don Carlos, pues luego de egresar de la carrera y de ocupar diversos puestos públicos, él siguió preparándose con diplomados de su alma máter, entre los que destacan el de Alta Dirección en Administración, el de Finanzas y el de Bienes Raíces, todos cursados en la década de los 90.
De esta manera, la llama del aprendizaje nunca se apagó en don Carlos, dejando así un gran ejemplo de constancia y dedicación para sus hijos y sus nietos.
Entregado a la familia

Sin importar los motivos, don Carlos de la Peña disfrutaba al máximo la convivencia que se generaba en la familia, su mayor tesoro, como asegura su esposa Silvia de las Fuentes, con quien compartió la vida por 53 años de feliz matrimonio.
“Procuraba mucho los domingos familiares, si andaba en algún otro lado, él regresaba para tener la comida familiar, era una convivencia con grandes y chicos, sin importar lo que fuera de comer, era simplemente por el hecho de juntarnos y estar todos”, recordó Silvia Estela, su hija mayor.

Asimismo, como ingeniero guardaba un enorme gusto por las matemáticas, le encantaban los problemas de razonamiento, por eso cuando llegaba del trabajo por las tardes, ayudaba con la tarea a sus hijos.
“Todavía en esta cuarentena lo hacía con José Pablo, su nieto menor, le gustaba ver cómo iba en la plataforma de matemáticas del colegio”, mencionó Liliana.
Por estas razones, al exterior de su casa reconocían esta virtud en don Carlos, como lo señaló Aldegundo Garza, “una de sus características más valiosas es el ejemplo como padre, esposo, hijo, fue siempre un hombre bueno, amable y generoso”.
De la misma manera, el también exalcalde de Saltillo, Miguel Arizpe reconoce la entrega de don Carlos en el hogar, “siempre estuvo dedicado a su familia, a quien amó profundamente y ama porque eso no se termina y fue un gran hombre en ese sentido”, apuntó.

Coherente con sus ideales
Quienes lo conocieron desde su etapa estudiantil, atestiguaron la gran entrega y dedicación de este destacado saltillense, como es el caso del ingeniero Juan José Risoul, con quien no solo compartió las aulas y la profesión, también una gran amistad que se consolidó cuando don Carlos y doña Silvia se convirtieron en padrinos de una de sus hijas.
Por su parte, el presbítero Humberto González también lo conoció desde que don Carlos era estudiante, donde se dio cuenta de sus grandes cualidades.
“Lo conocí desde que él era estudiante, muy estudioso, muy trabajador, muy buen amigo y sobre todo muy servicial, era conciliador, no le gustaban los pleitos”, aseguró el sacerdote.
En ese sentido, el padre Mario Cruz también reconoce las grandes cualidades de quien fuera alcalde de la ciudad entre 1985 y 1987, al describirlo como una persona coherente con su visión y con la realidad de los hechos al ser uno de los impulsores del patronato de la parroquia de Santa María Reina de los Apóstoles, ubicada al norte de la ciudad.
“En 2011 tuvimos el primer acercamiento, se presenta Carlos como un consejero muy cercano con esa visión que tenía de Iglesia, sin duda un hombre coherente con sus ideales, muy transparante y sensible, por eso fue para mí una persona muy cercana y de mucha ayuda en esta etapa de mi vida sacerdotal”, explicó el presbítero.
Gusto por la charrería
Macario González recuerda a don Carlos de la Peña como un compañero charro con el que compartió muchos momentos en diferentes ranchos y en el lienzo, “era todo un caballero”, dice.
De igual manera, Aldegundo Garza fue testigo del gran amor que el exalcalde de Saltillo tenía por la charrería, “era una persona alegre, muy aficionado a la charrería, a los caballos y al campo”, comentó.
Esta afición por el deporte nacional lo ponía muy contento, lo que además le hacía conectar con las nuevas generaciones al transmitir esos valores charros, asegura el padre Humberto González.
Por su parte, doña Silvia de las Fuentes también puntualizó este gusto de su esposo, “desde adolescente tuvo afición por la charrería, a la cual dedicaba tiempo generalmente los fines de semana en donde él tuvo grandes amigos de la familia charra”, explicó.
De hecho, esta pasión también lo impulsó para conectar con la naturaleza a través del cuidado con esmero de la huerta de nogales que él mismo sembró hace 45 años y que acostumbraba visitar a caballo solo o con alguno de sus nietos.
Su faceta como empresario
En 1975, don Carlos de la Peña fundó la empresa Concretos de Coahuila que estuvo funciones hasta 1991 cuando emprendió Buró de Ingeniería y Construcción del Norte, despacho con el que realizó diversas obras en la ciudad que al día de hoy todavía funcionan.
Entre estas, Silvia Estela recuerda la primera etapa del Hospital Christus Muguerza, las instalaciones del Centro de Salud Mental, la Soriana del bulevar Francisco Coss, además de vivienda media y de interés social.
Por esto, para su amigo y compadre, Juan José Risoul, don Carlos de la Peña fue un gran empredendor, “un empresario que tuvo mucho éxito en los negocios que emprendía, un gran ejemplo tanto como padre, como hombre, como profesionista y servidor público entregado”, puntualizó.
Herencia para los suyos
A lo largo de su vida, don Carlos de la Peña dejó grandes aprendizajes en todas aquellas personas que convivieron con él, especialmente su familia.
Como dice doña Silvia de las Fuentes, la sonrisa de su marido era característica y siempre estaba presente en este hombre responsable con su trabajo, con su vida familiar, social y espiritual.
“Se volvió aficionado en los últimos años a poner alimento a los colibríes, a los que observaba desde la silla donde solía sentarse a leer en el jardín por las tardes”, recuerda doña Silvia.
Asimismo, todo esta valor por la vida y los pequeños detalles quedó como una huella en la identidad de sus tres hijos, quien ahora navegan con el amor que les heredó su padre y que seguramente ellos dejarán a sus hijos.
“El amor a la familia y apoyarnos nosotros es su mayor legado, el ser tolerantes porque nosotros tres como hermanos somos diferentes, pero nos enseñó a convivir y aceptarnos como somos”, apuntó Silvia Estela de la Peña.
De esta manera, la imagen de don Carlos estaría incompleta si sus valores como la responsabilidad y la nobleza con la que mantenía un trato igual para todos, con una gran capacidad para pedir perdón y reconocer los errores.
Por últimó, Liliana destacó la fe que le heredó su papá como un gran tesoro, “un valor que nos trasmitió fue su fe en Dios, siempre nos inculcó el ir a misa, incluso él hasta fue monaguillo en Catedral”, explicó.
Era su gran tesoro
No cabe duda que la familia era lo más valioso para don Carlos de la Peña, quien en cada oportunidad que tenía les demostraba todo su cariño.
Recuerda doña Silvia que como familia tuvieron la oportunidad de conocer muchos lugares alrededor del mundo.
Tan solo el año pasado hicieron un viaje todos, hijos y nietos, a China y Japón.
Una espiritualidad activa
Recuerdan sus hijas que desde que vivían en el centro de la ciudad, entre las calles de Hidalgo y Aldama, su padre les inculcó la asistencia a misa todos los domingos.
Este hábito se extendió para toda su vida, incluso cuando se mudaron a Los Valdez, al norte de la ciudad, donde don Carlos de la Peña comenzó a participar activamente en la comunidad eclesiástica de aquella zona.
Tan solo hace un par de años, por medio del patronato de Santa María Reina de los Apóstoles, don Carlos impulsó junto al padre Mario Cruz la restauración de la Capilla dedicada a San Pedro, localizada en la carretera a Los González, antes de llegar al bulevar José Narro Robles.

Obras como servidor público
Durante su etapa como presidente muncipal, don Carlos de la Peña realizó diferentes obras para la población, entre las que destacan:
-Agua: uno de sus principales logros durante su ejercicio como Presidente Municipal fue la rehabilitación de los pozos de agua existentes, juntamente con dependencias federales.
-Biblioteca Elsa Hernández De las Fuentes: el edificio que fue anteriormente comandancia de policía fue rehabilitado y acondicionado.
-Archivo Municipal: ya para terminar su gestión en 1987, se adquirió el antiguo edificio del hospital de ferrocarriles.
Obras públicas del estado:
-Diseño y construcción del centro de convenciones.
-Construcción de gimnasios en Torreón, Monclova y otros municipios.
-Diseño y construcción de la Procuraduría del Estado.
-Carretera Acuña-Santa Eulalia.
-Carretera San Buenaventura.
“Doy gracias a Dios por haberme permitido vivir a su lado, gozando de su riqueza personal y formar nuestra familia”, Silvia de las Fuentes, esposa.
“Muy contenta de que Dios me lo haya regalado como papá, estoy súper bendecida con eso”, Silvia Estela de la Peña.
“Me quedo con la imagen de un papá muy sencillo, servicial, cariñoso y una excelente persona, lo extrañaré demasiado, pero siempre muy agradecida por su tiempo”, Liliana de la Peña.
“Era una gente siempre amable, siempre sonriente, daba gusto encontrarse con él”, Aldegundo Garza.
“Fue un gran amigo, siempre traía la sonrisa en la cara, siempre tenía una palabra de aliento para todos”, Macario González.
“Es una gran pérdida, fue un hombre que dejó una huella, no solo en mí como sacerdote, sino en la comunidad que siente su partida”, Pbro. Mario Cruz.
“Es difícil encontrar amigos sinceros en el servicio público, pero Carlos en el medio político y empresarial siguió siendo la misma persona”, Miguel Arizpe.
“Lo extraño mucho, le agradezco por su amistad que siempre me brindó”, Juan José Risoul.
“Como cristiano muy buen religioso, practicaba todos los principios del Evangelio y le gustaba servir a la gente”, Pbro. Humberto González.
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