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| María Trinidad Cantú Cortés, madre del minero Raúl Villasana.

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Pasta de Conchos; parece que fue ayer

  Por Elvia Salimé Zamora Manrique

Publicado el jueves, 19 de febrero del 2026 a las 04:00


Durante años, la versión oficial sostuvo que una explosión de gran magnitud había desintegrado los cuerpos

San Juan de Sabinas, Coahuila.- Hoy se cumplen dos décadas desde la tragedia de Pasta de Conchos que marcó a decenas de familias, pero para María Trinidad Cantú Cortés, madre de uno de los mineros atrapados, la espera sigue intacta, suspendida en el mismo dolor de aquel día.

Raúl Villasana Cantú tenía 32 años cuando ocurrió la tragedia.

“ Para mí, este aniversario, ya 20 años, es como si el tiempo no pasara, parece que fue ayer, me sigue doliendo, sigo recordando todo y anhelando que pronto me hablen para decirme que ya encontraron a mi hijo”, dice con la voz entrecortada.

Su hijo, Raúl Villasana Cantú, tenía 32 años cuando quedó atrapado en la mina, era un hombre joven, casado, muy responsable, padre de un niño de cinco años y de dos niñas de 13 y 14. 

“ Él vivía de su casa al trabajo y del trabajo a la casa, -recuerda- antes trabajaba en una tienda elaborando chorizo, pero a los 22 años decidió entrar a la mina para ganar un poco más de dinero, como su padre, porque la minería es casi el único camino laboral para muchas familias”.

En Pasta de Conchos llevaba siete años trabajando y su labor consistía en rescatar y acomodar las vigas que sostenían el techo de la mina, una tarea delicada y riesgosa. 

“ Desde hacía tiempo, -dice doña Trini- se sabía que la mina era insegura, e incluso poco antes del accidente, Raúl comentó a su padre las exigencias que enfrentaban bajo tierra”. 

“ Mi esposo le dijo que eso era algo muy delicado, que se les podía caer encima, pero mi hijo repetía que tenía familia, que tenía que mantenerla y que era el único trabajo donde pagaban un poquito más”.

En febrero de 2006, cuando ocurrió el accidente, doña Trini se encontraba en Estados Unidos, visitando a una hija, tenía un mes que no veía a Raúl y fue otro de sus hijos quien la llamó para avisarle que había ocurrido una explosión en la mina y que no habían podido rescatar ni a él ni a ninguno de los trabajadores atrapados.

Regresó de inmediato y se dirigió directamente al lugar, “había muchísima gente, yo no sabía qué pasaba, estaba desorientada, la empresa aseguró inicialmente que los rescatarían, pero a los ocho días después, nos informaron que todos habían muerto, la noticia fue muy fuerte, estábamos  en shock, llorando, desesperados, impotentes de no poder hacer nada”, relata.

Entre sus tristeza comprendió que su hijo no volvería con vida, pero confió en que al menos recuperarían su cuerpo, como estuviera ella eso pedía, pero tampoco fue así.

Doña Trini se instaló durante un año a las afueras de la mina, junto a su esposo, decidieron permanecer allí para estar presentes en el momento en que iniciaran las labores de rescate; vivieron en una pequeña sala que los mineros utilizaban para descansar, soportaron frío y todas las inclemencias de la naturaleza.

Su esposo falleció hace nueve años sin ver cumplido el anhelo de recuperar a su hijo, “él luchaba conmigo, viajaba a todas las reuniones, memoriales, a todo, pero su salud empeoró y me dijo síguele echando ganas, estás fuerte, ojalá un día se rescate, eso es lo que me pidió y lo sigo haciendo”.

Hoy, con 75 años y un desgaste evidente en su salud que le dificulta caminar, la fe es lo que la mantiene en pie, este año deseaba viajar a la Ciudad de México para el memorial, pero el trayecto resulta demasiado cansado.

Siempre nos dijeron mentiras 

Durante años, la versión oficial sostuvo que una explosión de gran magnitud había desintegrado los cuerpos, sin embargo, en los trabajos recientes se han recuperado ya 25 restos, muchos de ellos completos, con ropa de trabajo y equipo, como el autorrescatador.

“ Es muy triste pensar en lo que realmente ocurrió, la empresa dijo durante años que una explosión muy grande los había desintegrado y estamos viendo cómo van saliendo todos los huesitos intactos”, afirma.

Para ella, la justicia no se limita a recuperar los restos, justicia es conocer la verdad y que paguen los culpables por todo este sufrimiento.

Como madre, dice, es un sufrimiento que no le desea a nadie, “la herida duele todos los días, los hijos duelen mucho, para mí el tiempo no transcurre, todo parece que sucedió ayer”.

Veinte años después, doña Trini sigue esperando la llamada que le permita cerrar el duelo, pide a Dios fortaleza y salud para resistir hasta ese momento, porque mientras no reciba los restos de Raúl, la espera continúa.

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