Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el martes, 4 de mayo del 2021 a las 04:00
Sabinas, Coah.- Este año de pandemia, las calles han aumentado considerablemente las cifras de perros abandonados. Pedro Armendáriz Zárate, en su centro de adopción “Patitas de Paz”, alberga a aproximadamente 90 perros abandonados, muchos de ellos enfermos o en severo grado de desnutrición.
“ Es vergonzoso que siendo el perro el mejor amigo del hombre, el hombre sea el peor enemigo del perro”.
“ En mi niñez fui afectado con el virus de la poliomelitis, lo que me impedía caminar, mi manera de desplazarme era arrastrándome por el suelo, pero mi madre María del Pilar Zárate nunca perdió la fe de que pudiera caminar, hizo de todo, hasta que vio el fruto de su trabajo convertido en el milagro de verme de pie”.
Era una mujer de campo, amante de los animales, me enseñó a cuidar de ellos con el mismo amor que cuidaba de mí.
“Patitas de Paz” es un homenaje a la mujer que no sólo me dio la vida, me enseñó con su ejemplo a descubrir cuál era el propósito de Dios en mi vida.
Desde hace nueve años “Patitas de Paz” ha sido el hogar de más de 500 perros abandonados, enfermos o maltratados.

Todos tienen una historia desgarradora, en los inicios del albergue recuerdo a Milk, estaba amarrado de una patita trasera con un alambre, el alambre se le encarnó y le fue gangrenando su extremidad.
Sacarlo de donde estaba me costó recibir golpes aun con mi discapacidad; cuando lo liberé, el veterinario no lo pudo salvar de una amputación. El perrito tenía cicatrices de quemaduras y golpes en todo su cuerpo.
Tantas secuelas dejó en su memoria la tortura a la que fue sometido por años, que no pude integrarlo a una familia, desde que se fundó el albergue ha estado conmigo, pero es un logro inmenso cuando permite que al menos yo lo alimente y lo acaricie.
Como él hay muchos, animales con tumoraciones, con amputaciones, con el dolor de las calles reflejado en su cuerpo y su mirada.
Muchas familias adquieren mascotas como juguetes desechables para sus hijos, otros cuando se ponen viejos y empiezan a dar trabajo los abandonan.
Entonces yo me pregunto, ¿como familia y como sociedad, qué ejemplo les damos a nuestros niños?, el de desechar a un ser que te amó cuando ya no te sirve.
Es tan difícil educarnos en el amor, la responsabilidad y la empatía.
Entender que no tenemos un perro, que es el perro el que nos tiene a nosotros y eso significa compromiso, dedicación y trabajo.
Actualmente “Patitas de Paz” es el hogar de casi 90 perritos, y aunque siempre hay corazones llenos de bondad que se suman a nuestra labor, hay días muy difíciles.
Destino el 90% de mi trabajo como estilista a medicamentos y alimento, pero no es suficiente, la mayor parte del tiempo tengo que racionarles la comida para que todos alcancen.

Por momentos me supera la desesperación, el cansancio y la apatía social.
Entonces es cuando regresa a mí la fortaleza de mi madre, si la desesperación hubiera sido más grande que su amor, simplemente estuviera postrado a una cama.
Cuando los veo mover su rabo y ladrar de alegría, sé que todo vale la pena.
Retirarlos de las calles es todo un proceso, hay que curarlos, medicarlos, alimentarlos, estirilizarlos y orar porque una buena familia les abra las puertas de su hogar y de su corazón.
Los índices de adopción son sumamente bajos y un perro que ha sido marcado por la maldad humana es todo un reto, pero la fidelidad y la gratitud que sólo ellos saben mostrar no tiene precio.

Cada día lucho por ser una buena persona, como todos, a veces fallo, pero es porque solo soy humano, no soy perro como ellos.
Muchos de los que han llegado no logran salvarse y no sé si van al cielo, pero cuando me toque partir de este mundo, sería un privilegio irme a donde se van los perros.
Me han enseñado que sólo una madre y un perro dan la vida por el hombre.
Pero mientras respire, no dejaré de luchar por ellos.
Sueño con tener un albergue mucho más grande y en mejores condiciones, pero también me gusta soñar que tengo un albergue vacío porque ya no hay perros sin familia, sólo hay familias bendecidas con el amor de perro.
Pedro Armendáriz Zárate
Fundador del Albergue y Centro de Adopción “Patitas de Paz”.
Un albergue de puertas abiertas ubicado en la Villa de Agujita.
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