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Por
Leticia Espinoza
Publicado el sábado, 18 de abril del 2009 a las 14:44
Con sus manos practica la sanación a través de la energía
San Pablillo, N.L.- Llegar hasta San Pablillo, en Galeana, Nuevo León, es sencillo. La carretera a Doctor Arroyo lleva directamente hasta ese pueblo perdido entre la sierra de Nuevo León, donde han llegado incluso altos funcionarios estatales y la gente más común, para ser atendidos por la señora Paty, una mujer dedicada al espiritismo, a quien se le atribuye el don de la sanación.
La casa ubicada a las orillas de la carretera también es fácil de identificar, los lugareños ya la conocen como la señora de Pablillo; a unos cuantos metros se pueden ver los autos estacionados de la gente que espera: niños, mujeres y hombres cuidan su turno, que ha llegado a ser hasta el número 40 en un día.
Desde el portal se observa un mostrador y detrás, cientos de veladoras, señal inequívoca de que ese es el sitio indicado. No se trata de una mujer de edad avanzada vestida con túnicas, sino de una mujer ordinaria que cuida su personalidad.
Dice que tiene 47 años de edad y ocho los ha entregado a la sanación de otros, porque eso se ha convertido en su vida, casos de sanación como el de un joven de Aramberri que no caminaba, o un niño de 9 años con cáncer, (sobrino de un funcionario de Nuevo León) se le adjudican.
Y pese a que una vez que se entra en el cuarto de curación, los cirios y la estrella de David parecen asociarse con ritos mortuorios, dice que el terreno de la sanación no se acerca a la Santa Muerte y aclara: “Lo mío es la sanación, pasar energía y ya”.
Ella se apoya en una “corte de caballeros”, así lo expresa, ellos cuidan su espalda, tras ser colocados en un altar donde realiza sus operaciones, cuyo retablo es encabezado por san Cipriano.
“San Cipriano es el brujo más grande de la historia universal, pero llegó a transformarse y ser obispo, un suceso le cambió la vida: un mercader le pidió que le hiciera un trabajo para que él pudiera casarse con una doncella muy bella, el brujo, que podía matar con la mirada, hizo lo posible e invocó al diablo para preguntar por qué no lo conseguía, y le dijo que ella le pertenecía Dios, esto lo hizo cambiar, porque como las cosas del diablo no le servirían, se convirtió a la cristiandad”, relata.
Es así como cerca de 100 personas, de las cuales 10 son mujeres, que trabajan con san Cipriano, al que invocan con rezos, cantos, hierbas y aromas. Santo que una vez más será llamado para celebrar la fiesta de cumpleaños de la señora Paty por primera vez en San Pablillo, donde se espera que éste sábado por la tarde se congreguen los testimonios de aquellos a quien ha impuesto sus manos para sanar.
LA SANACIÓN
“Lo mío es la sanación, pasar energía y ya”, aclara antes de iniciar la charla y explica que su labor no requiere hacer los llamados “trabajos”, pues en su terreno san Cipriano siempre le habla para decirle que se deshará todo trabajo hecho en altar, iglesia o pantano, pero aunque los trabajos más difíciles son aquellos hechos de acción, lengua y pensamiento.
“Mucha gente viene con el espíritu bajo, yo soy guía espiritual, estoy en el don de la sanación, y como guías nos ubicamos en el espíritu de las personas, y cuando uno lo ubica salen toda clase de enfermedades”, menciona.
En todo momento el sitio se llena con las voces tenues de la mujer y sobresalen los cánticos instrumentales y de alabanza, pues dice que lo que hace es trabajar con la música, porque es una oración más grande y llena de gozo.
Afirma que el espíritu está en la espalda: “uno nace directo como el espíritu, cuando una persona tienen problemas se inclina y el espíritu empieza a encontrar salida; un ejemplo, es el de las mujeres cuando se alivian, caminan agachadas, el que tiene problemas económicos o sentimentales y con la edad avanzada uno también se inclina”.
Menciona que san Cipriano la llama a ver cómo está el espíritu de la gente, y ese debería ser el trabajo de todos los curanderos, porque cuando el espíritu empieza a salirse del cuerpo se pierde todo.
Y aunque el cuerpo suele disimularlo todo, el espíritu no, pues aunque llegan personas muy enfermas, hay algunas que sólo necesitan que les digan “estoy contigo”, mientras son envueltos entre el olor a inciensos y aceites.
En medio de la sierra donde se ubica San Pablillo, la señora Paty trabaja con hierbas que la naturaleza pone a disposición del ser humano y utiliza una infusión llamada “té de doble curación”.
Enuncia que se compone de laurel, ajo y sábila, esta última asociada con la prosperidad, el ajo para alejar a los demonios, y el laurel porque con él recibieron a Dios nuestro señor, mientras que las propiedades curativas de estas hierbas resultan maravillosas.
A lo largo de siete meses, en Galeana ha trabajado de esta forma como anteriormente lo hizo en Monclova, demostrando que existen muchos detalles en la vida, pero la fe es el más grande.
Reitera que los trabajos más grandes que se hacen son los hechos con lengua, el pensamiento y acción, como el hecho de arrojar tierra de panteón, no porque la tierra será maligna, sino por lo que generó psicológicamente esta acción, por las emociones que las palabras también desatan.
Y una vez más señala que de ninguna manera los que trabajan con el espiritismo están cerca de la Santa Muerte, porque esta última tiene bien marcados sus terrenos, como lo hace la calavera con las drogas, de hecho manifiesta que es católica y que cree en las religiones porque son el vínculo de unión con Dios.
RECUERDOS
Procedente de Monclova, la señora de Pablillo, (como ya la empiezan a llamar), es como cualquier otra mujer, cuida su maquillaje y el arreglo de su cabello, quizá porque anteriormente se dedicó a la belleza; sus ojos verdes resaltan en su tez morena; el rosario que rodea su cuello es quizá uno de sus signos, pero no la adornan largas túnicas que acompañan a otros curanderos.
En Monclova perdió su casa, y su esposo, al que creía era su amor y en quien buscaba consuelo, en ese lapso su hijo se hundía en la drogadicción, mientras que su hija sufría por enfermedades del riñón, al tiempo que embargarían su estética al ser defraudada por un contador, quien no pagó las cuotas del seguro médico de una de sus trabajadoras.
“Yo pedía que me ayudara quien fuera, el mismo diablo, pero me tocó San Cipriano cuando estaba frente a un altar con una señora que trabajaba con todo tipo de santos, muchos trabajan con niños… Yo trabajo con los de arriba, con san Cipriano, con los arcángeles, con Dios, porque la sanación sólo se da con él”. Menciona la espiritista que desde pequeña fue juzgada loca por su familia en su afán futurista.
Ahora que inició de nuevo en San Pablillo, dice que sueña con tener dos fincas: una dedicada a san Cipriano y otra que lleve su nombre.
“La vida te marca, siempre tenía gente tras de mí, pero no sabía por qué, le doy gracias a Dios por darme la oportunidad de manifestarme entre otra gente”, dice mientras procede a imponer sus manos en el hombro de una mujer que no puede mover el brazo derecho.
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