Piedras Negras
Publicado el martes, 28 de octubre del 2025 a las 04:06
Piedras Negras, Coahuila.- Entre el bullicio de las calles de Piedras Negras, en una de las paradas de transporte urbano más visitadas, una voz rompe la rutina, la cual viene de una pequeña bocina.
Se trata de Pedro, un cantante orgullosamente garífuna, originario de La Ceiba, Honduras, quien se gana la vida cantando en diferentes lugares, donde comparte principalmente baladas, el género que más le gusta interpretar.
Pedro Telésforo Chávez viene de una tierra de donde la música es más que un pasatiempo, es identidad.
“ Aquí en México sólo Dios y ustedes los mexicanos son mi familia y el tiempo que tengo aquí, he tenido altas y bajas, pero la vida sigue su curso”, indica.
“ Soy garífuna, negro garífuna, soy autóctono original, afrodescendiente, mi lengua natal es garífuna. En mi país somos mezclados, orgullosamente negros afrodescendientes”, resalta.
Precisa que en México se conoce la música punta, genero de musica y danza originado en la etnia Garífuna de Honduras, de donde él proviene, sólo por la canción Sopa de Caracol, la que en realidad no les representa.
“ Aquí en México, conocen la música punta sólo por oír Sopa de Caracol, pero esa canción no es la verdadera punta, punta es lo que bailamos nosotros los negros, con nuestros atuendos, nuestros bailes, tocando los tambores, las maracas y así sucesivamente”, añade.
“ Anduve en los grupos musicales de mi país tocando música punta con el grupo Kazzabe, un grupo famoso y otros grupos musicales, pero siempre tuve la inquietud de cantar otros géneros musicales, como el pop latino en español”, apunta.
Pedro recorre las calles y plazas a donde lleva su voz, pero también los sábados y domingos se presenta en algunos negocios.
“ Tengo una bocina grande, la uso sábados y domingos en Quesadillas Ale, pido permiso a cantar también en taquerías, restaurantes”, indica.
Con los sueños de un joven, Pedro Salió de Honduras buscando oportunidades, atravesó las fronteras con fe y con el corazón lleno de música.
“ Tenemos el sueño americano, muchas personas piensan que al llegar a Estados Unidos vas a menear un árbol y te van a caer los dólares”, dice.
“ Hay gente mexicana y hondureña y otros países que tienen hasta tres trabajos para poder hacer un poquito, entonces aquí estoy en un lugar donde también se puede trabajar. Cuando sales con espíritu de trabajo, China, Rusia, Francia, Noruega, a donde Dios te lleve, trabajas ahí”, subraya.
Entonces salió de su país con un sueño, pero también huyendo de lo que hoy en día pasa en su tierra natal, pero que prefiere no decirlo y así salió buscando conocer también México, nación que sólo conocía por la televisión, por las películas mexicanas.
Salió con el sueño o el anhelo de grabar en un estudio las canciones que ha escrito y que por fin puedan llegar a mucha gente.
Pedro vivió siete años en Coatzacoalcos, Veracruz, donde trabajó en restaurantes, voceo en mercados y cantó junto al mar.
“ Ahí residí siete años, Migración por mi comportamiento me exoneró, me dio mi residencia mexicana de por vida”, apunta.
“ Ahí en Coatzacoalcos tenía dos bocinas grandotas, trabajaba en los restaurantes, ahí por las riberas del río y cuando no quería cantar, me iba a los mercados a vocear a los centros comerciales, sí también porque creo también tener voz comercial, también fui locutor, cuando estaba en mis 20 años, pero mi pasión es y será siempre la música”, subraya.
Con su residencia permanente en México, Pedro decidió venir a la frontera, al buscar cruzar a Estados Unidos. Pero luego de intentar llegar al vecino país sin éxito, decidió establecerse en Piedras Negras, donde ya tiene tres años.
“ Pago 100 pesos diarios donde yo vivo, porque aquí en frontera es difícil que le alquilen a un emigrante arrendamiento que uno pague mensual, en otros estados como Coatza, sí hay cuarterías donde rentan a los emigrantes y tranquilo, en paz”, comenta.
“ Todos los días salgo a buscarle a la vida con mi bocinita, la monedita me sirve, gracias a Jehová que me provee”, agrega.
Por no saber utilizar bien el celular, perdió la oportunidad de pedir asilo en Estados Unidos, intentó cruzar cinco veces de forma irregular y lo deportaron.
“ Me agarró la migración norteamericana, pero vieron mi residencia mexicana y dijeron, oh black mexican y me tiraron para acá”, indica.
Sufre discriminación
El hombre que recién cumplió su siglo de vida ha enfrentado discriminación por su color de piel, pero él responde con fe y canciones.
“ Hay personas que lo subestiman a uno, que lo minimizan a uno por ser emigrante, por ser negro y hablan en un tono con una despectiva hacia la persona”, dice.
En una ocasión que regresaba de cantar, relata que un hombre que iba en su bicicleta lo rodea y le puso la bicicleta enfrente.
“ Me dice pasa blacky, sólo me hice un lado y seguí mi camino. Esa persona no va a buscar quién le hizo daño, va a buscar quién se lo pague, si yo lo agredo a él, la Policía no va a entender que él tuvo la culpa, una, orgullosamente soy negro y dos, soy emigrante. Sólo me hice un lado y seguí mi camino”, relata.
Otro día, dos hombres le dijeron groserías, sin tener un motivo.
“ Eso me duele en el alma, me duele muchísimo, porque no les he hecho nada, ni los conozco y de repente impulsivamente se dirigen a mi persona de esa forma, pero eso yo lo supero por personas como usted que me toman en cuenta”, apunta.
Busca cumplir su sueño
Pedro no pierde la esperanza de cumplir su más grande sueño, el poder grabar las canciones que ha compuesto y que éstas lleguen a más personas.
“ No pierdo la fe y la esperanza, ya sea aquí o en donde sea, encontrar un estudio para grabar, pero sí me gustaría que fuera México”, dice.
Relata que hizo una canción del género punta, la cual pegó mucho en su país y se llama “La Milagrosa”, la cual grabó el Grupo G, que luego se llamó Fuerza Garífuna.
Canta de todo, desde baladas de José José, boleros de Sandro, pop de Luis Miguel, hasta rancheras de Vicente Fernández.
“ Canto de los Tigres del Norte, canto de Luis Miguel, Miguel Bosé, soy versátil, canto rock en español, rock en inglés y han habido muchas personas que me han llevado a convivios en sus casas y me gusta”, apunta.
Su historia, más que un testimonio migrante, es un canto a la dignidad. Una voz que, entre bocinas y sueños, no se apaga.
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