Monclova
Por
Mario Valdés
Publicado el lunes, 13 de julio del 2026 a las 04:00
Monclova, Coah.- Durante la homilía de este domingo en la parroquia Santiago Apóstol, el párroco Néstor Martínez exhortó a la comunidad católica a abrir su corazón a la Palabra de Dios y permitir que ésta transforme la vida de las personas, comparándola con la lluvia que fecunda la tierra y hace brotar abundantes frutos.
En su reflexión, basada en las lecturas del XV Domingo del Tiempo Ordinario, el sacerdote recordó el mensaje del profeta Isaías, quien compara la Palabra de Dios con la lluvia y la nieve que descienden del cielo para empapar la tierra, hacer germinar las semillas y regresar después de haber cumplido su misión.
“Así debe actuar también la Palabra de Dios en nuestro corazón. Debe llegar hasta lo más profundo para renovarnos y dar frutos de bien”, expresó.
Posteriormente, el párroco explicó la parábola del sembrador narrada por Jesucristo, señalando que la semilla representa la Palabra de Dios y que la diferencia radica en el terreno donde cae, el cual simboliza el corazón de cada persona.
Invitó a los fieles a preguntarse qué impresión tendría Dios al contemplar la forma en que cada uno ha escuchado y vivido su mensaje a lo largo de la vida, destacando que no basta con emocionarse durante una celebración religiosa si esa emoción no se convierte en una fe firme.
Néstor Martínez advirtió que muchas personas permiten que las emociones dirijan su vida espiritual, lo que provoca que, tras experimentar entusiasmo en una misa, una predicación o una Hora Santa, abandonen fácilmente sus compromisos con Dios ante cualquier dificultad o distracción.
“Las emociones son buenas compañeras de camino, pero no deben ser el timón de nuestra vida. El timón debe ser nuestra fe y debe ser Jesucristo”, afirmó.
Asimismo, explicó que la semilla que cae entre espinos representa las preocupaciones, tentaciones y atractivos del mundo que terminan alejando a las personas de Dios e impiden que la Palabra produzca frutos.
El sacerdote invitó a discernir aquello que realmente acerca al Señor y a rechazar todo lo que aparta de la Iglesia y de la vida cristiana.
Finalmente, llamó a los creyentes a convertirse en tierra fértil, eliminando la “maleza” espiritual que impide crecer en la fe, para que la Palabra de Dios produzca abundantes frutos de amor, servicio y esperanza.
“Fuimos creados para el bien. Somos más los buenos y este mundo necesita que cada uno dé frutos buenos. Si en nuestro corazón hay maleza, es tiempo de arrancarla y dejar que la Palabra de Dios crezca con fuerza”, concluyó el párroco antes de continuar con la profesión de fe.
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