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Por
Leticia Espinoza
Publicado el domingo, 20 de marzo del 2011 a las 15:00
Saltillo, Coah.- Desde la Catedral de Saltillo, donde ahora funge como vicario, el padre Maurino Salas pidió apoyo a toda la feligresía católica para continuar con el proyecto del Centro de Rehabilitación para Alcohólicos y Drogadictos Divina Providencia, que fundó como párroco en la colonia La Minita, pues existe una sobredemanda en el albergue y son pocos los recursos.
“Tenemos 70 personas en la casa de rehabilitación; tenemos mucha demanda, pero la casa sólo tiene capacidad para este número de personas, a los que llegan se le tiene que decir que no”, señala el sacerdote.
Explica que se trata de un proyecto que inició hace 6 años en la colonia El Tanquecito, para jóvenes y adultos hombres mayores de 18 años que son víctimas de las adicciones. La casa funciona gratuitamente porque está orientada a gente de escasos recursos, principalmente, pero ahora es difícil su sustento.
“Antes se mantenía de las colectas en Nuestra Señora del Tepeyac, donde yo era párroco, y ahora pedimos ayuda en Catedral, y a toda la comunidad que tenga la facilidad de apoyarnos con despensas o recursos económicos, lo aceptamos para el sostenimiento”, comenta el padre Maurino.
Incluso, invita a la gente que tenga una casa grande para que los apoye de esta forma, porque donde se ubica actualmente es propiedad de la parroquia de Nuestra Señora del Tepeyac y en un futuro requerirán de instalaciones propias.
PROYECTO SOCIAL
Relata que en el sector de La Minita duró 10 años y medio, lapso en el que se dio a la tarea de trabajar sobre la problemática de adicciones en las bandas: “Empezamos a visitar las bandas y los mismos adictos pedían rehabilitarse; entonces la casa de rehabilitación la hicimos la comunidad de Nuestra Señora del Tepeyac y yo”, menciona.
Ya después con la casa de rehabilitación la problemática aminoró en este sector del oriente de la ciudad, donde se saneó el ambiente al que tenían que regresar los jóvenes para que no dieran un paso atrás en su cambio.
La casa Divina Providencia se convierte, entonces, en un proyecto social, no sólo católico, sino que lo sostiene en la Iglesia donde, según el presbítero, los jóvenes son tratados con mucha dignidad porque son hijos de Dios.
“Yo siempre les digo a las personas que los rehabilitan que tengan en cuenta que tratan con hijos de Dios; no son pandilleros o malvivientes, son hijos de Dios”, puntualiza el sacerdote católico.
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