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¿Por qué surgió el normalismo porfirista?

  Por Federico Muller

Publicado el domingo, 30 de agosto del 2026 a las 04:00


Era tanta la urgencia de preservar la estabilidad política, la industrialización y una fuerza laboral capacitada.

Saltillo.- La interrogante que surge al estudiar la ruta del normalsimo en México –y que de vez en cuando también se plantean los historiadores de la Revolución Mexicana– es la siguiente: ¿por qué Porfirio Díaz apoyó financieramente la creación de las escuelas normales, si lo que menos parecía interesarle era la alfabetización de los peones de las haciendas mexicanas?

La paradoja encuentra su explicación en la economía regional. Esta breve investigación responde a esa pregunta y, además, rescata la participación de algunos protagonistas –muchos de ellos poco recordados– que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la educación en México. Fueron los arquitectos de las normales, instituciones destinadas a la formación de profesores.

¿Por qué el porfiriato necesitó maestros?

Durante el ejercicio del poder porfirista destacó un grupo de hombres con estudios universitarios que asesoraba al presidente Díaz en sus decisiones socioeconómicas. Su visión era modernizar la economía mediante la explotación de los recursos naturales, impulsada por la inversión extranjera. Para ello era indispensable preservar la estabilidad política, diseñar un modelo exportador sustentado en la industrialización de las principales actividades productivas y disponer de una fuerza laboral mínimamente capacitada: obreros capaces de leer, escribir, contar, interpretar manuales y manejar instrumentos de medición.

Los primeros sectores en recibir capitales ingleses y estadunidenses fueron el energético (minerales, petróleo, gas) y el de comunicaciones y transporte (ferrocarriles, embarcaciones marítimas), que demandaban obreros con cierta especialización. El modelo agrícola basado en haciendas estaba agotado; en su ocaso había dejado pobreza, desigualdad en el ingreso familiar y marginación. El 80% de la población vivía en el campo, predominaba el analfabetismo y persistían levantamientos armados en algunas regiones. Con el cambio de modelo económico, la educación dejó de ser exclusivamente elitista: las familias de los peones encontraron la oportunidad de ingresar a una normal pública. Aunque la ideología conservadora de las clases económicas altas no se transformó, sí se adaptó a las nuevas condiciones del modelo exportador. Reconocían que sin maestros no habría obreros.

La creación de las escuelas normales públicas rompió el monopolio del clero en la educación magisterial

Si bien durante su gestión Porfirio Díaz fue respetuoso de la participación del clero católico en la sociedad mexicana, optó por mantener las leyes de reforma juaristas sobre los bienes eclesiásticos, lo que le permitió ampliar su poder político. La formación de profesores ya no dependería de un proveedor privado confesional. Con el advenimiento de las escuelas normales –laicas y gratuitas– se enseñaba español, aritmética y el sistema métrico decimal, para que indígenas y campesinos pudieran incorporarse al mercado como consumidores y trabajadores asalariados.

Los arquitectos de las escuelas normales

Joaquín Baranda

Secretario de Justicia e Instrucción Pública (1882-1901)

Consolidó la educación primaria gratuita, laica y obligatoria; fundó la Escuela Normal Nacional de Maestros.

Ignacio Manuel Altamirano

Magistrado presidente de la Suprema Corte (1876-77), diplomático.

Defendió la instrucción primaria laica; fundó la Escuela Normal de Profesores.

Enrique C. Rébsamen

Director de la Normal de Xalapa (1886-1901); director general de Enseñanza Normal (1901).

Introdujo métodos pedagógicos modernos; reorganizó Normales en varios estados.

Luis A. Beauregard

Director de la Normal de Saltillo; legislador en Campeche.

Redactó leyes educativas; impulsó normales en Campeche y Yucatán.

Miguel F. Martínez

Director de la Normal de Nuevo León (1881); director general de instrucción Pública (1892-1900)

Fundador y organizador de la enseñanza Normal en Nuevo León; reformó la Normal estatal.

Andrés Osuna

Fundador de la Normal de Saltillo (1894); director de instrucción Primaria en Coahuila.

Pionero de la sicología pedagógica; escribió uno de los primeros tratados mexicanos sobre el tema.

Dos visiones sobre la enseñanza en las Normales de México: Enrique Conrado Rébsamen e Ignacio Manuel Altamirano

El primero se formó como profesor, en un contexto socioeconómico muy diferente al de Mexico. Los planteles de educación suizos y alemanes educaban a estudiantes que llegaban a las aulas desayunados y con disposición para aprender y cuestionar –en su caso– la lección recibida de su profesor. La actitud crítica de los estudiantes obligó a que se vinculara la teoría con la práctica del futuro profesor. Una forma de lograrlo fue, lo que más tarde Rébsamen propuso para México: la creación de escuelas-laboratorio adjuntas a las Normales.

Al aceptar la invitación de un grupo de intelectuales mexicanos de venir a México, lo que encontró fue un pueblo analfabeto, comunidades que no hablaban bien la lengua de los conquistadores españoles y una pobreza extrema en los peones de las haciendas. Sin embargo, aceptó el desafío y plasmó su modelo educativo con la creación de la escuela Normal de Xalapa.

Por otra parte, y desde otra trinchera, el guerrerense Ignacio Manuel Altamirano propuso en el currículo de los planes de estudio de la Normal de Profesores de la Ciudad de México, asignaturas como medicina doméstica, formación cívica, catecismo político, higiene, y lenguas autóctonas. Con el tiempo, ambas visiones terminaron convergiendo. Rébsamen aportó la profesionalización pedagógica, la práctica docente y la organización científica de la enseñanza; Altamirano contribuyó con una formación humanista, cívica y nacional.

De la combinación de estos enfoques surgió buena parte del modelo de maestro que México requería para consolidar su sistema educativo durante el siglo 20, particularmente después de la Revolución Mexicana.

 

Continuará…

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