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Agencias
Publicado el martes, 15 de marzo del 2016 a las 15:02
Ciudad de México Una pareja se manda videos desnudos, estimulándose o practicando el coito, y las comparte durante semanas por WhatsApp. Es un juego en el que ambos están dispuestos a confiar en que todo lo que se manda quedará entre ellos. Pasan los meses y un día se pelean. Al tiempo, las imágenes se viralizan. Se trata de una práctica de la que ambos disfrutaban de formar parte que se convierte en una venganza: la humillación pública en las redes sociales.
Ventilado principalmente a figuras del espectáculo, los deportes o en estrellas del modelaje, el llamado “revenge porn” o porno-venganza, se ha convertido en un nuevo modelo de transgresión para hombres y mujeres alrededor del mundo. Sin importar edad, condición social, clase económica, preferencia sexual o credo, la “inocente” actividad para ligar y establecer vínculos puede llevar a los usuarios a ser víctimas de un acoso perpetrado por una sola persona para diseminarse entre sus familiares, amigos, maestros, e incluso con sus parejas actuales si fue una práctica de infidelidad o de años anteriores.
En una encuesta efectuada por la Alianza por la Seguridad en Internet en 2013 a 10 mil estudiantes, se encontró que el 36.7% admitió conocer a alguien que ha enviado imágenes de desnudo o semi-desnudo por Internet. El contexto, pues, está dado para que la porno-venganza se extienda.
ACOSO O AMENAZA
El morbo es el elemento clave para la propagación de estos videos. Alicia Rosas Rubí, fiscal central para la Investigación de Delitos Sexuales de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, reconoció que la publicación y exhibición de fotografías eróticas sin consentimiento de una persona por venganza es una práctica “muy común y actual”.
“Tenemos registradas muchas quejas y denuncias en ese sentido. Pero implican que ella accedió a que se le tomará ese video, entonces ya estamos hablando de que no se trata de un delito de carácter sexual, se trata de una amenaza”, aclaró la funcionaria.
La porno-venganza no está tipificada como un delito sexual, en el Código Penal, ya que sólo se contempla el abuso sexual la violación, la corrupción, la pornografía infantil y el acoso sexual.
En el 2014 en la Ciudad de México se iniciaron 39 denuncias de acoso sexual producto del uso de la tecnología y en 2015 se presentaron 30, y es que, aunque hay más señalamientos de porno-venganza, no son catalogadas como delitos sexuales y no se sanciona con una pena privativa de la libertad.
PÁNICO POR FOTOGRAFÍAS
“Ya encontré tus fotos, eres una p…, el mundo va a saber qué clase de mujer eres”, decía el mensaje de texto que acababa de llegar al teléfono celular de Ana. Se sorprendió por la carga hiriente y ofensiva del contenido, pero no tomó importancia porque provenía de un número desconocido. Asumió que se trataba de un horrendo error.
Se alarmó tras la llamada de una amiga que le preguntó sobre el contenido de su publicación en redes sociales, respondió que durante ese día no “posteó”. Joaquín le preguntó qué ocurría, pero no respondió.
Continuaron las notificaciones de más mensajes insultantes del mismo destinatario a su WhatsApp. El estrés y el llanto llamaron la atención de la mamá de Ana. Finalmente le confió lo que estaba pasando.
“Veo los mensajes y siento miedo, muchos los borré porque decía: eso no es cierto, no me puede estar pasando a mí. Me están persiguiendo”, le platicó a su mamá.
La violencia y el alcoholismo de Daniel provocaron que Ana terminara su relación amorosa. Él intentó chantajear a Ana con no darle sus cosas, préstamos de discos, libros, fotos, y más, si ella volvía a ser su novia. Daniel no usó teléfono celular durante su noviazgo con Ana. Lo llamó a su casa y le respondieron que estaba de Pasaron los días y el siguiente lunes Ana se presentó en la casa de su exnovio, fue acompañada por una amiga. Desde la ventana su exsuegro le informó que Daniel no estaba. Su amiga marco al teléfono de donde salían los mensajes insultantes para Ana. Al interior de la casa de Daniel se escuchó un celular. Ana se despidió del señor y de inmediato su amiga le dijo sobre el sonido del teléfono.
Se acercaron a la casa de Daniel y marcaron tres veces en los siguientes 10 minutos, y todas coincidieron. Tocaron la puerta y le pidieron al papá de Daniel aclarar lo del celular. Incrédulo sacó el teléfono celular. Ana marcó al número y le vibró en la mano al señor. Ella le mostró los mensajes.
Daniel había utilizado el teléfono de su papá para enviar mensajes agresivos contra Ana. El señor trató de proteger a su hijo, pero todo estaba claro.
Daniel contestó una llamada de Ana y le confirmó que él había entrado a sus cuentas y enviado las fotografías, le dijo que “si no regresas conmigo seguiré enviado tus fotografías a todos”. Transcurrió otra semana, a diario llamó Ana a la casa de su exnovio para exigir a los padres de Daniel que le entregarán las contraseñas de sus cuentas de Facebook y correo electrónico.
Sólo después de que Ana amenazó con denunciar ante a las autoridades a Daniel, fue como le entregaron en un papel las claves. Ana y su amiga fueron a un café internet.
Ana por fin pudo entrar a su perfil Facebook y lo eliminó, además cambió la contraseña de su e-mail.
Ana reconoció que este incidente impactó en su estado de ánimo. “Sí me quedé con un trauma, odio que me tomen fotos, me cuesta tomarme una foto y subirla a redes porque me da vergüenza. Ahorita si me dicen ‘ponte para la foto’ es un sufrimiento horrible”.
TÉRMINO
» En Argentina, el abogado Raúl Martínez Fazzalari y el psicoanalista Sergio Zabalza definieron a esta práctica como “porno-venganza”.
» Fazzalari explicó que involucra a “personas adultas que se filmaron con consentimiento y que luego, una de las dos partes, publica el contenido.
» El abogado señaló que esta práctica es un delito civil “porque causa daño y perjuicio a la intimidad y requiere un resarcimiento”.
CONSECUENCIA
» La porno-venganza es resultado del llamado sexting, que consiste en enviar y recibir videos o fotografías explícitas. Comenzó a detectarse en 2005 entre los adolescentes de países anglosajones, ahora, su práctica afecta a los cinco continentes.
» En Estados Unidos, un estudio afirma que el 15% de los menores entre 12 y 18 años practica el sexting, mientras que otro informe realizado en España habla de un porcentaje menor, del 1.5%, aunque las edades también eran menores.
vacaciones.
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