Coahuila
Hace 3 años
Durante la semana anterior, a raíz de los ataques del presidente de la república, primero a los jesuitas y los miembros iglesia católica en México, y después en contra del publicista Carlos Alazraki Grossman y la comunidad judía en México, volvió a papalotear sobre los cielos de nuestro país el ave de rapiña antisemita, pero nadie se atrevió a mencionar el nombre de un centavero que bien merece el calificativo de ser el maestro despreciable del antisemitismo en nuestro país. Mientras observábamos como se daba el debate en donde volaban los epítetos y aparecían referencias a la bestia austriaca, (a) Adolf Hitler, este escribidor recordó que tiempo atrás publicó un escrito titulado “La Peste del Antisemitismo” (Zócalo, 28-03-2015), mismo que desde aquel tiempo se encuentra, también, en la página electrónica https://www.enlacejudio.com/2015/03/28/la-peste-del-antisemitismo/. Entonces, lo enmarcábamos alrededor de los ataques que se lanzaban en contra del analista político Ezra Shabot Askenazi quien, por aquellos tiempos, “osó” emitir su muy particular y respetable opinión sobre el diferendo laboral suscitado entre la empresa MVS y la ciudadana María del Carmen Aristegui. Flores. Mientras rememorábamos aquel hecho, consideramos que, aun cuando usted lector amable, seguramente, lo ha de tener presente, nunca sobrara reproducir ese escrito, en una de esas y hay alguien más que se asoma a este espacio. Bajo la premisa de que no entrecomillaremos los párrafos pues ya hemos aclarado el origen de la pieza, vamos a recordar lo ya divulgado hace más de siete años agregando alguna información y comentarios que entonces no plasmamos.
Al parecer, hoy, nadie quiso recordar que, en nuestro país, a finales de los años treinta, principios de los cuarenta del Siglo XX, los simpatizantes de la bestia austriaca ocupaban espacios en los medios de comunicación para exaltar las “virtudes y superioridad” de la raza aria, además de promover el exterminio de los judíos. Esta es una página oscura de nuestra historia, que algunos insisten en ocultar. Para vergüenza nuestra, y de los paisanos en el pueblo, al jefe de aquel grupo de malos mexicanos, de nombre José Vasconcelos, allá, algunos hasta le rinden pleitesía y lo veneran al mantener su nombre en lo que fuera el recinto del Cine Cinelandia, en donde, durante los años juveniles, nuestra generación acostumbraba a disfrutar de sus películas favoritas. Pero dejemos disgregaciones de este escribidor provinciano y vayamos al tema central.
En septiembre de 1939, The New York Times daba cuenta de las actividades que realizaba en nuestro país el agregado de prensa de la embajada alemana en México, Arthur Dietrich. Este era un sujeto el cual, originalmente, se desempeñó como Ortsgruppenleiter (líder local) del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán en México, y, además, era hermano de Otto con apellido similar quien fungía como el jefe de prensa de la bestia austriaca. Convencido de la importancia que México tenía para la causa nazi, Arthur desempeñaba una actividad febril abriendo espacios en los medios de comunicación de entonces, los diarios, las revistas y la radio. En este contexto, se indicaba que un ciudadano alemán, oriundo de Berlín, cuyo nombre no se precisaba, había obtenido, meses atrás, un contrato para instalar todo el equipamiento de las instalaciones en los cuarteles, algo que no solamente les proporcionaba acceso a contactos políticos, sino a tener conocimiento sobre las instalaciones de radio que poseía el gobierno mexicano. En igual forma, el aludido Dietrich estableció un sistema que le permitía enviar diariamente boletines de prensa a las diversas estaciones de radio en la ciudad de México a las cuales proveía con la versión germana sobre los acontecimientos bélicos en Europa. Asimismo, se presumía que operadores alemanes laboraban en cada una de dichas estaciones. En lo concerniente a la prensa, desde marzo del año arriba aludido, los medios con tendencia conservadora mostraban su simpatía abierta hacia los nazis. Editoriales, particularmente los publicados en el diario vespertino Ultimas Noticias, exhibían su antiamericanismo, mientras alababan a los gobiernos de Alemania e Italia. Sin embargo, cuidadosos, enfatizaban que México debería de permanecer neutral y continuar su intercambio comercial con dichos países europeos. Pero la actividad pro-nazi no se circunscribía a la ciudad de México.
En los estados de Veracruz, Sonora, Querétaro, Guanajuato y Morelos, se reportaban actividades pronazis. En ese contexto, era mencionado el arribo de armas que, introducidas a México de contrabando vía Veracruz, serían utilizadas para encabezar una revuelta en contra del gobierno federal e instalar un gobierno progermánico. Cabe precisar que ya para entonces en nuestro país existía una organización que portaba camisas de color café y no solamente en eso coincidía con quienes las llevaban de color similar en Europa, era la Unión Nacional Sinarquista. Esta organización fue fundada, el 23 de mayo de 1937, en León, Guanajuato y entre los cerebros que la manejaban, agrupados en la denominada Liga de la O, se encontraban Manuel Gómez Morin y José Vasconcelos. En Sonora, se indicaba que un diario y una estación de radio, ambos propiedad de una familia alemana muy influyente en la localidad, solamente emitían noticias a favor de la causa teutónica. En forma similar, el comandante militar en el estado de Morelos, Dizan R. Gaytan, reportaba que en Cuernavaca operaba una radiodifusora propiedad de un alemán. Eso no era suficiente, el gobierno alemán estimaba que era importante utilizar, en paralelo, otros instrumentos. Asimismo, en Coahuila hay la leyenda de que una estación de radio ubicada en Ciudad Acuña era utilizada por los nazis para diseminar su propaganda. Posteriormente, según la conseja, el equipo de esta fue desmontado y, al parecer, acabó en la ciudad de México en donde se utilizó en la estación XEX que nada tenía que ver con la propaganda germánica.
En ese entorno, el ministerio de propaganda nazi ya había encargado a un par de alemanes que escribieran sendos libros sobre México. Uno, bajo la firma de Cannon Ross, titulado “México-los Balcanes de América.” El otro, de la pluma de Josphep Maria Franck, “México es diferente.” En ambos, se concluía que aun siendo México un país rico en recursos era incapaz de gobernarse por sí mismo debido a la corrupción de sus lideres. Al parecer, diríamos nosotros, los “redentores” y quienes les compran sus espejitos siguen con el mismo script. Ante ello, los nazis impolutos proponían como vía de salvación la “Arianización” de nuestro país. Bajo esa premisa, seguramente nuestros ancestros hubieran terminado convertidos en barras de jabón, sus pieles recubriendo sillones y nosotros jamás hubiéramos existido. No obstante, no podían faltar los colaboracionistas quienes, a cambio de unas monedas, se prestaron a servir de instrumento de la causa nazi y la purificación étnica.
A principios de 1940, Dietrich entabló negociaciones con quien, para entonces, ya era un cobarde-gigoló-sinarquista, José Vasconcelos, a quien le faltaba agregar lo de nazi como parte de su divisa de presentación. Antes de continuar y de que alguien nos reclame como ya nos sucedió en una ocasión, debemos de recordar que los calificativos al oaxaqueño no son epítetos sino definiciones de quien era. Por si alguien no lo precisa, su condición de gigolo la adquirió cuando enamoró a María Antonieta Rivas Mercado a quien le exprimió, literalmente, hasta el ultimo centavo y cuando le fueron a decir que ella estaba en la ruina, simplemente se concretó a decir que ella había decidido gastarlo. En medio de la desesperación esa mujer terminaría, en el interior de la catedral de Notre Dame, metiéndose un tiro con una pistola propiedad, ¿adivine de quién?, pues de ese fulano que se decía ser muy bragado. En caso de que alguien estime que esto es de nuestra invención, nos permitimos remitirlo a los escritos del historiador don Alfonso Taracena Quevedo, quien era un vasconcelista convencido. Pero retornando a las muestras de valentía (¡!) exhibidas por Vasconcelos, recordemos cuando, en 1929, en el Plan de Guaymas argüía: “El presidente electo [así se hacía llamar en sus delirios] se dirige ahora al extranjero; pero volverá al país a hacerse cargo directo del mando tan pronto como haya un grupo de hombres libres armados que estén en condiciones de hacerlo respetar.” Por lo pronto, patas para que os quiero y emprendió la huida mientras dejaba colgados de la brocha a los crédulos que lo apoyaron.
Con esas credenciales no es extraño que, al escuchar el tintineo de los dineros, el oaxaqueño no les hiciera el asco y, al emerger su verdadero yo, aceptara dirigir una publicación en la cual a la par que resaltaba las virtudes de la raza aria y su líder, la bestia austriaca, mostraba el peligro que para la humanidad representaban los judíos. Seguramente a Vasconcelos le habrá causado regocijo peculiar enterarse de que seis millones de ellos fueron exterminados en los campos de concentración y en los hornos crematorios. Pero eso eran temas que podían obviarse, las monedas lucían centelleantes y, además de permitir vivir bien, servirían para adquirir la tinta y el papel en que se editaría la revista “Timón” que vería la luz el 22 de febrero de 1940 y aparecería semanalmente. En sus páginas, además de Vasconcelos, colaboraban, entre otros, aquel escritor chaparrito simpático, Andrés Henestrosa Morales; un hispanista de origen neolonés ligado al sinarquismo, Alfonso Junco Voigt; el paisajista conocido como el Dr. Atl , Gerardo Murillo Coronado; el general Adolfo León Osorio y Agüero; María Elena Sodi de Pallares; Teodoro Schumacher, y los periodistas Carlos Roel, Antonio Islas Bravo y Pedro Zuloaga.
Dado que era necesario darle un barniz de negocio, y no de órgano subvencionado por el nazismo, el costo del ejemplar era de cincuenta centavos, ahora que, si se quería asegurar recibirlo durante seis meses, pues se aportaban doce pesos y a batirse semanalmente en las inmundicias. En caso de que no fuera subscritor y se hubiera perdido algún número, no había problema, mediante la aportación de un peso podía obtener cualquier edición atrasada. Para quienes desearan manifestarse como simpatizantes encubiertos de la bestia austriaca, vía la promoción de sus productos, los costos eran de un octavo de plana, 50 pesos; una página en color a dos tintas 500pesos y una a cuatro tintas, 800 pesos. Bajo ese esquema, durante 17 semanas, los adoradores del nazismo pudieron solazarse con los escritos que les entregaban plumas devotas del antisemitismo. Como prueba de la adoración que Vasconcelos profesaba a la causa nazi, basta observar los números 12 y 16 de “Timón.”
En el número 12, del 11 de mayo de 1940, bajo el encabezado “Visita nuestro país prominente escritor alemán,” se lee: “En la Embajada Alemana de México se celebró un sencillo acto de homenaje al distinguido periodista alemán y funcionario del III Reich, señor Whilheim Hammerschmidt, que se encuentra de paso en nuestro país para la hermana República de Chile, en cuya capital desempeñara el cargo de agregado de prensa en la Embajada de su país. El acto -un cocktail celebrado en franca camaradería de periodistas- fue ofrecido por el agregado de prensa de la Embajada en México, señor Dietrich, y durante la fiesta se puso de manifiesto el conocimiento perfecto que el señor Hammerschmidt tiene de los países de habla española y la simpatía con que México sigue el desenvolvimiento de la magna Alemania y su lucha por la libertad.” Con toda certeza esas 18 ultimas palabras eran producto de la pluma de Vasconcelos quien por unas monedas alababa a cualquiera, basta revisar su trayectoria. Pero eso no era todo lo que aquella pagina mostraba.
Asimismo, aparecen tres fotografías. En dos de ellas está Vasconcelos con funcionarios nazis, pero la más patética es aquella en donde se lee: “De izquierda a derecha: los señores [Arthur] Dietrich, licenciado Vasconcelos, director de Timón, [quien, con sus “ójitos” cerrados, seguramente imaginaba estar entre Hitler y Goebels], [Whilheim] Hammerschmidt, y Cesar Calvo, presidente y gerente de Timón, S. A. Con toda certeza, por la mente de Vasconcelos cruzó la imagen viéndose con la banda presidencial una vez que se diera el triunfo de la bestia austriaca. Pero para alcanzar el sueño, en caso de ese acontecimiento se diera, era requerido que se viera cuanto adoraba al líder de aquella banda de facinerosos.
En el número 16, del 8 de junio de 1940, Vasconcelos escribió algo para avergonzar a cualquier ser humano bien nacido. Bajo el título “La inteligencia se impone,” apuntó: “Hitler, aunque dispone de un poder absoluto, se halla a mil leguas del cesarismo. La fuerza a Hitler no le viene del cuartel, sino del libro que le inspiro sus cacumenes. El poder no se lo debe Hitler a las tropas, ni a los batallones, sino a sus propios discursos… Hitler representa, en suma, una idea, la idea alemana, tantas veces humillada antaño por el militarismo de los franceses, la perfidia de los ingleses. En contra de Hitler, es verdad, se hallan combatiendo «Democracias» gobernadas por civiles. Pero son democracias de nombre.” No podía permitirse que tales bazofias siguieran publicándose.
El 13 de junio de 1940, el secretario de relaciones exteriores de México, Eduardo Hay Fortuño, anunció que Arthur Dietrich ([el patrocinador de Vasconcelos), por sus actividades de propaganda que resultaban perjudiciales al gobierno mexicano, era declarado persona non-grata y debería de abandonar el país a la brevedad. Con la salida del funcionario alemán, se iban los fondos que mantenían a “Timón” cuyo número último, el 17, estaba ya en prensa y aparecería el 15 de junio de 1940. Se cerraba así un órgano del antisemitismo en México, una peste que algunos insisten en que vuelva a brotar bajo la excusa estúpida de que quien no simpatice con sus causas “democráticas” debe de ser objeto del escarnio.
Ayer fue el ciudadano Ezra Shabot Askenazi, hoy lo es Carlos Alazraki Grossman y la comunidad judía mexicana a quienes se les ataca por pertenecer a esa religión. Los acometedores del pretérito y del presente se han presentado como defensores de la democracia, pero dado su comportamiento nos preguntamos: ¿Acaso su paso siguiente será implantar medidas como las que adoptará el carnicero georgiano, (a) Josef Stalin? Recordemos que, al final, este en muy poco se distinguía de quien en alguna ocasión vez fuera su socio, la bestia austriaca, (a) Adolfo Hitler esa a la que le dedicaba elogios José Vasconcelos sujeto al que algunos muestran su veneración llamándolo “el maestro de América” o bien se refieren, como si se tratara de las astillas de la cruz, al “escritorio de Vasconcelos. Ante tales reverencias solamente nos queda cuestionar: ¿Por qué nadie se atrevió a mencionar el nombre del maestro del antisemitismo en México? ¿Acaso temen que se conozca quien era en realidad ese sujeto o hay otras razones? [email protected]
Añadido (34.22.98) Cuanta necedad en insistir en que el estadista Plutarco Elías Calles Campuzano mandó cerrar los templos en 1926. Esos recintos permanecieron abiertos, quienes se negaron a proporcionar servicios religiosos fueron los miembros de la curia mexicana con la autorización del CEO de la trasnacional mas antigua. Un poco de lectura sobre historia basada en datos duros nunca perjudica antes de opinar.
Añadido (34.22.99) ¿Ya habrán adquirido la máscara, el soplete y el martillo que se van a llevar para el viaje?
Añadido (34.22.100) Lo que nos faltaba, ahora se encubren en “la hora de Dios” para justificar sus acciones cuestionables. A propósito, alguien nos podría decir ¿Cuál es esa hora?
Añadido (34.22.101) El economista Sergio Enrique Castro Peña estaba muy desconsolado al decirnos como, después de tantos años, vino a descubrir que de nada le valió haber sido el mejor alumno de su generación ya que ahora se percataba de que no sabía nada de economía. Esto porque las autoridades federales claman que la inflación que padecemos es importada y a la hora en que se reporta el nivel de incremento de precios en México resulta inferior al de otros países con los que se tienen relaciones comerciales. Ante eso, nuestro amigo sugirió que se propusiera a la dama que está al frente del INEGI como candidata al Nobel de economía, lo que ha logrado es toda una hazaña que revoluciona la ciencia económica.
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