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Primer domingo de Cuaresma

  Por Zócalo

Publicado el domingo, 13 de marzo del 2011 a las 15:00


Tenía varios pretendientes. Uno de ellos, un joven muy guapo, hijo del dueño principal de una de las marcas de automóviles

Monclova, Coah.- Tenía varios pretendientes. Uno de ellos, un joven muy guapo, hijo del dueño principal de una de las marcas de automóviles más famosas del mundo. Ella estaba enamorada, sin embargo, de un humilde maestro de escuela. Cariñosa, sensible, incapaz de engañar, este maestro era de esos hombres a los que una enamorada se siente animada a decirle: iContigo, pan y cebolla! -No seas ilusa: pon los pies en tierra y no desperdicies la oportunidad de vivir como una gran señora -le repetía machaconamente a la joven su buen padre.

Y la muchacha entró al fin en razón y se casó con el rico heredero. Dos años más tarde, su padre admiraba y alababa con orgullo el palacio del que su hija disfrutaba.

Ésta le dijo con profunda mirada de tristeza: – Por qué vives de espejismos, papá? ¿Piensas que una vida se hace feliz llenándola de casas y de cosas bonitas, de muebles y automóviles, de joyas y vestidos? He aquí la recompensa que me hace mi marido por su indiferencia, por sus infidelidades y por su orgullosa dominación.

¡Para el canario, papá, una jaula no deja de ser jaula, aunque sea de oro! -así se expresaba esta joven.

Hay hombres que tienen muchas posesiones y se afanan por poseer cada vez más; pero parece que ignoran que su esposa y sus hijos son personas a las que tienen que dedicarles su tiempo y su amor. Y así hay esposas que se sienten en amarga soledad y hay hijos de ricos que, sin la debida atención paterna, andan por la calle en busca de drogas. Es que los muchos apartamentos y los chalets en la Costa del Sol no son los que hacen feliz a una familia.

Como dice Jesús en el Evangelio, no sólo de pan vive el hombre. Está claro que necesitamos tener cosas; pero eso no basta. Podemos tener el estómago satisfecho y llena la cartera, y tener el corazón hambriento y vacío. Los deseos de nuestro corazón no se satisfacen con propiedades y libretas en el banco. Para sentirnos satisfechos necesitamos amar y ser amados, ser tratados como personas; necesitamos vivir los valores cristianos, fe y esperanza, necesitamos de todo eso de que nos habla la palabra de Dios, que debemos escuchar y cumplir.

¡Qué distinto sería el mundo si la escucháramos y la cumpliéramos! La palabra de Dios busca nuestro bien, no sólo para el otro mundo sino también para éste. En este mundo ni sufriríamos tanto ni haríamos sufrir tanto a los demás, si escucháramos y cumpliéramos.

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