La percepción del mundo externo y la búsqueda del vínculo con su madre.
Pasado el shock inicial del nacimiento, y si se permite el contacto piel con piel inmediato con nuestra madre, entramos en un estado de alerta tranquila.
Ahora, ¿por qué sí, o por qué no se habría de permitir el contacto inmediato piel con piel entre la madre y su bebe?
Para obtener esta información, que me parece muy importante y trascendente, quise obtenerla de primera mano, y me comuniqué con mi hija, Camille Gleason Domínguez, que se está especializando como Doctora en Pediatría en la Universidad Autónoma de Querétaro, (un tiempo vivimos en San Juan del Rio, Querétaro, y allá en ese estado se quedó a continuar sus estudios, que primero Dios culminará siendo Neuropediatra. La quiero mucho y me enorgullece pues ha destacado como investigadora, y ha ido a exponer sus trabajos hasta Brasil y otros países, aun y cuando todavía no termina su primera especialidad, ya alterna con doctores veteranos reconocidos internacionalmente, y ha publicado varios artículos científicos).
Mi hija querida me explica que, aunque durante un lapso de tiempo, y para comodidad del personal médico (ginecólogos, pediatras, enfermeras) se separaba a la madre de su bebé, a veces sin que siquiera lo pudiera ver, y se lo regresaban después de haberlo limpiado, revisado y tomarle medidas de peso y longitud. Eso era mejor para los médicos que cuidan a la madre y al bebé, al priorizar la higiene y rapidez del proceso, pero, al hacerlo así, no tomaban en cuenta el urgente y amoroso contacto físico y visual necesario entre 2 seres humanos que han convivido de la manera más estrecha posible, literalmente, uno viviendo dentro del otro durante alrededor de 9 meses, y que esperan ansiosamente poder estrecharse mutuamente fuera del nido materno.
Mi hija me comenta que últimamente ya hay una tendencia a que se facilite de inmediato ese contacto piel con piel entre la madre y su bebe, transcribo su colaboración:
“El parto humanizado con contacto materno inmediato, es una forma de atención que busca que madre y bebé permanezcan juntos desde el primer instante después del nacimiento. Esto significa que el recién nacido se coloca directamente sobre el pecho de su mamá, piel con piel (contacto cutáneo inmediato), favoreciendo una adaptación más tranquila a la vida fuera del vientre. Este momento ayuda a que el bebé mantenga su calor (termorregulación), respire de manera más estable (estabilidad respiratoria) y se sienta seguro al reconocer el olor y la voz materna, fortaleciendo así el vínculo afectivo.
Otro beneficio importante es que facilita que el bebé comience a succionar de forma temprana (inicio oportuno de la lactancia materna), lo que mejora su nutrición y fortalece sus defensas (inmunidad neonatal).
Para la madre, este contacto estimula la liberación de oxitocina (hormona del apego), que ayuda a que el útero se contraiga adecuadamente y disminuya el sangrado después del parto (prevención de hemorragia posparto). Además, muchas mujeres refieren sentirse más tranquilas, respetadas y satisfechas con su experiencia de parto (bienestar emocional materno).
Sin embargo, este tipo de atención no siempre puede realizarse. Cuando existen complicaciones en la madre o el bebé, siendo comúnmente la dificultad respiratoria en el recién nacido o sangrado importante de la madre, momentos en los cuales es necesario priorizar la atención médica inmediata en pro de la salud de ambos. El parto humanizado busca un equilibrio entre el trato cálido y el respeto a la mujer, sin dejar de lado la seguridad y la atención médica especializada cuando es necesaria”.
Visión del bebe: en busca del Rostro Humano. Aunque nuestra agudeza visual es pobre (vemos borroso más allá de 25-30 cm), nuestros ojos no vagan sin rumbo. Nuestro cerebro tiene una predisposición innata para buscar patrones faciales: dos ojos y una boca. Enfocamos mejor a la distancia exacta que hay entre el pecho y la cara de nuestra madre. Reaccionamos a la luz intensa cerrando los ojos con fuerza (reflejo pupilar y de parpadeo), protegiendo nuestra retina inmadura.
El Arrastre al Pecho: El Instinto Guía.
Si se coloca al bebé sobre el abdomen materno, se despliega una de las reacciones más asombrosas: el “breast crawl” o arrastre al pecho. Guiado por el olfato (el olor de las glándulas de Montgomery en la areola es similar al líquido amniótico) y el tacto, el bebé utiliza sus piernas para empujarse y sus manos para amasar el pecho materno. Esta conducta no es enseñada; es un programa motor complejo grabado en su cerebro reptiliano. Al encontrar el pezón, el Reflejo de Succión se activa al contacto con el paladar, y el bebé comienza a alimentarse. Este acto libera oxitocina en el cerebro del bebé y de la madre, cimentando el vínculo químico del amor y reduciendo el estrés del nacimiento.
Termorregulación y Tacto: El frío es una amenaza mortal. El bebé reacciona al frío no tiritando (aún no puede), sino quemando grasa parda (abundante en bebes y se activa con el frio) para generar calor metabólico. Sin embargo, la reacción conductual más eficiente es buscar el calor materno. El contacto piel con piel estabiliza su temperatura, ritmo cardíaco y respiración mucho más rápido que una incubadora. El tacto suave activa fibras nerviosas C-táctiles que envían señales de placer y calma al cerebro, reduciendo el cortisol.
De la supervivencia a la relación externa con su madre: La experiencia del feto alrededor del nacimiento es una narrativa de adaptación heroica. Pasa de un estado de contención y dependencia fisiológica total a uno de autonomía precaria y sobrecarga sensorial. Sus sensaciones transitan desde la presión rítmica y el sonido amortiguado del útero, a través del estrés agudo y la compresión del parto, hasta llegar al choque térmico, lumínico y gravitacional del mundo exterior.
Sus reacciones no son aleatorias ni pasivas. Desde la liberación de hormonas protectoras hasta el primer llanto que expande los pulmones; hasta la orientación visual hacia el rostro materno. Todo el repertorio conductual del recién nacido está diseñado evolutivamente con un doble propósito: sobrevivir físicamente (respirar, comer, mantener el calor) y vincularse socialmente (mirar, oler, tocar). En esos primeros minutos, el cerebro del bebé realiza el aprendizaje más rápido de su vida: descubre que, aunque el entorno ha cambiado radicalmente y el frío y la gravedad son nuevos desafíos, existe un “hábitat” seguro en los brazos y el olor de su madre, donde la vida puede continuar.
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