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Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 23 de febrero del 2026 a las 12:27
España.- Antes de ahorcarse en la celda en la que esperaba ser juzgado por tráfico y explotación sexual de menores, Jeffrey Epstein creía en la inmortalidad. Tanto que, durante décadas, utilizó su ingente caudal de dinero para financiar “nuevas teorías de la biología” que explorasen cómo prolongar la vida o perfeccionar la raza humana.
Epstein no ocultaba su fascinación por el transhumanismo, un controvertido movimiento intelectual que aboga por utilizar la tecnología y la ciencia para mejorar el ser humano.
Esta filosofía, con múltiples corrientes, abraza desde el uso de lentillas o prótesis exoesqueléticas para corregir “errores” biológicos, hasta la fusión humano-máquina mediante chips cerebrales o incluso descargar la mente en la nube.
Como indica su propio nombre, esa interrelación en transitoria, pues su misión es que el homo sapiens evolucione hacia el poshumanismo, un hipotético estadio en el que se logra esquivar la muerte.
Los críticos denuncian que el transhumanismo no solo bebe de fantasías irrealizables de la ciencia-ficción, sino que supone una versión moderna de la eugenesia, la desacreditada creencia de que se puede perfeccionar la raza humana mediante el control de la reproducción.
Esa visión, profundamente racista y capacitista, se ha traducido históricamente en la esterilización forzosa de personas consideradas “inferiores” como las negras, judías, gitanas o aquellas con discapacidades.
Ningún régimen ha enarbolado más diabólicamente esas prácticas que la Alemania nazi de Adolf Hitler, que se sirvió de esas ideas para justificar un genocidio para purificar a la pretendida raza aria.
Los últimos documentos desclasificados en Estados Unidos arrojan más luz sobre esa oscura obsesión. Epstein era partidario de la edición genética.
En 2014, participó en un exclusivo “estudio personalizado de longevidad” que pretendía utilizar el ADN extraído de su saliva para crear medicina regenerativa e incluso células madre, informa la CNN.
El pedófilo convicto habló entusiasmado de las diferencias genéticas entre blancos y negros con el intelectual Noam Chomsky, quién rechazó sus posiciones, según un correo electrónico de 2016.
En otro, un remitente desconocido le pregunta si ha secuenciado su genoma, a lo que Epstein responde en tono chistoso que tiene “dos genes recesivos que provocan follar mucho”, según archivos analizados por Mother Jones. Hasta mil mujeres y niñas fueron víctimas de su red de abusos.
Obsesionado con la inteligencia, Epstein se veía a sí mismo como el resultado de la superioridad genética. Como un elegido. Quizás por eso planeó fecundar a 20 mujeres de golpe para propagar su ADN entre la humanidad, según destapó en 2019 una investigación de The New York Times. Que se sepa, su visión nunca llegó a materializarse.
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