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Que nos caiga el veinte

Por Guadalupe Loaeza

Hace 1 mes

México ya cambió, por eso muchos no entendemos nada, los únicos que lo entienden son los de la 4T, ellos lo entienden perfectamente. Nos cuesta trabajo entender que también el mundo está cambiando y que nos tenemos que adaptar a nuevas reglas, normas, condiciones y nuevos absurdos.

Aunque los morenistas son muy parecidos a los priistas, digan ellos lo que digan, el tablero de ajedrez ahora se ve al revés. Los peones nos saben cómo moverse, los alfiles hacen lo que quieren, critican a la reina, que no sabe cómo ponerlos en orden; las torres se sienten debilitadas y el que está muerto de miedo es el viejo rey, porque de alguna manera ya está aparentemente fuera de la jugada, aunque se mira en el espejo y ve el rostro de Maduro.

Quién nos dice que no le puede pasar igual. Mientras tanto, Trump, el emperador, mira todo esto desde sus alturas y, con mucho desdén, de vez en cuando se echa unas buenas carcajadas como de niño travieso.

Sí, que nos caiga el veinte, ahora las cosas son aún más difíciles que antes, ya no tenemos cómo ampararnos, la validez de las elecciones será solamente gracias a los “acordeones”, la extorsión está fuera de control, podemos toparnos con ella en cada esquina, sin embargo la Presidenta tiene más del 70% de aceptación, por eso México ha cambiado, estamos en manos de una sociedad ignorante, no politizada y a la vez polarizada. “Si no comulgas con la 4T, no me interesas”. “Como no eres de la 4T, no quiero verte ni en pintura”. “¿Cómo es que no apoyas a Maduro?, ¿a poco estás con Trump?”. “Mejor no hablo contigo porque pensamos totalmente diferente”.

Así me dicen entre líneas, y a veces directamente, las que solían ser mis amigas. Las extraño.

Cuando me cayó el veinte fue en las pasadas vacaciones de diciembre. Enrique y yo nos hospedamos en un hotel de cinco estrellas de Cuernavaca. Éramos la única pareja, la mayoría de los huéspedes eran familias: abuelitos, papás, primos, cuñados, tíos y novios.

No había extranjeros, tampoco niños o niñas bien, y mucho menos júniors. A la hora de los desayunos, comidas y cenas, las mesas estaban pletóricas de adultos y muchos niños. Una característica muy notoria es que el 80% o más estaban excedidos de peso, he allí uno de los problemas muy graves que tiene nuestro país, la obesidad y los problemas asociados a ese padecimiento, uno de ellos y el más grave es la diabetes.

Mientras los observaba en la alberca, feliz de la vida jugando con la pelota y echándose clavados, me decía que esa era la nueva clase media, que puede pagar 1,654 pesos por persona, sin alimentos ni bebidas. Era evidente que esta tarifa no podía ser pagada con la dádiva del Bienestar, ni tampoco con el aguinaldo. Por un lado me daba gusto que el hotel (donde solía ir Octavio Paz) fuera tan democrático y por otro, me sentía fuera de lugar debido a mi edad y que nada más estaba con mi marido. Seguramente los huéspedes nos veían como dos viejos aburridos, excluidos de su familia. Éramos una rara avis. Optamos por tomar nuestros alimentos en la habitación.

Sí, que nos caiga el veinte, México ya cambió y más con la captura de Maduro, y las amenazas de Trump, quien insiste en decir que Claudia Sheinbaum es “una buena mujer, pero los cárteles dirigen México”. No en balde en el acta de acusación contra Maduro, se menciona a México 25 veces (New York Times). Recordemos que desde el año pasado Trump ha citado a México en relación a la inmigración ilegal y el fentanilo, esto lo ha dicho como para justificarse y así imponer aranceles a México.

Sí, repito, que nos caiga el veinte, México ya no es el mismo. A veces, hablando con amigos, se refieren a nuestro país como si viviéramos en 1980. Hay veces que me llaman y me preguntan: “Oye, Guadalupe, ¿no tienes una palanca en el aeropuerto?”. O bien, “¿No conoces al director de Pemex?, es que mi hijo acaba de regresar de Stanford y quiere trabajar en el Gobierno”. Y por último, “¿Me ayudas a hacer una comida para Héctor Vasconcelos? Pienso invitar a todo México…”.

Que nos caiga el veinte, México ya no es el mismo.

 

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