Si nos detenemos por un momento en el tiempo; cerramos los ojos y miramos al pasado quizás comprenderemos, al menos un poco, lo que está sucediendo en nuestro amado México.
Casi podría asegurar que la gran mayoría de los mexicanos guardamos muy bellos recuerdos de nuestro país; el mismo que cada día que pasa lo sentimos más lejano, menos nuestro. Un México invadido por la maldad y la ambición de grupos donde predomina la traición.
La traición a un país -el nuestro- que mucho nos ha dado a todos por lo que estamos obligados a cuidarlo y a luchar por él.
Una tierra bendita por la que un gran número de hombres ofrendaron su vida durante los hechos sangrientos de la Revolución. Acontecimientos dolorosos que guardan las páginas de nuestra Historia.
Los Héroes de la Patria, nos dieron libertad, amaban sin duda esta tierra hermosa. No hay que olvidar que fueron ellos quienes dejaron un gran legado para las futuras generaciones.
En la escuela, en los libros de texto aprendimos a amar a esos hombres y mujeres que participaron en los eventos significativos de nuestro México. Amar nuestro Lábaro Patrio, honrarlo, cantar con fervor el Himno Nacional. Honrar la memoria de nuestros héroes.
¿Qué nos pasó? ¿Dónde fallamos? ¿Por qué se permitió?
En Educación, por ejemplo, desde la creación de la Secretaría de Educación Pública en 1921 todo marchó bien; excelentes programas educativos con personal eficiente. Maestros comprometidos en lo que hacían; educadores de una niñez en formación para un mejor mañana.
Ese fue el gran compromiso de hombres y mujeres que acudían a las aulas diariamente. ¿Quién no recuerda a sus maestros?
Respeto, obediencia, amor, empatía, urbanidad, fueron valores con los que generaciones crecimos y no olvidamos. Se daba la materia de Civismo que tanta falta hace ahora. Una materia que inexplicablemente fue eliminada de los planes de estudio en el 2002 por disposición del gobierno.
Ante tal determinación y con “nuevas” enseñanzas, se empezó a relajar la disciplina, el orden en los niños, ante todo, el respeto a todo.
Y lo aceptamos.
Antes, se tenían maestros de carrera y ahora “a la carrera”. Sin compromiso con la educación, menos aún con la niñez. Y si no lo creemos vean los desmanes y ridiculeces que realizan para que se cumplan sus exigencias. Las que sean.
¿Quién gana, quien pierde? ¿Les importa a esos individuos la educación? ¡Para nada! Los líderes se preocupan más por una posición política que velar por los intereses de México como forjadores de buenos ciudadanos.
¿Qué nos pasó como parte de una sociedad? ¿Nos olvidamos acaso de educar a nuestros hijos en casa? No debemos olvidar que la educación se inicia en el hogar y la instrucción educativa se recibe en las aulas. Es realmente hermoso observar a niños y jóvenes bien educados, en un ambiente cada vez más complicado. Tratarse con respeto entre amigos, compañeros y en general con cualquier persona, indica que en casa se tienen buenos ejemplos, mismos que no se deben perder.
En cambio, cuando observamos las actitudes de los mal llamados representantes del pueblo -que dicho sea no representan más que a sus propios intereses o de su partido- agrediendo verbal o físicamente a sus “colegas” lo que ofrecen es una verdadera vergüenza.
¿Qué nos pasó como ciudadanos? No tenemos por qué soportar el triste espectáculo en las Cámaras que ofrecen diputados, senadores a quienes se les pagan salarios exagerados por algo que NO hacen: trabajar por el bien de la Nación.
Porque levantar la mano para aprobar un documento de 400 hojas que ni siquiera han leído, es una verdadera aberración. Debería darles vergüenza recibir una dieta como la que se asignan ellos mismos y todas las prestaciones y beneficios que reciben.
Por cierto ¿se puede ingresar armados a los recintos oficiales? ¿qué hubiera pasado si en el forcejeo de una legisladora con tijera en mano, hubiera lastimado a su colega? Es pregunta.
¿Qué nos pasó? Me pregunto una y otra vez y no hay respuesta. No veo por ningún lado a líderes que se fajen los pantalones y convoquen a rescatar a México de la traición tan grande que se ha cometido al destruir sus instituciones y ponernos a todos en riesgo.
¿Dónde está ese Ejército de hombres valientes, comprometidos con su Patria? ¿Dónde quedaron los principios recibidos durante su férrea formación? ¿Dónde quedó el hermoso legado de Vicente Guerrero? Un hombre cuyo amor por México fue más grande que la ambición. Porque para él “La Patria es primero”.
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