Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el lunes, 8 de diciembre del 2008 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Para muchos, el uso de un nombre distinto al de origen implica un desdoblamiento de la personalidad. Para los famosos se trata de simple negocio: no cualquier nombre puede figurar en una marquesina.
Se necesita algo con pegue, que suene bien, que se quede en la mente de los espectadores. En muchos casos, se trata de que el nombre suene como el de cualquiera; es decir, Luis Miguel Gallego, Alberto Aguilera (Juan Gabriel), Fey (María Fernanda) o José Sosa (José José) suenan a los nombres de nuestros vecinos o compañeros de trabajo.
En los anteriores el pecado es que son comunes. En otros el problema es que son horrendos. Pregúntenle a Elmer Figueroa, que hizo muy bien al ponerse Chayanne, nombre indígena norteamericano. O Juanes, cuyo nombre parece de adivinador de Telemundo (Juan Esteban Aristizabal).
También a esta categoría entra Elthon John, cuyo nombre original Reginald Dwight parece de fan de Star Treck.
Otros simplemente descubrieron a tiempo el encanto de lo monosilábico: Cher, Pink, Fergie, Bono. Salvo Cher y Fergie, que son contracciones de alguno de sus nombres, en los otros se trata de una contracción con la que se delega el misterio de la personalidad a una palabra, aunque no siempre le atinan.
La reina de los nombres artísticos es sin duda Madonna. Un nombre que tiene connotaciones de santidad, imagen recurrente en el arte de todos los tiempos.
La “Chica Material” no inventó nada: Madonna es uno de sus nombres de pila. Los otros eran Veronica y Louis. Sin duda, eligió el mejor.
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