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¿Qué será de ellos el día que faltemos?: padres de niños discapacitados

  Por Redacción

Publicado el jueves, 14 de diciembre del 2017 a las 03:29


Si para los padres es difícil criar a un niño con discapacidad, para los mayores es un esfuerzo que vale más.

Saltillo, Coah.- La mayor preocupación de los padres de un niño con discapacidad es qué será de sus pequeños cuando ellos les falten, y el dilema aumenta cuando son los abuelos quienes se hacen cargo de sus nietos “especiales”, pues las fuerzas ya no son las mismas con las que criaron a sus hijos.

Mientras María Flores enmudece al preguntarle qué será de su hija Perlita cuando ella no la pueda cuidar, la joven de 21 años, que padece de parálisis cerebral, rompe en llanto pues ni ella ni su madre imaginan la vida de otra manera si no es estando juntas.

“Así es ella, muy emocional, de pronto está muy feliz y como hoy a veces se pone a llorar, pero de ella hemos aprendido tantas cosas, mis hijos la quieren mucho y hasta mis nueras, pero nunca me he puesto a pensar que va ser de ella en un futuro cuando no esté”, comentó María Flores.

Relató que a Perla Lizet Muñoz Flores, a quien llaman de cariño Perlita, le encanta que la pinten todas las mañanas después de almorzar para poder asistir a su rehabilitación en la Asociación Helen Keller que ha permitido aprender labores en su casa para ser independiente: “Le gusta mucho lavar los platos, que más que una tarea, lo ve como una diversión, y yo lo veo como un logro, porque antes ni siquiera podía sostener objetos”.

AMOR QUE FORTALECE

Perlita avanzó un peldaño más con el apoyo de su madre y su padre Rubén Muñoz Pérez, pues culminó su etapa de talleres en la etapa laboral, al igual que Karlita una niña de 12 años que desde su nacimiento es cuidada por su abuelita Cristina García Martínez.

“Mi hija era madre soltera y siempre trabajó para darle a la niña lo que necesitaba y fue cuando yo me hice cargo de ella, pero a veces siento que me faltan las fuerzas, ya no es lo mismo que cuando la tenía pequeña entre mis brazos”, mencionó doña Cristina con la cara angustiada.

Ahora hasta sacarla de la cuna en la que duerme le es difícil, pues Karlita ha crecido y de la fuerza que tiene ha roto los barandales, sin embargo, el amor a su nieta es tal que la quiere como su propia hija y disfruta verla avanzar en cada terapia.

“Karlita es muy inquieta, siempre aplaude y grita mucho, pero la calma mucho una cajita llena de lentejas donde mete sus manitas”, relata la abuelita, ya que sentir las semillas es una terapia más para que no pierda su movilidad.

Y una situación similar es la que vive Diego Ulises Cervantes Zúñiga, quien al igual que sus compañeras también nació con parálisis cerebral, y durante los 11 años de su vida ha sido educado por su abuela Emilia Zúñiga, pues su madre rehizo su vida luego de tenerlo.

“Mi hija se volvió a casar, y mi esposo y yo quisimos quedarnos con el niño, porque pensamos que nunca sería igual que Dieguito lo cuidara alguien que no es su padre, y qué mejor que nosotros para velar por él”, comentó la abuela.

Sin embargo, a sus 56 años y pese a la ayuda que le brinda también su esposo, batalla económicamente para mantener al niño, pues además de aparatos de rehabilitación el niño necesita diariamente pañales.

“A veces nos las vemos negras para a mantenerlo, afortunadamente en la Asociación Helen Keller no nos cobran y veo que mi niño ha avanzado mucho, es por eso que seguimos luchando todos los días por él, y con lo que logra hacer se nos olvida todos los trabajos que hacemos”, mencionó doña Emilia.

Así, el punto de coincidencia entre quienes cuidan a los pequeños con parálisis cerebral es el mismo, luchar por ellos en el presente porque el futuro es incierto al no saber qué será de ellos el día que les lleguen a faltar.

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