Arte

Publicado el lunes, 27 de abril del 2026 a las 04:07
Saltillo, Coah.-La obra del novelista español Kiko Amat encierra una paradoja constante: está formada por historias que trazan el recorrido vital de sus personajes, pero escritas con la libertad de quien se levanta de madrugada, conecta los audífonos, pone música y camina sin rumbo por la oscuridad del mundo y de sí mismo para terminar riéndose de todo. Esa mezcla de viaje exterior e interior atraviesa su literatura como una marca persistente.
Ese tránsito puede observarse desde su primera novela, Rompepistas, donde un joven y su banda punk recorren la Barcelona de 1987 al ritmo del rock’n’roll, entre excesos juveniles, amistad y rebeldía urbana. En el otro extremo de su obra aparece Dick o la Tristeza del Sexo (Anagrama, 2025), su título más reciente, presentado ayer en la Feria Internacional del Libro de Coahuila junto al poeta Eduardo Ribé, donde el autor lleva el ensimismamiento adolescente al límite de la caricatura, el deseo y la desesperación emocional.
Una novela ‘hardcore’
Definida por su propio autor como una obra “hardcore”, la novela combina sexualidad desbordada, humor negro y una mirada deliberadamente excesiva. La historia sigue a “Franki Prats”, un adolescente católico, virgen y profundamente erotizado, atrapado entre la culpa religiosa, la represión emocional y una imaginación que lo desborda constantemente.
Franki construye un refugio mental donde se convierte en Dick Loveman, un alter ego hipermasculino inspirado en la estética pornográfica de los años 70 y 80: un hombre exagerado, sexualizado al extremo, que le permite escapar de su realidad cotidiana marcada por la soledad, la incomodidad y la falta de afecto.
Amat explicó que la novela surgió en un momento de bloqueo creativo. Mientras escribía otro proyecto, sintió que el texto se volvía demasiado correcto y predecible, lo que lo llevó al aburrimiento. Fue entonces cuando decidió romper esa lógica y buscar un punto narrativo más radical, más libre y menos contenido.
El origen del exceso
Ese punto llegó con la idea de un personaje atravesado por trauma sexual, familia disfuncional y una carga emocional extrema. A partir de ahí, la novela tomó forma desde el exceso, lo incómodo y lo provocador.
El autor construyó una familia de clase media no como decisión sociológica, sino como estructura narrativa. Ese entorno permite al protagonista vivir bajo vigilancia, represión y control, lo que alimenta su imaginación desbordada. El padre es un académico rígido, la madre una figura contenida y el entorno escolar refuerza su aislamiento.
La novela no busca retratar una clase social, sino construir un ecosistema cerrado donde la mente del protagonista pueda expandirse sin límites, generando una tensión constante entre lo cotidiano y lo delirante.
Ficción y escape mental
El libro se inscribe en una tradición de personajes que escapan de la realidad hacia mundos mentales alternos, como en El Club de la Pelea. Allí la identidad se fragmenta y la imaginación funciona como vía de supervivencia.
En la novela de Amat, ese escape comienza desde las primeras páginas: un perro muerto tras un acto sexual absurdo, una escena familiar perturbadora y la masturbación del protagonista abren un universo narrativo acelerado, grotesco y cómico.
El autor reconoce que la intención fue reunir experiencias comunes en una forma distorsionada, generando un efecto acumulativo que intensifica lo cotidiano hasta volverlo extraño.
Hipermasculinidad y fracaso
Uno de los temas centrales es la masculinidad. Franki enfrenta modelos imposibles de virilidad que lo hacen sentirse insuficiente. En su entorno, ser hombre implica cumplir estándares físicos, sexuales y sociales que resultan inalcanzables.
El personaje vive una masculinidad caricaturizada donde la fuerza y el dominio son medidas de valor. Al no encajar, experimenta vergüenza, fracaso y desconexión emocional.
Amat señala que estas tensiones siguen vigentes hoy bajo nuevas formas culturales, desde redes sociales hasta discursos de autoayuda masculina, que continúan reforzando modelos rígidos.
El autor también apunta que hombres y mujeres han sido moldeados por estructuras patriarcales que generan dinámicas de deseo, frustración y rechazo que persisten en la vida adulta.
En ese contexto, una frase del libro resume su núcleo: “¿Qué haces cuando nadie te desea?”. Para Amat, el protagonista no busca solo sexo, sino intimidad, contacto humano y afecto.
Humor como supervivencia
Aunque el título incluye la palabra “tristeza”, la novela funciona como una comedia extrema. El humor no es adorno, sino estructura.
Para el autor, la risa desactiva el dolor y evita la solemnidad. Su escritura proviene tanto de influencias literarias como de un entorno donde el humor servía para sobrevivir.
“Mis novelas no pueden escribirse desde el drama puro”, afirma. Para él, la pena sólo puede contarse si se transforma en relato. El humor no es evasión, sino una forma de enfrentar la realidad sin caer en la desesperación.ç
Hoy:
El Soundtrack
Español de mi Vida
Con Kiko Amat, Julián Herbert y Natalia Cepeda
Taberna El Cerdo de Babel
19:30 horas
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