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| Roman Abramovich enfrenta el escrutinio internacional sobre el origen de su riqueza.

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Roman Abramovich, el magnate ruso que llevó a la cima al Chelsea, hoy acusado por lavado de dinero

  Por Milenio

Publicado el domingo, 1 de febrero del 2026 a las 11:18


Nació en 1966 y quedó huérfano a temprana edad; construyó una de las mayores fortunas de su generación.

Ciudad de México.- Roman Abramovich vuelve a estar en el centro de la conversación global no por el fútbol ni por el lujo, sino por el dinero, no por cuánto tiene, sino por cómo se movió, dónde terminó y por qué hoy está siendo revisado, Investigaciones por presunto lavado de dinero, activos congelados por miles de millones de dólares y bancos europeos bajo escrutinio han vuelto a poner su nombre en los titulares. No hay condena, pero sí una pregunta que persiste: ¿de dónde viene realmente la fortuna de uno de los hombres más discretos y poderosos de las últimas décadas?

Abramovich ha pasado buena parte de su vida intentando no llamar la atención, no concede entrevistas, rara vez aparece en público y ha construido su imagen sobre el silencio, sin embargo, el dinero deja rastro, y cuando se mueve rápido, deja aún más.

Hoy, ese rastro es el que siguen autoridades financieras en Europa, especialmente en la isla de Jersey y en Alemania, donde operaciones vinculadas a su red empresarial están siendo revisadas bajo sospecha de lavado de dinero.

Perfil

Roman Abramovich nació en 1966 en la entonces Unión Soviética y su historia personal comenzó marcada por la pérdida. Su madre murió cuando él apenas tenía 18 meses, a causa de una infección grave en la sangre, y su padre falleció poco después, en un accidente laboral en una obra de construcción. Huérfano antes de cumplir los cuatro años, Abramovich quedó al cuidado de familiares, principalmente de su tío, quien se hizo cargo de su crianza. No tuvo una infancia privilegiada ni creció rodeado de influencias políticas o económicas; su formación estuvo lejos del poder que más tarde llegaría a concentrar.

En los últimos años de la Unión Soviética, Abramovich comenzó con negocios modestos y casi improvisados, pues desde un pequeño departamento en Moscú vendía juguetes de plástico y refacciones automotrices, no eran empresas grandes ni visibles, pero le dieron algo más valioso que diniero: experiencia para moverse en un entorno incierto.

La venta del Chelsea destapó el rastro del dinero.
La venta del Chelsea destapó el rastro del dinero. Foto: Especial.

Cuando llegó la Perestroika y el viejo régimen empezó a desmoronarse, Abramovich entendió antes que otros que el Estado dejaría de controlar sectores enteros de la economía. En medio del caos de las privatizaciones y la falta de supervisión clara, dio el salto hacia negocios más ambiciosos, primero en el transporte y después en el petróleo, el sector que terminaría por cambiar su destino llamado Sibneft.

A mediados de los 90, cuando él apenas tenia 29 años, participó en la adquisición de la compañía en un proceso de subastas que años más tarde sería calificado incluso por sus propios abogados como “fácil de amañar. Abramovich terminó controlando la empresa con una inversión mínima frente a su valor real. Años después, vendió su participación al Estado ruso por alrededor de 13 mil millones de dólares. Ese fue el dinero que lo cambió todo.

Desde entonces, su fortuna creció con una velocidad difícil de explicar sin el contexto político de la Rusia de aquella época. Abramovich no fue un empresario aislado: mantuvo una relación cercana con el poder, primero durante el gobierno de Boris Yeltsin y después bajo la presidencia deVladimir Putin.  A diferencia de otros oligarcas que cayeron en desgracia, él logró mantenerse a flote, discreto, alineado y fuera del foco.

Con el dinero llegó la internacionalización. Abramovich diversificó inversiones, adquirió participaciones industriales, propiedades de lujo, obras de arte y una flota de yates y aeronaves privadas valuadas en cientos de millones de dólares. Pero el movimiento que lo volvió una figura pública global fue la compra del Chelsea Football Club  en 2003. En Londres encontró algo más que un negocio: encontró legitimidad.

Durante casi veinte años, Abramovich transformó al Chelsea en una potencia deportiva, pues invirtió más de 2 mil millones de dólares en fichajes, entrenadores e infraestructura.

Ganó todos los títulos posibles y se convirtió, para los aficionados, en un benefactor. Para el resto del mundo, en un símbolo del dinero ruso entrando sin freno al fútbol europeo.

El sistema financiero occidental lo aceptó, los gobiernos lo toleraron y las ligas lo celebraron, sin embargo todo cambió en 2022. La invasión rusa a Ucrania alteró por completo el tablero. Abramovich fue sancionado por Reino Unido y la Unión Europea debido a su cercanía histórica con el Kremlin. Sus activos fueron congelados y se vio obligado a vender el Chelsea.

La venta del club, por más de cuatro mil millones de dólares, dejó al descubierto un problema mayor: el dinero quedó atrapado. Más de 2 mil 500 millones de libras permanecen congeladas bajo la condición de ser destinadas a ayuda humanitaria. Desde entonces, Abramovich libra una batalla legal sobre el destino de esos fondos.

Pero el frente más delicado no está en el fútbol, si no en las finanzas, pues en Jersey, las autoridades mantienen una investigación penal abierta para determinar si parte de su riqueza pasó por estructuras diseñadas para ocultar su origen. Más de 7 mil millones de dólares siguen congelados mientras los tribunales revisan operaciones históricas. Abramovich ha intentado frenar el proceso sin éxito y ha denunciado motivaciones políticas.

En paralelo, fiscales alemanes allanaron oficinas del Deutsche Bank en una investigación sobre posibles fallas en los controles contra el lavado de dinero en transacciones relacionadas con compañías vinculadas a Abramovich

Autoridades revisan el origen de la fortuna del oligarca ruso.
Autoridades revisan el origen de la fortuna del oligarca ruso. Foto: Especial.

Abramovich vive una paradoja, sigue siendo multimillonario, con una fortuna estimada en más de 8 mil millones de dólares, pero buena parte de ese dinero está inmovilizado. No puede disponer libremente de sus activos, su movilidad es limitada y su nombre se ha convertido en sinónimo de dinero bajo sospecha.

Bienes

Aunque una parte significativa de su patrimonio permanece congelada por sanciones internacionales, Roman Abramovich mantiene una fortuna considerable invertida en bienes de lujo, particularmente en yates, propiedades y activos móviles de alto valor.

Flota de yates: Abramovich es conocido por haber sido uno de los mayores propietarios privados de yates del mundo, su embarcación más emblemática fue el Eclipse, valuado en alrededor de 500 millones de dólares, considerado durante años el yate privado más grande del planeta. Contaba con dos helipuertos, sistema antimisiles, submarino privado y capacidad para más de setenta tripulantes.

Además del Eclipse, fue propietario de yates como el Solaris, con un valor estimado de 450 millones de dólares, diseñado para viajes de larga distancia y equipado con tecnología de última generación. VariaMs de estas embarcaciones quedaron inmovilizadas en puertos europeos tras la imposición de sanciones.

Propiedades inmobiliarias: Abramovich ha invertido miles de millones de dólares en bienes raíces en ciudades como Londres, Nueva York y destinos exclusivos del Mediterráneo. Su portafolio llegó a incluir mansiones, departamentos de lujo y residencias valuadas individualmente entre 50 y 150 millones de dólares.

El empresario también cuenta con aeronaves privadas, pues a su patrimonio se suman aeronaves de uso personal, como un Boeing 787 Dreamliner adaptado para vuelos privados, con un valor estimado de 350 millones de dólares, y un jet Gulfstream G650ER, valuado en alrededor de sesenta millones de dólares.

Roman Abramovich enfrenta investigaciones financieras en Europa.
Roman Abramovich enfrenta investigaciones financieras en Europa. Foto: Especial.

Valor total de activos de lujo: Antes de las sanciones, el valor conjunto de sus yates, aeronaves y propiedades superaba los 2 mil millones de dólares, una parte clave de su riqueza global.

Estas posesiones, aunque hoy sujetas a restricciones, reflejan el tamaño y la sofisticación de una fortuna construida durante décadas y que sigue siendo objeto de atención por parte de autoridades financieras internacionales.

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