Noticias

Publicado el miércoles, 4 de enero del 2023 a las 14:13
Monterrey, NL.- Desde hace cinco meses, Rebeca, de 10 años, acude quincenalmente a sesiones en un rancho en Linares donde interactúa con burros: Camina a su lado, los cepilla, los alimenta, conversa con ellos y a veces se sube a su lomo.
Su madre, Araceli Salas, asegura que estas actividades han beneficiado a su hija, diagnosticada con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
“Ella batalla mucho para concentrarse, para estar enfocada en una actividad, se distrae muy fácil”, comenta la madre.
“Sí veo que puede concentrarse un poquito más que antes, siento que presta atención un poco más. Su comprensión se va incrementando”.
Rebeca es una de las 17 personas, entre niños y adultos, que actualmente participan en un proyecto de investigación que busca validar científicamente la asinoterapia o asnoterapia, un tipo de terapia con burros que hasta hoy no es reconocida.
El estudio es liderado en Linares por el especialista en educación Azael Cortés Dueñas y la psicóloga Virginia Flores, quienes iniciaron las pruebas a inicios del 2022 y ya concluyeron dos de las terceras etapas que componen la investigación.
Hasta ahora, afirma Cortés Dueñas, han encontrado beneficios de la terapia, principalmente en pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA), quienes mejoran su capacidad para relacionarse con los demás, una de las áreas en las que se ven afectados.
“La mejora que notan los papás es que el niño, al salir de ahí, empieza a interactuar con ellos y empieza a interactuar, inclusive, con otros niños”, indica.
El uso de burros como terapia es un tema de debate mundial y existen pocos estudios al respecto.
Desde hace años, se sabe que la equinoterapia puede beneficiar a quienes viven con condiciones del espectro autista, déficit de atención, síndrome Down y parálisis cerebral. Sin embargo, sólo está certificada con el uso de caballos, no de burros.
El objetivo de los investigadores es validar a estos animales para que más personas tengan acceso a este tipo de tratamientos, pues las intervenciones con caballos suelen tener un costo elevado debido al mantenimiento del animal.
Pablo, un niño de 8 años diagnosticado con autismo y retraso en el desarrollo, comenzó a hablar y a interactuar más desde que empezó estas terapias.
“Ya dice oraciones, pide cosas, se deja que lo agarre, socializa con más gente”, dice su mamá Silvia Muñiz.
A partir de los beneficios que los padres han visto en sus hijos, indica Cortés Dueñas, más personas se han enterado e interesado en llevar a sus hijos. Asisten pacientes de la zona metropolitana y tienen una lista de espera.
Además, el Municipio de Linares y el DIF municipal mostraron su interés en colaborar.
La última fase de la investigación comienza en enero y durará seis meses.
Notas Relacionadas
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2