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Publicado el lunes, 6 de abril del 2009 a las 15:00
Piedras Negras, Coah. – “Estoy muy contento ya tengo mi carrito para vender mis dulces y poder apoyarme para caminar”, indica don Marquitos, de 78 años de edad.
Don Marcos Navarro y Casío, de quien se diera a conocer su historia en la publicación titulada “La ingratitud de la sangre” con fecha del 23 de marzo en Zócalo, ahora se desplaza con más ánimos.
El originario de Guanajuato y que decidiera pasar sus últimos años de vida en Piedras Negras ante el abandono de sus hijos que radican en Monterrey, Nuevo León, expresa su agradecimiento:
“Gracias a Zócalo, a lo que salió en Zócalo, el señor Alfredo Rocha Nuncio me buscó para regalarme este carrito”, expresa emocionado.
El carrito color blanco está perfecto para don Marquitos quien dice que ahora sí puede caminar mejor y ya no se cansa como antes.
“Estuve casi un mes cargando una canastilla para ir a vender dulces, ya no es lo mismo de antes, ya uno no tiene tantas fuerzas”, indica.
“Todavía me duele la espalda de lo que me lastimaba andar cargando la canastilla y el pescuezo, pero no había de otra, tenía que trabajar”, añade el señor con una sonrisa.
Se encuentra a las afueras del Hospital General y es ahí donde ofrece por las tardes sus dulces a quienes angustiados van al nosocomio por alguna enfermedad o accidente.
Con sus dulces, don Marquitos les hace que el momento sea menos terrible y que puedan calmarse un poco.
Don Marcos destaca que en Piedras Negras se ha sentido muy bien, ya lleva más de un mes en esta frontera norte y la gente lo ha tratado con mucha amabilidad.
La soledad y la tristeza en la que se veía envuelto don Marquitos al ser rechazado por sus hijos, poco a poco va perdiendo fuerza.
Sus días se han tornado en días de trabajo, con muchas ganas de seguir adelante y demostrarle con su gran ejemplo a las nuevas generaciones esa gran fortaleza de roble que le permite vencer obstáculos y adversidades.
Don Marcos no se queja por la crisis, ni pide dinero, el sólo quiere continuar trabajando para que el alimento no le falte.
El señor Alfredo Rocha Nuncio, el hombre que tuviera esa sensibilidad y ese sentimiento de solidaridad al ayudar a don Marcos con un carrito, también le ayudó con algunos alimentos.
“Me trajo una despensa también y la verdad estoy muy agradecido con él”, expresa don Marquitos.
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