Piedras Negras

Publicado el domingo, 1 de marzo del 2026 a las 04:07
Piedras Negras, Coahuila.- “Cada día tiene su sentido, su propósito y su afán, por pequeño que sea, hay que encontrar la forma de resolverlo… busca y resuelve tu propósito hoy”, fue uno de los últimos mensajes que escribió Abel Ayala Flores en el hospital.
Hijo de José Abel Ayala Rodríguez y Juanita Esperanza Flores de Ayala, nació en San Buenaventura, Coahuila, el 21 de septiembre de 1962.
Fue el mayor de sus hermanos Gladys y Adrián; estudió Contaduría Pública y Finanzas en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, de donde egresó con mención honorífica y como líder de su generación en 1983, año en el que comenzó a colaborar en la empresa Altos Hornos de México.
A la edad de 24 años, ocupó su primer puesto como gerente de control de planta en la empresa minera y después de 1991 que AHMSA fue adquirida por la familia Ancira, su capacidad lo llevó a ser nombrado director de finanzas y administración.
“ En enero de 1995 fue designado como director de financiamiento corporativo de Altos Hornos, en la Ciudad de México, de donde se trasladó a Piedras Negras en septiembre de 2000, para estar al frente como director de finanzas de Micare hasta el cierre de la empresa”, compartió su esposa Gloria Villegas de Flores.
A su compañera de vida y madre de sus hijos trillizos, Diego, Santiago y Regina, la conoció en 1987, comenzaron a salir en 1989 para casarse dos años después, un 18 de mayo de 1991 y compartir un matrimonio durante más de 34 años.
Como padre fue bastante protector, así lo describe su hijo Diego y “cercano en la parte emocional”.
“ Desde que estábamos chicos, siempre al pendiente de las tareas, fueron raras las veces que yo y mis hermanos faltamos a clases, en su trabajo fue igual tanto en Micare, como en sus negocios, incluso en los últimos años que ya no tenía más que sus responsabilidades personales, que combinaban con su gusto por la ganadería”.
“ Como familia no sabemos como lograba ser tan versátil, sólo veíamos como se levantaba todos los días a las cinco de la mañana y regresaba a las siete u ocho de la noche”, recordó Diego.
“ Siempre estuvo para su familia, tanto conmigo como con nuestros hijos, sus hermanos, cuñados, sus amigos y con la comunidad en general esa era su forma de vida”, añadió su esposa.
Como un hombre convenido de sus ideales y una persona de fe inquebrantable, que creía mucho en Dios, es como lo recuerdan sus hijos.
Sabía que había sido muy bendecido en su vida y creía firmemente que, si uno recibe tanto debe repartirlo con los demás y entregar de la misma manera y de forma desinteresada.
“No se fijaba a quién ayudaba sino en tener la oportunidad de poder hacerlo siempre, fuera poco o mucho, no solo en dinero o en especie, también en tiempo. Mi papá valoraba mucho el valor de una palabra, le gustaba dar palabras de aliento y consejos a otras personas”.
En su mensaje durante la misa dedicada en la Iglesia de San Juan en memoria de Abel Ayala Flores, -que dejó de existir el 19 de febrero-, su hijo Diego expresó ante los presentes que, aunque algunas personas le han dicho a la familia que su partida deja un vacío en el corazón, prefieren decir que no.
“ A nombre de la familia Ayala Villegas y Ayala Flores, agradecemos por acompañarnos en estos momentos y a mi papá a lo largo de su vida, nos llena de paz y tranquilidad ver reunidas a tantas personas que él quiso y con quien compartió vivencias a lo largo de los años”.
Señaló que muchos lo conocieron como contador, otros como presidente y algunos lo llamaban Abel.
“ Para nosotros fue padre, hermano, primo o tío, con mis hermanos tuvimos la alegría y bendición de llamarlo papá y mi madre tuvo la fortuna de llamarlo esposo, veo esta iglesia y no puedo dejar de pensar que es un reflejo de lo que fue su vida, llena de personas que él quería, pero sobre todo de personas que él disfrutaba querer”.
Recordó que, en vida su padre nunca supo decir que no mucho menos cuando se trataba de ayudar.
“ Creía profundamente que si las bendiciones llegaban con creces había que compartirlas de la misma manera, siempre estuvo ahí para todos para tender la mano, para dar un consejo para ofrecer una palabra de aliento o un abrazo, siempre se caracterizó por su caridad y por luchar por lo que consideraba justo”.
Como profesionista y empresario, Abel Ayala Flores, transitó en una vida plagada de compromisos y aficiones, gustaba caminar distancias largas, gustaba de la tauromaquia, de distintos deportes sin ser muy fanático, además era un apasionado de los caballos y la genética.
Además de presidir la Unión Ganadera de su ciudad natal, en donde fue socio desde hace 30 años, presidió la Unión ganadera regional de Coahuila, compaginó sus actividades con otras como miembro del Consejo universidad empresa, fue presidente de Canacintra y del Consejo de fomento económico del municipio en Piedras Negras.
“ Fue de los fundadores Expo-ganadera de San Buenaventura y en lo social, siempre estuvo abierto a tender la mano, mucho tiempo estuvo en el patronato del Seminario en donde siempre apoyó en proyectos e impulsaba en lo que podía para atraer más vocaciones, también formó parte del patronato de Omina desde que se creó hasta fechas recientes en diferentes, además de ser socio por más de 40 años del Club leones de San Buenaventura.
“ Se siente su ausencia en la rutina, en la mesa de siempre, sin embargo, en nosotros queda su amor desde el principio hasta el final, por eso no nos quedamos con un corazón vacío sino lleno de amor, hoy nos deja físicamente pero su manera de pensar de vivir y el legado dejan una huella imborrable en cada uno de nosotros y esa huella nos acompañará siempre”.
“ Sin duda vamos a extrañarlo profundamente pero como dijo mi hermana él ya está en donde todos queremos estar, agradecemos por el legado que nos deja, su testimonio, ejemplo, fe inquebrantable y su manera tan generosa de vivir se queda con nosotros, confiamos en que algún día nos volveremos a encontrar”.
A las amistades que han cosechado en Piedras Negras, Diego, expresó un agradecimiento en nombre de su familia, por siempre hacerlos sentir en casa.
“ Después de más de 25 años en Piedras Negras, aquí se convirtió un lugar que papá eligió y amo, en donde vivió y nosotros también, gracias de corazón por su cariño, su amistad y por hacernos sentir parte de esta gran ciudad gracias por acompañarnos y estar con nosotros en este momento tan importante”.
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