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Publicado el sábado, 11 de julio del 2026 a las 14:27
Saltillo, Coah.— Entre memorias, palabras íntimas y el eco de una vida marcada por la cultura y la política, este sábado se llevó a cabo un homenaje luctuoso en la Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Santiago en honor al ex gobernador de Coahuila, Óscar Flores Tapia, a 28 años de su fallecimiento.
El ex mandatario estatal murió el 11 de marzo del año 1998, dejando tras de sí no sólo una trayectoria política, sino un legado profundamente ligado al periodismo, la literatura y el impulso cultural en la entidad.
El acto fue encabezado por su hija, Rosa del Tepeyac Flores Dávila, quien destacó que más allá del político, el homenaje buscó recordar al ser humano.
“ Mi padre antes de ser político fue un promotor cultural muy importante, escritor, poeta, creador de muchas iniciativas. Por ejemplo, de la asociación de Periodistas y escritores de Saltillo. a los cuales después que fue gobernador toda una colonia tenía mucho respeto por el trabajo del periodista, él mismo era un periodista, no dejó de publicar hasta casi unos meses antes de que falleció”, compartió.
Flores Tapia gobernó Coahuila de 1975 a 1981, tras una carrera que incluyó cargos como senador de la República. Durante su administración impulsó proyectos culturales y educativos, además de mantener siempre un vínculo cercano con los medios de comunicación, sector al que perteneció desde sus inicios.
Su hija recordó también la faceta más humana de quien fuera uno de los personajes más influyentes de la política local: un hombre de origen humilde, que en su infancia limpiaba tumbas en el mismo panteón donde hoy descansan sus restos.
“ Mi padre fue hijo natural, creció con muchas carencias… venía aquí a lavar las tumbas para ayudar a su madre. Por eso creo que este lugar también es muy significativo para él”, relató.
Lejos del protocolo político, el homenaje se desarrolló en un ambiente cercano, donde amigos, conocidos y asistentes compartieron recuerdos y anécdotas de quien, incluso en el poder, mantuvo una relación directa con la gente.
Entre los recuerdos más entrañables, Rosa del Tepeyac evocó la sencillez de su padre en la vida cotidiana.
“ Nos boleaba los zapatos, nos hacía el desayuno… sentaba a los trabajadores a la mesa. Era un hombre muy cercano al pueblo. A él le decían Óscar pero con el tiempo se convisrtió en don Óscar”, dijo.
También rememoró cómo fomentó en su familia el hábito de la lectura, llevándolos cada domingo a comprar cuentos y periódicos, una práctica que reflejaba su pasión por las letras.
El homenaje contó con la participación de asistentes que conocieron de cerca al ex gobernador, confirmando que, más allá de los cargos, su legado permanece en la memoria colectiva como un hombre completo: político, escritor y, sobre todo, cercano a su gente.
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