Internacional
Por
AP
Publicado el viernes, 23 de enero del 2009 a las 22:44
Laurel, Misisipí.- El trabajo es durísimo. Hora tras hora de pie, soldando y poniendo tornillos hasta que el sudor se mezcla con lágrimas de dolor por los calambres en las manos.
Incluso con la pesadilla económica actual, muy poca gente está dispuesta a someterse al tormento que representan turnos agotadores de 12 horas por un sueldo bruto de 280 dólares a la semana.
El condado rural de Jones, donde se encuentra Laurel, es una excepción y hay abundantes postulantes para los empleos que ofrece Howard Industries, la empresa más grande de la zona, dedicada a la fabricación de transformadores eléctricos y otros equipos, en una planta rodeada por una cerca con alambres de púas.
Plantas como esta ofrecen salarios de subsistencia a quienes están dispuestos a soportar los rigores de estos trabajos. Y a veces, por esos puestos se pelean los más desposeídos.
Durante mucho tiempo, Howard empleó mayormente a negros y blancos de extracción pobre en esta ciudad de 18.000 habitantes, en la que el 30% de la población vive en la pobreza.
En años recientes comenzaron a llegar inmigrantes hispanos dispuestos a hacer el trabajo sin quejarse por los turnos largos y dispuestos a hacer cualquier tarea. Pronto les siguieron sus familiares, hasta cambiar la composición racial de la comunidad. Además de muchos negros y algunos blancos, empezaron a verse abundantes mestizos latinoamericanos.
Y entre negros y bancos germinó el resentimiento, dando lugar a una inusual alianza en un sitio que tuvo su cuota de problemas raciales. Ahora, hasta el Ku Klux Klan puso la mira en los hispanos más que en los negros.
Numerosos negros y blancos se quejaron de que los hispanos se estaban apoderando de la ciudad y quedándose con los trabajos, sin quejarse de las condiciones laborales en una planta que en el 2008 pagó 193.000 dólares en multas por irregularidades.
Se cree que un trabajador sindicalizado llamó al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el cual hizo la redada más grande jamás realizada en el país a mediados del año pasado.
Casi 600 hispanos fueron detenidos, ante aplausos y expresiones de júbilo de los empleados negros y blancos.
“Adiós”, gritaron algunos. “Vuélvanse al sitio de donde vinieron”.
La planta emplea hoy mayormente negros y a un puñado de blancos, que ganan lo mismo que percibían los hispanos. No hay un convenio colectivo de trabajo desde agosto y los trabajadores y la patronal están enfrascados en una áspera negociación en torno a salarios y condiciones laborales.
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