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| Doña Regina era un ser invisible que transitaba entre nosotros, era un personaje del paisaje urbano de una ciudad.

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Regina, una vida llena de miserias; fallece la indigente eterna de saltillo

  Por Luis Durón

Publicado el sábado, 10 de septiembre del 2022 a las 04:00


Conocida como 'La señora de las muletas’, vivió en el abandono y la indiferencia de la sociedad

Saltillo, Coah.- Doña Regina, “La señora de las muletas”, vivía entre la locura y el abandono. Nadie la veía, nadie la quería ver. Era conocida por muchos, pero apoyada por aquellos pocos que le regalaban un plato de comida, una botella con agua o unas monedas. 

Doña Regina era un ser invisible que transitaba entre nosotros, era un personaje del paisaje urbano de una ciudad que se acerca al millón de habitantes, por lo que representaba menos del 1% de nuestra sociedad, pero aun así, pertenecía a ella y era el reflejo de la decadencia del ser humano. 

La historia de doña Regina se concentra en una mujer que recorría los bulevares de Saltillo, inmersa en su realidad, que llegó a Saltillo a bordo de una camioneta manejada por “chamacos”, al menos eso es lo que daba a entender a aquel que se lo preguntara. Se la pasaba tirada sobre la banqueta, con el muñón de su pierna amputada cobijado por el vestido raído que llevaba puesto. 

Doña Regina se decía originaria de Aguascalientes, alguna vez mencionó que esperaba a una “gente”, tal vez a su hijo, tal vez a su esposo, nunca lo aclaró. Mujer, piel de bronce, pelo chino, lo llevaba corto, su cara estaba llena de surcos que denotaban la edad que tenía, no aparentaba más de 60 años, pero ella decía que tenía 89. 

Vivía a la intemperie, las paradas de autobuses y los puentes vehiculares eran su hogar, era reconocida entre la ciudadanía como “La señora de las muletas”, siempre enojada, eran pocos los que se acercaban y le daban una moneda o un billete. 

Una mañana cualquiera se le podía ver tirada sobre la banqueta, le gritaba a alguien que solo existe en su mente. Ella platicaba que tres chamacos la trajeron a Saltillo en una camioneta, uno de ellos asesinó al otro y por eso ella huyó, porque les tenía miedo. 

Ahí pasaba la vida doña Regina tomando una, dos, tres y hasta cuatro botellas antes de ir a dormir, antes de que acabara su día, un día más esperando a que ese alguien llegara, pero la alcanzó primero la muerte. 

Este viernes acabó la historia de doña Regina, murió allí, en una banqueta, esa que usaba como cama, cerca de la Central, donde a diario se le veía pidiendo una moneda, entre los carros, apoyada con sus muletas, porque le faltaba una pierna. 

Doña Regina murió en la manifestación más grande de la miseria humana, el olvido. A ella nadie le llorará, nadie va a rezar por su descanso, su cuerpo yacerá 45 días en los refrigeradores del Semefo, a la espera de que alguien llegue y la reclame como su familia, pero eso no pasará, es muy difícil que eso suceda, dicen las autoridades.

Después, sus restos serán inhumados en una fosa común, junto con otros olvidados, a los que nadie les llora, a los que nadie recuerda, doña Regina no tendrá una velación, su féretro será una bolsa de plástico y no habrá flores en su tumba, una tumba compartida. 

 

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