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Regreso a clases un nuevo comienzo

  Por Redacción

Publicado el lunes, 24 de agosto del 2015 a las 14:01


Zócalo Saltillo recopila historias que dan un distinto punto de vista del reinicio de actividades escolares

Saltillo, Coah.- Zócalo Saltillo recopila historias que dan un distinto punto de vista del reinicio de actividades escolares, desde aquellas de increíble superación pese a las carencias, hasta aquellas que muy pocos conocen y que, no obstante, muestran otra cara de la educación

La escuela, esperanza para un mejor futuro

Maestras, doctoras y hasta astronautas quieren ser cuando sean grandes. Britany Nallely y Dulce Fabiola, dos amigas que buscan superar la difícil situación económica en las que viven actualmente, y que a pesar de no tener lo necesario para este regreso a clases, saben que sólo estudiando pueden salir adelante.

Una mochila usada, tres cuadernos profesionales de 90 hojas, una caja de plastilina y varios colores usados es lo que tienen las mejores amigas para iniciar el ciclo escolar 2015-2016; pese a ello, las jovencitas, que van a cuarto de primaria, están ansiosas de regresar a las aulas.

La emoción invade su rostro al saber que regresarán a los salones, pues quieren aprender, desean superarse y poder salir de la miseria en la que ahora viven junto a más de 300 niños que habitan los tejabanes de Fundadores Quinto Sector.

En el caso de Britany Nallely Hernández Contreras, el uniforme será el del año pasado, no le avergüenza que las mangas de la camisa de gala apenas sobresalgan del codo, que la falda le quede rabona y el resorte le apriete el estómago.

Reconoce que calzará los zapatos del diario, esos de brillitos dorados que le donó una comunidad cristiana; los escolares, requeridos por el plantel, para ella son un lujo que su mamá, ante la carencia de un empleo fijo, no puede proporcionarle.

Para Dulce Fabiola Rodríguez Martínez el panorama pinta igual. Su mamá enfermó gravemente durante las vacaciones; el sueldo de su papá, mil pesos por semana, se fue en las consultas y en pagar las deudas adquiridas.

De la lista entregada antes de concluir el ciclo escolar, Dulce Fabiola aún no tiene nada, pero eso no le preocupa. Con seguridad dice estar lista para aprender, aunque su estómago le reclame el alimento del día, pues platica que sus padres no tienen dinero para poner el lonche que le piden en la escuela.

Britany Nallely y Dulce Fabiola ya se hicieron nuevamente a la idea, como todos los años, de levantarse temprano, comer huevo con frijoles (cuando haya), e irse caminando cerca de 10 cuadras hasta la escuela Alfonso Reyes para aprender, pues saben que sólo eso las sacará adelante.

CARENCIAS QUE LIMITAN

Hoy lunes, en Fundadores Quinto Sector, más de 300 niños regresarán a clases sin lo indispensable para estudiar. Entre los 250 pesos requeridos como cuota escolar, los uniformes y la despensa sana, los padres de familia se sienten estresados.

Durante las vacaciones quisieron comprar poco a poco los artículos escolares, sin embargo, los gastos diarios no les permitieron prepararse.

En promedio, los papás de este sector ganan entre 700 y mil pesos a la semana, cantidad que, dicen, es insuficiente para salir avante en los gastos del hogar.

Quienes habitan en este sector agradecen a los que acuden a la zona y les llevan ropa, zapatos, mochilas en buen estado y útiles a medio usar, pues estos artículos permiten que los niños continúen en las aulas.

En la colonia, unos terminan su primaria y muy pocos ingresan a secundaria. El ánimo merma al ver las carencias que enfrentan; otros, como Britany y Dulce, aseguran que no permitirán que la pobreza les afecte y sueñan con que cuando sean grandes puedan trabajar en un hospital, dar clases en una escuela o hasta visitar la Luna. (Yadira Leos).

Una alumna que no conoce límites

Ailín Estefany Márquez Martínez no es una niña convencional, pues además de sus clases regulares de la escuela, practica la natación y asiste a la Asociación Vida y Autismo, donde recibe terapias para mejorar sus habilidades para socializar.

Ailín fue detectada con espectro autista a los 2 y medio años, cuando comenzó a tener dificultades de lenguaje en la guardería, en la que su madre, Angélica Berenice Martínez Sosa, la inscribió durante las mañanas para que aprendiera a comunicarse.

“Ahí estuvo en la guardería hasta que entró a preescolar, pensamos que ahí pudiera haber algún problema, pero la verdad es que no. Después la cambiamos al colegio Los Pinos para que tuviera una educación un poco más rígida”, señala su madre Angélica.

El reto comenzó hace algunos meses, cuando los padres de Ailín comenzaron a buscar una escuela primaria que se adaptara a sus necesidades educativas, y que al mismo tiempo le permitieran desarrollarse como cualquier otra niña de su edad.

En uno de esos intentos, Angélica acudió a la escuela Alberto del Canto, donde Ailín fue entrevistada por cinco especialistas del plantel, así como por quien sería su maestra titular, con buenos resultados. Sin embargo, una de sus rabietas, características en los niños con autismo, terminó por ser el detonante para no ser aceptada en la institución.

“Ella quería ir con los demás niños que estaban jugando, pero no conoce las reglas de la escuela y me dijeron que me iban a llamar. A los pocos días me llaman para decirme que Ailín no fue aceptada, y la razón que me dieron fue que no tenían personal capacitado para atenderla, cuando fue entrevistada por cinco especialistas y en la escuela hay otros niños con autismo”, reveló.

Aunque la respuesta por parte de esta escuela fue negativa, la madre de Ailín no perdió las esperanzas y siguió buscando una primaria adecuada para su hija. Fue entonces cuando se contactó con el mismo colegio Los Pinos, donde la aceptarían con el apoyo de una maestra “sombra”.

Dijo que aunque la niña ya cuenta con un lugar para cursar la primaria, ahora deberá enfrentarse a diferentes situaciones, como el simple hecho de socializar con otros niños. (ADRIÁN GALINDO).

Profesora que forja excelencia

Desde que tenía 6 años, Nancy Jazmín Flores Martínez jugaba a ser maestra. Luchó por sus sueños y está por cumplir 12 años frente a grupo.

Su mayor satisfacción es inculcar en sus alumnos el valor de la superación, pues por tres años consecutivos ha llevado a estudiantes de la escuela Benito Juárez a visitar al presidente Enrique Peña Nieto.

Para lograr sus metas, Nancy Jazmín tuvo que ser fuerte y una luchadora incansable, ese mismo sello ahora lo busca imprimir en los jovencitos de sexto año, grado escolar que imparte desde hace siete periodos escolares en la mencionada escuela, ubicada en el fraccionamiento Europa.

Está consciente de que en la imaginación se trazan los castillos y en la vida real se construyen, y eso busca inculcar a sus alumnos.

Llevar a los alumnos por tercera ocasión hasta Los Pinos gracias a los altos porcentajes obtenidos en la Olimpiada del Conocimiento, le ha ganado varios reconocimientos estatales y federales.

Pero para ella el que más importa es el abrazo de sus alumnos y la gratitud de los padres, pues, dice, ver cómo los ojos de sus alumnos se alegran y emocionan cuando se les anuncia que viajarán a la Ciudad de México, vale oro.

“Estoy muy contenta, es el tercer ciclo escolar consecutivo que mandamos niños a la Ciudad de México; este logro no sólo es mío, es un largo proceso que se lleva desde el primer año”.

Dice que no podría definir el hecho de ser maestra, porque para Nancy ser responsable de un grupo quiere decir que tendrá que ser amiga, psicóloga, confidente, mamá y autoridad. (YADIRA LEOS).

Tres amigos, una misma formación

Rogelio, Emiliano y Josué se preparan para ir a la escuela. Rogelio, de 12 años, ya va a la secundaria, pero Emiliano, de 7, y Josué, de 5, compartirán salón de clases, como Emiliano lo hizo con Rogelio el año pasado.

En el ejido Mesa de las Tablas solamente hay un salón por cada escuela, y no por falta de edificios, sino porque la población de niños de primaria solamente asciende a 36 estudiantes. Todos cursarán su respectivo grado académico en el mismo salón de clases.

La mayoría de los niños va a la secundaria. Otros más decidieron probar suerte en el EMSaD, de reciente creación en el ejido.

Terminaron las vacaciones para los tres amigos y hoy regresan a clases, y aunque cada uno recibirá las materias conforme a su grado, seguirán compartiendo espacios.

“Pasé a tercero”, dice Emiliano, el niño más despierto del grupo. “Me gustan mucho las matemáticas, pero quiero ser beisbolista cuando sea grande, quiero jugar con los Sultanes”, dice, pero afirma que con los Sultanes de Mesa de las Tablas.

Los niños llegan en punto de las 8 de la mañana a la escuela, donde son recibidos por un solo maestro, quien igual es director y docente de la Escuela Primaria Ignacio Zaragoza.

Rogelio es el más serio de los tres amigos. “El Güerejo”, como le dicen de cariño, también quiere ser beisbolista. Su mirada revela la realidad en la que viven. Sabe que un día tendrá que trabajar la tierra al igual que todos los hombres que habitan la comunidad.

Rogelio, Emiliano y Josué tendrán las mismas clases que los niños que habitan en la ciudad, pero alejados de cualquier lujo y sin mayor herramienta tecnológica que un lápiz y un cuaderno. (ADRIÁN GALINDO).

Maestras ‘sombra’, educación infiltrada

Más allá del apoyo escolar que se le pueda brindar a un niño con discapacidad o de lento aprendizaje, existe una nueva tendencia educativa que ha comenzado a cobrar fuerza en las ciudades más grandes de México, y que desde hace poco más de cinco años tiene presencia en Saltillo.

Se trata de las maestras “sombra”, nombradas así por el sigilo con el que deben trabajar dentro del salón de clases, junto al maestro regular, los demás estudiantes y su pupilo con necesidades especiales de aprendizaje.

Los alumnos de las maestras “sombra” suelen ser niños que ingresan a la educación básica, principalmente preescolar y primaria, que requieren de algún material escolar adecuado a su condición, pues generalmente son estudiantes con autismo, síndrome de Down, o bien, discapacidades intelectuales, auditivas, visuales o motrices.

“La maestra ‘sombra’ es un apoyo para los maestros regulares, se dedica exclusivamente a trabajar con alumnos con necesidades especiales, nosotras estamos en contacto con los maestros regulares para apoyar al alumno, haciendo adecuaciones curriculares y entablando una comunicación con ellos y con los alumnos”, declaró Cinthia Garza Badillo, maestra “sombra” desde hace dos años y medio.

“Debemos tener los mismos objetivos académicos que tiene el maestro regular, pues trabajamos con niños con necesidades educativas especiales, con o sin discapacidad, para que se integren a una escuela regular, que tenga un mismo trato y que su asistencia sea por el mismo motivo que el resto de sus compañeros”, agregó.

Este modelo educativo es mayormente utilizado en escuelas o colegios particulares, o bien, en instituciones que no cuentan con un maestro especializado en niños con necesidades educativas
diferentes.

Sin embargo, debido a que todavía no es común la inclusión de una alternativa como la maestra “sombra”, estas instituciones privadas se muestran renuentes a recibir, por un lado, a los estudiantes con discapacidad, aunque ello refiera un acto de discriminación, y por otro, a la maestra especialista.

“Ellos piensan que vamos a interrumpir sus clases o que vamos a distraer a los demás niños, la verdad es que antes de que inicia el ciclo solicitamos una reunión con los maestros titulares para presentarnos, informar de nuestras funciones y sobre todo solicitar los contenidos para adaptarlos a nuestro alumno”, explicó.

GUÍAS, NO NIÑERAS

Las maestras “sombra” son profesionales en la educación especial, generalmente egresadas de instituciones como la Normal Regional o especializadas en la materia o en alguna rama de la psicología, pues además de enseñar una clase, la maestra tiene que tener los conocimientos necesarios sobre la discapacidad de su estudiante, y de la mejor manera de impartirle un aprendizaje.

“Nosotras únicamente guiamos el proceso normal de aprendizaje del niño, estamos adentro del salón de clases, tomamos nota de lo que pide el maestro regular y lo adaptamos a nuestro estudiante, dependiendo de sus necesidades. Si el niño está viendo sumas, pues nosotros adaptamos el tema de manera más comprensible para él o ella, que pueda participar en la clase, obviamente sin interferir directamente en la clase”, declaró la profesora Georgina Rodríguez Valdez.

“En mi caso yo atiendo a un niño autista, voy a la escuela con él, lo acompaño durante toda la jornada escolar y apoyo todas las actividades que la maestra le ponga. Mi trabajo es que este niño esté lo más integrado e incluido posible”, agregó.

Las maestras “sombra” también pueden capacitar a los maestros regulares para que puedan tratar con el alumno sin complicaciones, así como a sus compañeros de clase, ya que los niños con necesidades educativas especiales suelen ser víctimas de acoso escolar o burlas por parte de sus compañeros, que lejos de fomentar la inclusión, les perjudica en su proceso. (ADRIÁN GALINDO).

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