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Por
Camelia Muñoz
Publicado el viernes, 12 de marzo del 2010 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Aunado a la realidad de tener que enfrentarse diariamente a una diálisis, la insuficiencia renal no sólo merma la calidad de vida de quien la padece sino hasta llegan a sufrir de discriminación laboral, porque pese a estar en edad productiva difícilmente pueden ser contratados para cubrir una jornada de trabajo normal.
Tal es el caso del ingeniero Sergio Olvera López, quien al complicarse su enfermedad se trasladó de Piedras Negras a Saltillo para seguir con su familia, pero permanece sin empleo.
La insuficiencia renal sobrevino dos años después de que fue operado a corazón abierto, hace una década, y los medicamentos le provocaron esas reacciones que ahora lo mantienen como parte de la lista de espera de más de 6 mil personas que requieren de un riñón.
“Cómo cambia la vida, primero por la inactividad porque se debe disponer de un tiempo a diario para la diálisis y uno está amarrado a un horario porque se requieren de nueve horas para el tratamiento y ya no puede contar uno con un trabajo”, expresa.
Sin embargo, afirma que en su caso está dispuesto a que se le establezcan diferentes horarios de trabajo, por la necesidad de empleo que le urge para la manutención de su hogar y los estudios de sus dos hijos.
“No sé de qué manera nos podrían ayudar a las personas que tenemos este tipo de problemas”, dice y reitera que no hay empresas que puedan entender del tiempo que los enfermos requieren a diario para su atención y seguir activos.
Olvera López manifiesta que hay muchos casos como el de él, quienes saben que aún pueden seguir laborando por su capacidad intelectual, pero físicamente se ven imposibilitados para hacerlo.
Afirma que no quiere que le regalen las cosas, pero es necesario que autoridades y empresas buscaran la manera de apoyar a personas que como él, que sufriendo por enfermedades irreversibles no tienen forma de subsistir económicamente.
Destacó que deben procurarse campañas de concientización para promover la donación cadavérica o anónima de persona viva, ante la demanda de órganos que hay en el país.
“Pueden pasar a lo mejor más de dos años para que se encuentre un donador, porque me acaban de aceptar como parte de esa lista de espera”, puntualizó.
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