Saltillo

Publicado el miércoles, 1 de abril del 2026 a las 16:59
Saltillo, Coah.- Lo que comenzó como la preocupación silenciosa de vecinos terminó por revelar una historia marcada por el abandono, la negligencia y una serie de alertas que, durante meses, no lograron detener el deterioro en la vida de un niño de apenas 7 años.
Se trata de Keileth “N”, quien habitaba en un domicilio marcado con el número 811 de la calle Francisco Javier Mina, en el barrio de Santa Anita, en la zona centro de Saltillo.
En ese punto, un recorrido periodístico permitió documentar las condiciones en las que creció el menor: un entorno donde el cuidado no provenía de su familia directa, sino de la solidaridad de quienes vivían a su alrededor.
Nancy “N”, de 28 años de edad, es señalada como la madre que lo dejó en abandono; de acuerdo con testimonios recabados, el niño era cuidado de manera intermitente por una vecina que vive frente a su domicilio, quien lo resguardaba diariamente en un horario aproximado de 5:30 de la mañana a 19:00 horas, debido a que tanto la madre como la abuela laboraban.
Con el paso del tiempo, la situación se agravó, la mujer comenzó a detectar señales preocupantes: el menor llegaba descalzo, sin aseo, sin haber ingerido alimentos y con evidentes signos de maltrato, aún así, fue ella quien, sin obligación alguna, le brindó alimento, refugio y algo que en casa parecía ausente: atención y afecto.
Las alertas no se limitaron al entorno vecinal, pues en la escuela primaria Juan Enrique Pestalozzi, donde el menor cursaba sus estudios, el personal docente había detectado múltiples focos rojos.
De manera constante, los maestros observaron condiciones de descuido, conductas inusuales y episodios reiterados de pérdida de control de esfínteres, lo que encendió preocupaciones mayores al tratarse de un posible indicador de situaciones más graves.
En diversas ocasiones, la madre fue citada por la institución educativa sin que acudiera a los llamados, por lo que, ante la evidente omisión de cuidados, el caso comenzó a escalar hasta llegar a instancias de protección infantil.
La intervención se concretó la tarde de este martes, cuando autoridades de la Procuraduría de los Niños, las Niñas y la Familia aseguraron al menor en el domicilio donde era cuidado por su vecina.
La acción se detonó luego de que el niño protagonizara conductas inapropiadas con algunos de sus compañeros dentro del aula, situación que encendió una alerta inmediata.
Durante su resguardo, el menor relató episodios de violencia física y maltrato constante por parte de su madre, además de referir que frecuentemente no era alimentado.
Vecinos confirmaron que era común verlo pidiendo dinero o comida en la calle, así como llorando al exterior de la vecindad, expuesto al frío, luego de ser sacado de la vivienda para que su madre permaneciera a solas con su pareja.
De manera extraoficial, se dio a conocer que el menor narró un episodio particularmente delicado, en el que tuvo acceso a contenido íntimo de su madre y su pareja, situación que derivó en un castigo severo, obligándolo a permanecer hincado durante un periodo prolongado como forma de reprimenda.
El abandono se formalizó cuando Nancy informó a la vecina que requeriría su apoyo durante una semana completa, las 24 horas del día, ya que viajaría a Chiapas junto a su pareja, de origen hondureño, para realizar un trámite migratorio, sin embargo, llegada la fecha acordada, la mujer no regresó a la ciudad y únicamente se comunicó para solicitar que el menor continuara bajo resguardo.
Este no era un caso aislado, pues de acuerdo con información obtenida de manera extra oficial, la PRONNIF ya tenía antecedentes del menor, quien en repetidas ocasiones fue dejado al exterior de la escuela tras su salida a las 13:00 horas, permaneciendo en espera hasta después de las 15:00 horas, sin supervisión, hasta que su madre acudía por él.
Tras su aseguramiento, el niño fue puesto bajo resguardo institucional, no obstante, de manera provisional, fue entregado a un sobrino de la madre, quien acudió la tarde del miércoles a las instalaciones de la dependencia para realizar los trámites correspondientes y ofrecerse como red de apoyo.
En medio de la negligencia, el pequeño, carente de amor y cuidados básicos, encontró algo de consuelo en quienes no estaban obligados a dárselo: vecinos y, especialmente, la mujer que lo resguardó, se convirtieron en su refugio, brindándole alimento, protección y un mínimo de estabilidad emocional.
Habitantes del sector exigieron a las autoridades una investigación profunda y exhaustiva, al considerar que existen elementos suficientes para presumir la posible comisión de delitos en agravio del menor.
Con información de Brenda Basaldúa
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