¿Saben esa frase que dice “el respeto se gana”? Pues bien, en el tema del tránsito, parece que algunos lo entienden al revés. En Saltillo, la capital coahuilense, los policías preventivos municipales andan siempre al pie del cañón para hacer cumplir el reglamento de tránsito.
Están más atentos que un halcón, multando a diestra y siniestra por cosas que, bueno, todos sabemos que son importantes, como es el no usar el cinturón de seguridad, agarrar el celular mientras manejas, ignorar los semáforos en rojo, pisar los carriles peatonales o pasarte de velocidad.
Y no solo ahí, sino que, en ciudades como Torreón, Piedras Negras y Monclova que son las más pobladas del estado también pasa algo similar. Es como si fueran los guardianes absolutos del orden vial, al menos eso es lo que se cree.
Pero esperen, porque la historia no termina ahí, y es donde se pone interesante… o frustrante, dependiendo de cómo lo vean. Sino me falla la memoria una vez, hace un par de años, que iba caminando por el centro de Saltillo, cerca de la Alameda, y vi a un oficial en su patrulla pasar volando sin ni siquiera abrocharse el cinturón. Me quedé pensando: “¿Y este?…¿no era él quien acababa de multar a un chavo por lo mismo?”.
Esas son las cosas que te hacen cuestionar todo. Porque, vean ustedes, la controversia surge justo cuando miramos del otro lado del espejo. Esos mismos policías, que exigen el cumplimiento estricto a los ciudadanos, parecen olvidarse de las reglas cuando les toca a ellos.
Hablo de los que van en patrullas, motocicletas o bicicletas andan zigzagueando entre el tráfico con una agilidad que da envidia, pero también miedo.
Por solo menciona en Saltillo, es el colmo que los patrulleros en moto actúan peor que toreros en una plaza, cambiando de carril sin aviso, metiéndose entre autos y exponiéndose a accidentes que, Dios no quiera, podrían ser fatales.
Y los “policletos”, esos en bici, no se quedan atrás; se las arreglan para hacer malabares en el asfalto que uno dice: “¡Vaya, qué valentía… o qué imprudencia!”.
Pero lo peor, les digo con toda sinceridad, es cuando invaden los carriles peatonales. Y lo digo para quienes sí caminamos porque hay quienes quieren estacionarse en la puerta del negocio o trabajo, pero el clásico peatonal como usted lector que va caminando tranquilo, con sus bolsas del mercado o apurado al trabajo, y de pronto tiene que esquivar una patrulla o una moto policial que se estaciona justo en el paso de cebra.
Te obligan a dar la vuelta, a salirte al arroyo vehicular, y ahí sí, el riesgo de que un carro te pase por encima es real. ¿No les parece irónico? Los que deberían protegernos terminan poniéndonos en peligro. Y no crean que exagero; he visto escenas así más de una vez.
Una anécdota rápida, el otro día, en una de esas avenidas principales como el bulevar Venustiano Carranza, un ciudadano valiente, porque hay que serlo para confrontarlos, le dijo a un oficial: “¿Por qué no usa el cinturón, si usted multa por eso?”.
El policía se puso rojo como tomate, molesto, y le contesto molesto algo como, “…usted no es nadie para decirme qué hacer”. Lo anterior también me hizo algo similar que hizo mi señor padre que en paz descansa, pero en su camioneta solamente se emparejó y bajó el vidrio y le dijo lo mismo…y lo mismo le respondió el agente tránsito.
Ahí está el problema en carne viva. Se encienden como energúmenos, en lugar de reflexionar un momento y decir; “tiene razón, disculpe”. Esas reacciones dejan un mal sabor de boca, y hacen que uno piense en esa vieja expresión: “Farol de la calle, oscuridad en la casa”.
Predican el respeto a la ley, pero no lo practican. Ahora, para ser justos, no todo es malo. Según datos recientes del INEGI, en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de enero de 2026, la Policía Municipal de Saltillo se posiciona como la cuarta más efectiva del país y la séptima en confianza.
Eso significa que han reducido delitos como robos a casa en un 43% del 2024 al 2025, y hasta los homicidios bajaron de 28 a 15 casos, con resolución total. Impresionante, ¿no?; pero aquí viene mi reflexión.
Toda esa efectividad general no borra las quejas cotidianas sobre su conducta en el tránsito. Es como si tuvieran un lado brillante en lo macro, pero en lo micro, en el día a día con la gente, fallan en dar el ejemplo. Y eso, erosiona la confianza poco a poco.
Alguna vez han considerado, ¿cómo esperan que los ciudadanos respetemos las normas si los encargados de velar por ellas las ignoran?. Es un círculo vicioso.
En Torreón, por ejemplo, he oído historias similares de policías en moto que corren como locos sin casco; bueno, con casco, pero sin respetar límites. Lo mismo en Piedras Negras, donde el tráfico fronterizo ya es caótico de por sí, y los oficiales agregan más desorden al invadir pasos peatonales.
Monclova no se salva; allá, con su industria pesada, los camiones y autos compiten por espacio, y los policías en bici a veces parecen parte del problema en lugar de la solución.
No es solo un mal de Saltillo, no; se ha extendido como un cáncer por otros municipios coahuilenses. Es un problema sistémico, uno que los jefes policiales podrían arreglar si se enfocaran en capacitar mejor a su gente.
Hablemos de soluciones, porque criticar sin proponer es fácil, pero no ayuda. Imaginen si se invirtiera más en talleres de capacitación, no solo en tácticas de persecución o manejo de armas, sino en ética vial. Cosas simples: “Primero respeta tú para que te respeten”.
En mi experiencia, cuando un líder da el ejemplo, el equipo lo sigue. Recuerdo un programa que vi en noticias locales, donde en algunos estados como Nuevo León han implementado cursos obligatorios para policías sobre seguridad vial, y ha bajado la percepción de hipocresía. ¿Por qué no hacer lo mismo aquí en Coahuila? Según el gobierno estatal, en 2025 se destinaron recursos para mejorar la policía, y me quedo con la duda ese dinero también se destina capacitaciones para evitar a elementos que no respetan el mismo reglamento de tránsito.
Al final del día, lo deseable es que todos estemos en la misma página. Los policías, con su autoridad, deberían ser los primeros en abrocharse el cinturón, en no usar el celular al volante, en respetar semáforos y carriles. Solo así pueden exigir lo mismo a nosotros, los ciudadanos, y aplicar multas sin que suene a doble moral.
Porque, vean, si ellos cumplen celosamente, las sanciones económicas a los infractores serían justas, no resentidas. Es cuestión de construir respeto mutuo, como en una conversación civilizada: tú das, yo doy.
Pero mientras tanto, en las calles de Coahuila, sigue esta danza incongruente. Uno espera que los jefes policiacos inculquen esa cultura como es el respetar para ser respetado, es un sentido común. Y si no, ¿qué mensaje les estamos mandando a las nuevas generaciones?, es decir, que las reglas son para unos sí y para otros no. Eso no construye una sociedad mejor. En fin, les dejo esta reflexión para que la mastiquen un rato. ¿Ustedes qué piensan? (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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