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Por
Luis Lemini
Publicado el miércoles, 7 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Muchos las visualizan como personas frías y carentes de sentimientos, pero es ella la que no claudica cuando se trata de servir a los demás y ser el apoyo más cercano para los familiares en los momentos de crisis, convirtiéndose en un punto de equilibrio.
“He sido testigo de la felicidad cuando llega una vida nueva, pero también me ha tocado sufrir cuando una vida se va”, comenta Rocío del Carmen Rivera Gutiérrez, quien desde hace 14 años labora en el Hospital Universitario de Saltillo.
Su vocación estaba decidida cuando terminó sus estudios de preparatoria. Sabía que debía prestar sus servicios a la comunidad y la manera más reconfortable para ella fue involucrándose en las áreas de la salud, ingresando así a la Escuela de Enfermería de la UAdeC.
En busca de una oportunidad, Rocío del Carmen luchó por ingresar al Hospital Universitario para realizar su servicio social, sin pensar que años después se convertiría en la encargada de la Unidad de Cuidados Intensivos en el área de enfermería de ese mismo lugar.
Los festejos de Navidad de 1997 le hicieron reiterar su compromiso con la salud.
“Era un 24 de diciembre y estábamos a punto de servir la cena y hacer nuestro festejo en el hospital, muy a nuestra manera, debido a que la noche había estado tranquila”.
No obstante la noche sería distinta para el personal de guardia de ese entonces.
“Teníamos un paciente que de pronto se empezó a poner mal. Interrumpimos la cena y nos fuimos todos para atenderlo. Terminamos hasta las 3 de la mañana, pero lo más gratificante fue pasar la Navidad trabajando y saber que habíamos tenido éxito porque el paciente se pudo estabilizar”.
“No somos insensibles”, sentencia mientras en su cabeza llega el recuerdo de aquellos que tienen esa imagen de la enfermera. “Pero no podemos ponernos a llorar junto con el paciente o con los familiares, tenemos que guardar nuestros sentimientos para que la gente se tranquilice y las cosas no salgan de control”.
Es ella la que se encuentra al pendiente de los pacientes y quien ve con satisfacción su evolución. “Sabemos valorar el tiempo, porque un minuto es vital para el progreso de cualquier persona, o puede ser la causa de las secuelas que se puedan generar en los pacientes, por eso nos dedicamos al 100 por ciento a la concentración”.
Es por eso que su papel de madre y esposa queda “guardado” cuando atraviesa la puerta del hospital. “En mi trabajo me olvido de mis problemas porque sé que en este lugar existe una cantidad infinita de problemas que también se deben resolver y que la gente nada tiene que ver con los míos”.
No obstante, sus hijos de 3 y 6 años no le reprochan. Incluso, este último le ha comentado que en el futuro le gustaría ser enfermero o doctor, pues se ha contagiado por el servicio humanitario que se presta con esta profesión, al cuidado de la salud.
Rocío del Carmen se convirtió en pocos años en la supervisora de las enfermeras y hoy es la coordinadora del área de enseñanza de enfermería en el hospital, en donde se involucran los estudiantes.
En el marco del Día de la Enfermera, ella se siente orgullosa de portar el uniforme y seguir formando parte del equipo de aquellos que velan por la salud de las personas. “Soy una profesionista de la salud y mi compromiso sigue redoblándose todos los días por el bienestar de los pacientes”.
En breve
“No podemos ponernos a llorar junto con el paciente o con los familiares. Tenemos que guardar nuestros sentimientos para que la gente se tranquilice y las cosas no salgan de control”. En breve
» Rocío del Carmen tiene 14 años como enfermera.
Rocío del Carmen Rivera Gutiérrez
Enfermera
» Fue la encargada de cuidados intensivos, la supervisora de enfermeras.
» Hoy se desempeña como la coordinadora de enseñanza del área de enfermería del HUS.
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